Ruta del Pariakaka. La Reserva

Eso de NOR-YAUYOS-COCHAS, me suena mal. Los guiones, las palabras recortadas. Ni por asomo reseña toda la belleza, toda la poesía, la biodiversidad y la riqueza.  Además,  esa denominación excluye a Laraos y Carania. Yo la hubiera llamado Reserva del Guarco, por el nombre original del río que la vertebra toda. Pero así se hubiera obviado la vertiente oriental, la del pequeño pero valioso río Cochas cuya cuenca también tiene lo suyo en valor paisajístico, cultural y biológico.

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Entonces, solo queda la otra opción: Reserva del Pariakaka. Se entiende que al visitante ligero de Huancaya y sus encantadores puentecillos coloniales esta denominación le parezca forzada, pero para el que llega a conocer lo esencial, la omnipresencia del Apu va más allá de lo evidente desde que se penetra un poco más allá de Cochas y se ve su cara oriental dominando el panorama y, si no dando origen, sí tributando primariamente al mentado río Cochas. Una vez traspuesto el abra Shacshaq hacia Tanta y su despliegue escénico –núcleo y esencia de la Reserva- el Pariakaka se muestra permanentemente en todo su esplendor desde diversos ángulos y determina el paisaje.

Y aunque la gloriosa visión de despedida de su pirámide sur, apenas 3 kms antes de descender a Huancaya desde Vilca baste para completar la evidencia, más allá de ella está el hecho de que una parte fundamental de las aguas del Guarco o Alto Cañete proviene del Apu mayor, que le tributa en su margen izquierda por Huachipampa y Mullucocha. Pero hay algo más: Mucho  tiempo después que la naciente del Guarco – el Nevado Ticlla- se haya deshielado, al Pariakaka aún le quedará nieve suficiente para  ser la naciente ulterior del gran río. Por eso, se debería llamar Reserva del Pariakaka. Pero, en fin, allá los burócratas.

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Otra cosa es la categorización: está bien Reserva, aunque ella debería ser solo el buffer de dos Unidades de Conservación, el Parque Nacional de la Cordilleras Picchahuacra y Llongote, núcleo de la Reserva, y el Santuario Nacional del Pariakaka dos áreas que como así gozarían de la intangibilidad que se merecen. Porque eso de Reserva Paisajística como que queda medio debilón. Después de todo, el paisaje está íntimamente relacionado con la belleza y esta, como sabemos, es subjetiva. Y así, alguien podría alegar que un lindo paisaje puede ser antrópico posmoderno y entonces metámosle mano y hagamos más megarrepresas, más carreteras, metámosle más cemento para embellecerla más. Como si en el paisaje no existieran en su fauna de venados, tarucas, la singular y en peligro de extinción raza de vicuñas del Llongote, pumas y gato andino, en su ubicua y muy variada avifauna, hasta en la exótica población de truchas, argumentos más que suficientes para hacerla Reserva de fauna      

 La Obra

Esta se la tenían bien guardada. Cuando se habla de Platanal, se habla de una megarrepresa en cierto punto entre el Medio y Bajo Cañete. Pero son 3 represas: de abajoarriba, Platanal propiamente dicha, en las puertas del valle, luego una segunda represa por el km 90 y algo, en el Medio Cañete y, por último, la que para el caso nos interesa más, la represa de Paucarcocha, a 4100msnsm (+ ó – ) en la jurisdicción de Tanta, en pleno corazón de la mentada Reserva Paisajística. Para los que conocimos la zona en su estado prístino, nos tienta calificar la obra como un desastre ambiental así a secas, cosa que ciertamente es, pero como nos creemos ambientalistas, tratamos de ser objetivos, y, por eso, es necesario analizar los pros y los contras. El pro es uno solo, grande, y supera a los contras: es evidente que una obra así es indispensable y de interés nacional, ya sea desde el punto de vista energético o de almacenamiento de agua.  En cierto modo, no se le puede hacer un mejor homenaje a nuestros nevados que guardando su agua para la posteridad.

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Vista así, la represa puede considerarse una digna continuación de la obra legendaria de Pariacaca, Huallallo Carhuincho y demás, los originales manejadores de esas aguas  Yendo al extremo, hasta el hecho de que el material,  incluso el capital con el que se construye la represa provenga de las canteras  de Lomas de Pucará  en Pachacamac  tan relacionadas  con esas leyendas, es algo muy simbólico desde diferentes puntos de vista. En fin, el beneficio social potencial de la obra supera ampliamente los costos ambientales y sociales potenciales y por lo tanto se justifica. Concretamente, viendo a ojo de pájaro la parte arquitectónica de la obra, parecería que se está adecuando su estética al entorno, de modo que la pared de la represa como que imita a las represas naturales más conspicuas aguas abajo. Digo aparentemente, puede ser un deseo o una impresión mía, y si lo fuera, pues bueno, que cojan la idea para poder cumplir con la ley.

Yendo al impacto ambiental y social de la obra, aunque ya dijimos que son inferiores al bien común generado, eso no quiere decir que no se deban minimizar con igual esfuerzo. Ya contaremos sobre el impacto social. En cuanto a lo ambiental, más allá de esa aparente voluntad de minimización escénica, es obvio que el EIA, si existe, ha obviado cuestiones fundamentales. Para citar solo una, no se explica porqué al alterar el curso del Guarco no se toma en cuenta su rica piscifauna y se deja perder varada su buena de tonelada de trucha tan solo en el tiempo que permanecimos aquí. Ni hablar de la evidente desorientación de la avifauna, que antes encontraba en la extensa pampa de Paucarcocha -hoy invadida de camiones y maquinaria, convertida en cantera-  sus campos de alimentación, descanso, apareamiento. En fin, impactos subsanables donde hubiera la legítima intención de minimizarlos, pero con estos modernos EIAs a gusto y medida del cliente, permítasenos la sana duda.

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A otro orden de cosas pertenece la cuestión del manejo del agua almacenada. Aunque es posible que nunca lo hayamos visitado tan avanzado el estiaje y el Guarco  presentaba un caudal superficial aparentemente sano que cualquier río de la vertiente del Pacífico envidiaría, nunca encontramos el Tragadero tan seco. Lo mismo para las cascadas. Al preguntar en Vilca y  Huancaya, aunque parecían no darle importancia pese a haberlo notado, lo atribuyeron a la estación, pero en más de un caso, reflexionando un poco, algunos no dudaron en reconocer que tal vez este año estaba más seco que otros y en ese caso no les cupo duda de que la causa era la represa. Y ello es esperable.

Terminada la base de la obra, no existe motivo para creer que el control del agua  recién empezará una vez culminada la obra y es más que probable que ya esté la laguna embalsada y el Guarco haya dejado de ostentar su caudal natural.  Y he aquí el punto. Los más antiguos conflictos del territorio andino se han dado entre los posesionarios de las fuentes de agua y los usuarios de ella en sus cursos inferiores. De hecho, gran parte de la mitología local, nacional, narra estos conflictos épicos que hoy persisten y que en el futuro más  probable se agudizarán. Por lo tanto el manejo de los recursos acuíferos es política de Estado que no se debe dejar en manos de concesionarios e intereses privados. Particularmente el Alto Cañete, por el volumen de agua involucrado en el contexto del derretimiento de los glaciares tiene un alto valor estratégico por su potencial de abastecimiento a los emporios agrícolas y urbanos de la costa de Cañete. Por eso no creemos que se le deba dejar el manejo de ese recurso a intereses privados, mucho menos a CELEPSA, brazo de Cementos Lima, cuyo criterio socio ambiental es notorio en la destrucción de otro recurso acuífero y de protección del valle como lo son las Lomas de Pucará y la zona reservada de El Lúcumo en Pachacámac. También genera justa desconfianza la presencia de Graña y Montero, cuyo papel en sonadas pero oscuras negociaciones sobre importantes inmuebles del Estado nos hacen dudar de la confluencia entre los intereses de la Nación y su propio interés. Yendo más allá, no creemos que nuestra clase empresarial esté preparada para manejar desde sus propias fuentes este recurso estratégico.

La población local es consciente del conflicto que puede crearse y ya se pregunta en voz alta y disconforme cómo será la cuestión de la posesión y el manejo del agua. También le queda claro que a pesar del tamaño de la obra, el buen manejo de su comunidad ganadera camélida ha sido más efectivo en términos de desarrollo que la vecindad de la represa y ellos es visible en sus sistemas de estabulado, piscigranjas, posta médica, escuelas, parques de juegos, microreservas suburbanas, y otros que no tuvimos ocasión de visitar esta vez. En cuanto a las relaciones empresas-comunidad, un suceso inesperado nos enseñó que a situación dista mucho de un idilio. 

 Incidente en Tanta

Esa mañana amanecí mal de altura. Ni tarde ni temprano. Y eso que la noche no fue tan mala, salvo la aparición de un par de impertinentes que se metieron hasta nuestra habitación, buscando a otro borracho como ellos, después de aporrear la puerta del telo como media hora. Pero al levantarme siento un estupor, esta tremenda pesadez corporal, mucha hambre y este pedrón en el estómago que no deja entrar nada. Pero hay que alimentarse, así que voy al restaurante de la plaza y pido un chilcano de trucha que resulta ser un cabal chupe. Justo lo que necesitaba, pero no me entra. Como de otro mundo, de otro tiempo, alguien perifonea que por favor devuelvan el parabrisas que encontraron seguramente al lado de la combi que trajo la alcaldesa como parte del séquito funerario de su madre, que volvió finadita para ser enterrada en Tanta. Qué gracioso –pienso- parte de la resaca del velorio, de hecho aurita aparece el vidrio. Vao a tratar de ingerir otra cucharada de chupe. En eso se aparece Nicolini montado en una cleta que no es la suya. Me pregunta a su manera pausada, recatada, introducida:

 -Yuri, buenos días, ¿tú no tienes mi cleta?

 El malestar desapareció como por un baldazo del agua local. Alerta total. Habíamos dejado las naves en el patio del hospedaje al que llegamos a media tarde de ayer. Primero toqué la puerta en El Yauyinito, nadie abría, y como en la otra cuadra se veía El Tanteñito opté por lo que parecía más local y al rato estábamos instalados en la fracción de estrella que nos correspondía por 8 soles, las bcs en el patio del local. Ahí las habíamos dejado toda la noche, confiados en la inocencia de gente que ya no lo era más. Dije que debía haber algún error, que de repente el señor la había guardado, lo que sea, peguntemos, vao a ver.  Vimos, preguntamos, revisamos un poco el telo, el dueño no estaba, sí la tía, Julia, una colorada -se hacía la ona pero estaba con los pelos de punta y ya había abandonado sus quehaceres normales para empezar su propia indagación- se mostró colaboradora pero no lo bastante interesada para lo esperable de la responsable. Nada, la cleta, la Yeti full equipo de más de 3 lucas no estaba, no queríamos realizar el concepto: nos la han robado!  Y ahora?  La memoria, la noche anterior, a atar cabos. Los visitantes de la madrugada. No eran locales.  Se habían metido, huascas, hasta nuestro tocuar buscando a un tal Ponce, había oído yo;  Nicolini había visto, de espaldas, un chaleco corporativo o algo, hasta podría recordar un rostro.  Fuimos a buscar a las autoridades. En el camino nos encontramos con el dueño y el chofer de la combi robada que nos contaron que el robo central no había sido la luna perifoneada, sino su equipo de sonido, para lo cual habían desmontado y dejado a un lado el parabrisas, que había sido hurtado luego en la mañana. Ellos ya tenían a sus sospechosos y todo, eran los empleados de la obra que habían hecho anoche una visita clandestina a Tanta en dos o hasta tres camionetas de “la empresa” para chupar y joder, cometido que al parecer  habían alcanzado plenamente. Ellos ya habían denunciado al Gobernador, quien ya se encontraba haciendo pesquisas. Ahora, nos dijeron, había que buscar al representante de CELEPSA, encargado de relaciones comunales, que se encontraba por el pueblo. Lo encontramos y tuvimos que subrayarle un poco su responsabilidad en el asunto, pero apenas entendió, la asumió. Por lo demás, nuestras sospechas y los indicios estaban fundados en el hecho público, notorio y comprobado de la mentada visita clandestina. Se comunicó con el campamento, unos 4 kms carretera abajo el pueblo, que de inmediato envió una camioneta con un funcionario a averiguar.

 Mientras tanto, nos dirigimos con los otros agraviados a hacer la denuncia donde el joven Gobernador, que cumplió con los trámites de rigor. Por otro lado, compartió con entusiasmo la teoría de que los choros  eran afuerinos y no tanteñitos. Aunque su actitud no nos pareció de lo más enérgica, ofreció dedicarse personalmente a las pesquisas en el pueblo mientras nosotros lo hacíamos en el campamento.  Allí nos llevaron y allí nos entrevistamos con algo de la plana mayor de la obra, varios jóvenes profesionales que ocupaban cargos como administrador del campo, jefe de seguridad, jefe de nosecuantos. Juntos nos aseguraron que ya habían avisado a los retenes en la carretera, harían las investigaciones y que de ser el o los autores trabajadores de la obra la cosa sería resuelta. Sin embargo, no estaban tan seguros como yo, a pesar de los indicios expuestos, de que el o los autores fueran sus empleados. Nos quitamos bien atendidos en apariencia no sin mencionarles que teníamos conocidos en el directorio de la empresa y que si esto se divulgaba sería  publicidad inconveniente para la imagen de la misma.

 Regresados al pueblo, ya el tema se había convertido en el suceso del año y en los corrillos habituales en estos pueblos no se hablaba de otra cosa y se especulaba con los autores tanto como con las circunstancias del robo y el destino del cuerpo del delito. Regresamos donde el gobernador, que nos pergeñó el  procedimiento a seguir: en compañía del fiscal –que resultó ser el dueño del Tanteñito – iría al campamento a solicitar oficialmente la presentación de las personas implicadas y, de comprobarse la participación de alguna de ellas, solicitar su entrega para el esclarecimiento oficial del caso. Como no había que descartar la posibilidad de que los autores fueran locales, mientras tanto nos encargó por favor buscar al juez para que autorice una requisa casa por casa. Así se cubrirían todas las posibilidades. Por lo demás, al estar la población alerta, ya el correo de brujas se había echado a andar para cumplir su papel en la rectificación del entuerto.  El problema fue que cuando por fin dimos con el juez, este se encontraba borracho perdido y nos informó que tendríamos que esperar que terminen las exequias (hasta dos días) para que él pudiera cumplir con su labor.

 Así, topados con este obstáculo burocrático nos dedicamos, en vista de su falta de seguridad, a migrar del Tanteñito al Yauyinito.  Este resultó ser mucho más acogedor, amplio, limpio y ordenado que aquel. El motivo de que no me atendieran el día anterior fue que, si  bien el cartel está ubicado en lo que parece la fachada principal, si uno toca la puerta en ella, nadie atiende porque da a un depósito y normalmente no hay nadie en él. Lo que se toca, nos informó la encantadora propietaria, mucho mayor –una saludable anciana- que la del otro hospedaje, es el portón del zaguán y al toque te atienden. Me apliqué algunos cabezazos en la pared por no haber sido un poco más insistente.  Cuando la doñita se enteró de los detalles de nuestro predicamento, nos enteró de algunos detalles como anteriores “pérdidas” sufridos por diversos ocupantes del Tanteñito.  También nos aclaró algo que, a nuestro entender, dábamos por perdido, el hecho de que para ella, tanto como para el pueblo, quedaba claro que los responsables de la pérdida eran los dueños del Tanteñito, con mayor razón siendo uno de ellos el fiscal, de modo que la restitución de la bc la garantizaba el pueblo a través de sus autoridades.

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De hecho, aunque para nosotros no fuera tan evidente, ya todos ellos, dueños y autoridades se encontraban en continua pesquisa, interrogando a las cantinas, recopilando testimonios, chismes, teorías. Esto me tranquilizó algo pero no a Nicolini quien, a partir de entonces, simplemente se echó en cama a desfallecer, a pesar de que le di mi seguridad de que la cleta aparecería, que teníamos como 10 días para buscarla pero lo mas probable era que apareciera en los 3 primeros días, y de estos 3, a las 24 primeras horas, que eran fundamentales para el éxito de la investigación. Mi, al parecer, exagerado optimismo tenía un base concreta: era muy difícil que la nave se encontraba en algún lugar entre el pueblo y el campamento a no más de 500 metros a ambos lados de la carretera, que en gran parte se encuentra orillas de la laguna. Aunque cuevas, matorrales, estancias temporales y otros complicaban el asunto, no era imposible batir la zona en unos días. Esto siempre asumiendo la hipótesis preferencial del o los autores afuerinos.  De ser local el o los autores, la cosa se complicaba y podía estar la cleta fondeada en alguna de las 100 o más casas del pueblo o, peor aún, camino a alguna remota estancia cordillerana.

Esto lo pensaba mientras daba una vuelta por el pueblo evaluando la probable requisa y tratando de ganarme algo del chismorreo general, que se acallaba ni bien me ponía al alcance. Cuando regresé al Yauyinito, la dueña me esperaba con novedades. Al rato mandó llamar a La Abuelita, una ancianita preciosa, la adivina del pueblo, a que me las cuente de primera mano. Resulta que la dueña del Tanteñito la había consultado para ayudar a esclarecer el robo y, al leer las hojas, la abuelita había visto la bc escondida dentro del propio telo. Espantada, la colorada la había despachado reclamándole que cómo era posible que la señalara a ella que era la que la estaba contratando y que consultaría a otro adivino más connotado, según ella,  a quien simplemente había que llamar por teléfono a San Mateo. Amoscada, la abuelita se retiró, no sin contar la cosa en el Yauyinito. Así que me recomendó que procediéramos a nuestra propia requisa y que encontraríamos la cleta fondeada bajo algunos pellejos de carnero. Con que saqué a Nicolini por un rato de su marasmo y fuimos al Tanteñito. 

Allí recién tomé conciencia de lo complicada que iba a resultar la probable requisa general.  Dos plantas, tres zaguanes, no menos de 20 habitaciones, sótanos, buhardillas, algunos más oscuros que la noche y repletos de cachivaches que harían las delicias de un coleccionista de antigüedades, esqueletos completos, con charqui y todo, de carnero y camélidos guardados para la hambruna, ruecas, lana por toneladas, cientos de pellejos hacían de una búsqueda medianamente meticulosa una cuestión de días. No me quería imaginar lo que significaría multiplicar esa labor por 100 o más. No encontramos nada, así que nos regresamos, Nicolini a seguir languideciendo mientras rumiaba la confirmación de sus prejuicios contra todo lo andino; yo, a seguir coordinando con el gobernador y moverse.  Así pasó esa mañana atroz. Como a mediodía me busca la tía del Tanteñito a decirme que a su adivino ya se le había dado el encargo telefónico y que estaba leyendo pero que ya tenía un identi-kit del autor del robo que coincidía nada menos que conmigo. Y me lo dijo con la mayor naturalidad, como si me estuviera describiendo a una tercera persona. Por supuesto salté y le previne que la lectura de su brujo sea más efectiva y si no que ya vaya viendo cómo me iba a pagar la bicla. 

En la tarde, estuve recorriendo el pueblo tratando de motivar a los jóvenes a hacer un chaco recompensado. La recepción fue buena, pero de las conversaciones con la gente saqué que a no era Tanta un sitio tan tranquilo como cuando lo conocí. Me hablaron de abigeos oportunistas, pandilleros en el pueblo y gente de mala reputación en general. O sea tal vez, después de todo, las probabilidades de que fuera algún local el autor no eran tan escasas y eso implicaba la  imposible requisa y/o que la cleta ya estuviera camino al mercado vía alguna de las cordilleras que rodean a Tanta. Desalentador panorama y, si la bc no aparecía mañana, el aborto de la expedición excepto para mí, que tendría que continuar el itinerario hasta Yauyos, que es donde corresponde la denuncia, mientras los otros dos, de regreso a Lima, se iban a Jauja a que era por donde más probablemente saldría la merca robada, a dar el aviso a la policía del camino. A esto se sumaba la presencia de Mateíto, el camioncito ropavejero que suele recorrer periódicamente todo Yauyos en busca de la más variada cachina, conforme reza el graciosísimo floro que repiten a lo largo del día para animar a los poblanos a sacar a trueque o venta los fierroviejos y antiguallas que difícilmente podrá agotar un ropavejero mensual. Nos inquietaba Mateíto porque sin duda sus amigables tripulantes huancas estarían bien dispuestos a incluir entre sus objetos de trueque una fina bc sin preguntar mucho sobre su procedencia. Debo decir en su favor, sin embargo, que no fue así y que su alegre itinerario coincidió casi exactamente con el nuestro y no dejaron nunca de ser una buena compañía.

Con semejante perspectiva y sin las prometidas noticias del campamento esa tarde, la desesperanza de esa noche nos llevó a ver como sospechoso hasta al joven médico del MINSA. Menos absurdo fue el interrogatorio a las dos escort ladies que ocupaban el Tanteñito y donde supimos que eran visitadas por algunos empleados del campamento y sin duda tenían que ver con la visita de la noche anterior.  Había un nuevo y certero dato, además. Al alba, alguien, saliendo del pueblo por la carretera, había sido rebasado por una bici montada por un desconocido que apenas llegaba a los pedales. Fue frustrante no poder llegar a ese alguien, pero la información persistía y era tomada por cierta por todos los interrogados   Seguramente, a juzgar por su conversación,  esa noche Nicolini ya había decidido abandonar el mtb y todo lo que tuviera que ver con bicicletas.  A primera hora de la mañana siguiente, fuimos despertados por el gobernador y el fiscal, quienes preguntaban por Nico. Lo tuve que empujar para que los atendiera. Regresó ofuscado refunfuñando de mecidas como esa de levantarlo solo para informarle que estaban yendo por una pista sólida al campamento. Seguimos durmiendo. Como a las dos horas volvieron a preguntar específicamente por Nico. Esta vez fue más costoso levantarlo pero valió la pena: la bicicleta, a las 24 horas clavadas, había sido hallada.

Estaba al centro de la plaza en lo que parecía ser una pequeña ceremonia preparada por los funcionarios de GyM en una de cuyas camionetas la habían traído. Por supuesto ellos, además, se atribuían la recuperación. Muy públicamente para nuestro gusto preguntaron si esa era la bicla y si le faltaba algo. Efectivamente le faltaba el costoso reloj-velocímetro-altímetro pero una buena piedra en el pecho lo suplía. Mientras Nico y Málaga conversaban con ellos, en una esquina de la plaza, tratando de mantener perfil bajo, se hallaba el representante de CELEPSA recibiendo lo que parecía –y era- una amarga reprimenda de parte del gobernador y de la alcaldesa, quien tomaba la palabra. Se quejaba ella de lo mismo de siempre: vienen de Lima con sus promesas de desarrollo y prosperidad, ofrecen el oro y el moro, hacen talleres, todo muy lindo y cuando se instalan en tierra que no es suya, solo traen problemas, prepotencia, contaminación, malas costumbres. Y qué había de las truchas perdidas, de las chicas seducidas, de las malas costumbres copiadas por los jóvenes, de las cantinas corrompidas para violar la ley seca, del trabajo ofrecido y nunca llegado para el pueblo, de la falta de respeto, en fin, la misma mala repetición de la historia del Perú rural. Las excusas y promesas de Rubén Soto no apaciguaron  la justa indignación en nada, parecía un colegial reprendido.

La historia del verdadero hallazgo nos la contó luego el gobernador. El fiscal había recibido finalmente, de su adivino en San Mateo, nueva información casi coincidente con la de la brujita local: la bc debía buscarla en su propia casa o en la de algún pariente cuya casa tenía tales y cuales características, oculta horizontalmente bajo algunos pellejos. De esa descripción dedujeron que el cuerpo del delito se encontraba en “Plaza Vea” como era llamada la bien surtida bodega, propiedad de un sobrino del fiscal, situada justo pasando el retén hacia Jauja que abastecía a los trabajadores de GyM. Efectivamente, allí la encontraron ellos y no los de la empresa, que solo fueron llevados allí para testificar como responsables del hecho, pues estaba claro que allí la había dejado encargada el ladrón en espera de que se tranquilicen las cosas y poder evacuar la cleta oportunamente. En cuanto al sobrino receptador (en realidad la receptó su esposa, quien no conocía pero podría identificar al choro) era obvia su inocencia, ya que frecuentemente se le dejaba a guardar cosas (bcs incluidas) en su almacén. Para Nico, sin embargo, este relato no hacía sino confirmar sus sospechas de que el robo había sido planeado y ejecutado por el fiscal, lo cual a su vez confirmaba el hecho bien sabido en Lima acerca de la perfidia y degeneración del hombre andino. De GyM y CELEPSA ni hablar, es conocido su rigor en la selección del personal y en todo caso no se les puede acusar de esas menudencias, ya que lo suyo es el lobby y la corrupción de alto vuelo. Aunque yo no comparto ese enfoque, y no me cabe duda de la autoría del hurto, la verdad nunca se sabrá porque, al contrario de lo que prometieron, con la devolución de la cleta cerraron el caso.

 

La Ruta 2008

Por la ruta de Pachachayo-Cochas nada ha cambiado, la carretera en aceptable estado, mejora harto –para fines carrozables- pasando Cochas, cortesía de GyM, que se ha permitido instalar un retén en la base de la cuesta a Shaqshaq.  Por ello, la SW que tomamos en Jauja bastó, por una razonable suma, para un trayecto razonablemente cómodo. Si bien este segmento –tendido, visual y casi nulo de tránsito- es una buena alternativa cicloturística, coronar Shaqshaq desde Pachacayo por esta ruta, con carga, toma un día y medio y nosotros preferimos obviarlo por cuestiones de tiempo y energía, que preferimos guardar para otros segmentos superiores más adelante en la ruta.

Arrancamos entonces, desde el abra Shaqshaq (circa 4800 msnm) cerca del mediodía. El descenso a Tragadero se hace en 15 o 20 minutos de alta velocidad auspiciada por la excelente superficie de la carretera. La misma condición hace que la suave cuesta a Tanta no sea más que un placentero ejercicio que termina antes de las 2 horas, estando bien instalados a media tarde.  El plan desde aquí consistía en hacer dos segmentos de ida y vuelta en un día cada uno con base en el pueblo: el primero era Tanta-Mullucocha-Escalerayoc, paseo hiperpaisajístico como todos los de por aquí, con una fuerte cuesta de ida y el correspondiente downhill de vuelta. Esta fue lamentablemente cancelada por el incidente de la Yeti.

Sí hicimos, en cambio, el placentero segmento Tanta-Ticllacocha. Después de un km de cuesta, algo complicada por lo pedregosa, viene una sucesión de largas terrazas suavemente escalonadas recorrida por esos senderos múltiples de ganado típicas de la puna que le da variedad e interés a la pendiente, casi imperceptible, en la búsqueda de la mejor línea, lo suficientemente difícil para hacerla divertida pero no tanto como para hacerte pasar por alto el imponente paisaje de 360°. Esta vez, por lo tardío de nuestra salida, no llegamos a Ticllacocha, nacimiento del Río Cañete, pero confirmamos las altas cualidades técnicas y escénicas de este segmento. Pero si el ascenso es agradable, el descenso de vuelta es más que placentero a la velocidad precisa para conciliar adrenalina y contemplación.  Otro bocatto di cardenale, Tanta-Ticllacocha.

Saliendo de Tanta, algo tienen las salidas de Tanta, tal vez esa luminosidad matutina de la cordillera con tanto de expectativa con el Pariacaca dominando absolutamente el paisaje. El desastre visual del Guarco convertido en cantera lo mitiga la pronta aparición de Paucarcocha pero los demasiado frecuentes cruces con camionetas y volquetes corporativos nos hacen presente que cambios grandes se están sucediendo en este techo del Perú. Retomada de vuelta, esta vez en descenso la carretera Tragadero-Tanta, nos sorprende lo suave que fue la subida cuando la velocidad de bajada indica una pendiente sostenida y nada tendida. Linda carretera para corretear, en todo caso. En una media hora estamos enTragadero, previa pascana en los baños termales.

Ya son 8 años que hice el Tragadero por última vez y la memoria me lo devuelve muy amable, con fuerte predominancia de lo paisajístico sobre lo técnico. Esta ocasión me recuerda que no lo es tanto así. Si bien el marco geográfico es de los más impresionantes, de ningún modo es el sendero clase III con que lo había calificado antes. Y no es una cuestión tanto de pendientes ni de obstáculos como del esfuerzo a desplegar en un segmento cuya culminación no parece llegar. Hay en Tragadero una sensación de urgencia que contrasta con el gusto con el que se vive este paisaje, cuya dulzura enmascara su agresividad, que en nuestro caso se manifestó como una creciente llovizna que, sin empaparnos, nos enfrió lo suficiente como para recordarnos que a pesar de las horas avanzadas siempre falta lo mismo para salir y nos mantenemos demasiado cerca de los inestables 4000 msnm.  La entrada al Tragadero está a unos 4100 msnm y Vilca a unos 3900, pero para explicar mejor el IV+ que ahora le aplicamos hay que  completar la ecuación que indica 400 metros ascendidos y 600 descendidos.  Parece que este año el Apu cobró las víctimas siempre reclamadas: Tanto en Vilca como en Huancaya nos contaron que la última Semana Santa se apareció un nutrido grupo de cicloturistas.  Desinformados como estaban de las características de la ruta, parece que atacaron el Tragadero a destiempo, sobrecargados y sin tener en cuenta el clima inestable típico de esa época. El resultado fue una penosa y lodosa procesión que agradecía a Dios el fin del segmento. Nosotros más bien solemos agradecerle su existencia pero, si tenemos en cuenta que comenzaron a llegar a las 10 am y por tanto deben haber pasado la noche arrastrando las bcs en el barro y/o en muy húmedo vivac, su ingratitud es casi justificable.  De cualquier modo, Tragadero es una de las mejores joyas del ciclomontañismo peruano. Vayan antes que sea demasiado tarde: el municipio de Tanta promueve la construcción de la carretera Tanta-Vilca que este año se aplazó por falta de presupuesto. Nosotros creemos que no siempre las carreteras implican desarrollo, menos en lugares como este cuyo potencial económico es el turístico y su valor es precisamente el conservarse igual que en los últimos 500 o más años.

Aunque el tramo  Vilca-Huancaya, con su carretera y sus postes dista mucho de mantenerse prístino, es fácil imaginarse cómo era hasta hace 30 años descalando un poco el acantilado desde la trocha para perderla de vista y sumirse en la contemplación de las lagunas y sus cascadas, la andenería, los remanentes del camino inca y despedirse del Pariakaka. En cambio, este es el peor segmento carretero de toda la vuelta, con muy poco mantenimiento y muchas piedras sueltas por la erosión del tráfico. A un par de kms de Vilca y, aunque se supone que a Huancaya se desciende, empieza un ascenso sostenido mitigado por la visión del río, de sus lagunas, de las cascadas, de la andenería que recién culmina a los 10 kms con un rápido descenso de 3 kms hasta Huancaya.

Encontramos el pueblo bastante mejorado pero la zona de camping en los puentecillos ostenta uno de esos exabruptos arquitectónicos con que los políticos locales suelen desgraciar el paisaje apenas cuentan con un poco de recursos. Consiste en una especie de parador que, aunque pueda resultar práctico para cierto tipo de visitantes, rompe totalmente con el paisaje y luce un estado de abandono contrastante con el hecho de que nunca parece haber sido usado. La contraparte positiva consiste en la labor de empedrado de calles que se encuentra en plena obra. En cuanto al alojamiento, a pesar del boom turístico, no ha mejorado ni aumentado mucho desde la última vez que vinimos. Fuera de temporadas altas, sin embargo, alcanza para todos. Dormimos allí luego de una tarde de harta precipitación que en la mañana siguiente nos regaló con los cerros totalmente blanqueados por la nieve. Desde la comodidad y tibieza de nuestro alojamiento fue reconfortante saber que esa nevada pudo caernos en pleno Tragadero pero no había sido así.  El tramo hasta el km 0 –desvío a Miraflores- muestra una muy buena carretera. Esta vez obviamos el delicioso singletrack entre Vitis y Piticocha  pero constatamos que sigue allí tal cual.

A poco de empezar el ascenso de 7 kms a Miraflores y después de unos gélidos vientos, empezó otra lluvia que nos acompañó hasta el pueblo.  Pero no es ni la buena carretera ni el bucólico paisaje lo que nos atrae a este poblado, si no el pueblo colonial fantasma de San Agustín de Guaquis y, sobre todo,  –vamos- el sendero que lleva a él. Este singletrack de 4 kms es otra verdadera joyita. A pesar de su brevedad, el paisaje y la perfección del segmento, sumada al alto riesgo de algunas cuadras, sin margen de error, de caída a un vacío de 300 m en promedio, hacen una experiencia intensa que bien justifica la visita exclusiva.  El pueblo está situado en un el promontorio del espolón divisor de la quebrada de Miraflores y el Alto Cañete  desde donde se dominan las andenerías propias, invisibles desde la carretera, una buena parte del río, y toda su quebrada, además de todas las cordilleras de los alrededores, sobre todo las del sureste de Yauyos y Noreste de Huancavelica. Las casas de piedra, destechadas, se encuentran casi todas en pie y destaca la nave de la Iglesia y su torre, visible desde la carretera y muchos otros puntos. El sendero, de ancho medio, clase IV + asciende, en la ida, unos 150 m, que hacen una trepada relativamente suave pero técnicamente exigente. El mismo segmento de vuelta es un DH cuidadoso, clase III con un par de problemas clase IV+ la primera mitad y la segunda, más ancha y limpia, ya sin el abismo al lado, deja soltar los frenos y hasta saltarse un par de escaleras. Además existe una salida DH más larga y técnica, aparentemente clase V, de Guaquis directamente a la carretera grande que estamos dejando pa la próxima.

De Miraflores al desvío de Laraos, pasando por el Tinco de Alis  no toma ni una hora de pura velocidad. Otro cantar resultan los nueve kms de cuesta al pueblo, pero el viento a favor ayuda bastante y se puede hacer en poco más de una hora de trabajo sostenido. Al igual que en Miraflores, se debe confesar que no es la espectacular andenería ni el interés por constatar qué tanto afectó al pueblo el ultimo terremoto, ni siquiera los exquisitos churrascos de alpaca, que ya no hay, lo que nos atrajo aquí.  Sobre todo venimos a por un segmento –un loop, tal como lo hicimos esta vez- que en dos oportunidades anteriores aproximamos sin culminar: el loop Laraos-Tintín-Laraos. Saliendo de Laraos se sube tendido hasta los 3800 por un singletrack paisajístico, relativamente estrecho pero cómodo, que va dejando atrás una excelente vista del pueblo y los andenes y tiene por delante las montañas de Carania dominadas por el Apu Llongote. A partir de este punto, sobre la esquina entre la quebrada de Laraos y el Cañete, empieza el descenso, técnico, clase IV+ y plagado, en el último cuarto de los 18 kms, de agresivos cardos. La segunda mitad, marcada por una megacárcava que hubo que portear en cadena, se encuentra algo sucia de piedras y poda. Dura pero excelente ruta. El loop se completa haciendo casi toda la carretera desde Tinco Alis, solo que esta vez los 9 de Laraos son bastante más macheteros.

Sobre el tramo carretero clásico de salida no hay mucho que decir, salvo que se repite siempre con mucho gusto, toma todo el día y culmina en Catahuasi con el consabido baño en al Cañete, ya tibio, pero con su linda playa desgraciada en cantera cortesía, para variar, de Cementos Lima.

Fotos en:  http://picasaweb.google.es/aputrails/Pkk2008?authkey=Gv1sRgCKGW3refzvL2oQE&feat=directlink

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8 comentarios to “Ruta del Pariakaka. La Reserva”

  1. Aldo Says:

    Por desgracia no puedo estar más que de acuerdo con un conclusión de este artículo: Los limeños -algunos al menos- subimos y llevamos con nosotros toda una serie de malas costumbres, criolladas y demás taras lamentables. El 2006, después de 10 años yendo a la montaña sin mayores contratiempos, un grupo de vigilantes -limeñisimos ellos- destacados en la represa de Yuracmayo me robaron carpa, mochila y todo lo que pudieron cargar. A la hora de acusarlos por supuesto le echaron la culpa a los comuneros. Comuneros que por cierto se encontraban acampando a kilómetros de distancia sin la menor sospecha de mi presencia en la zona. Los únicos enterados de ella, por supuesto, eran los vigilantes en cuestión. Así están las cosas señores.

  2. Guillermo Reaño Says:

    Feo. No el relato, que está buenísimo. Feo lo que pasa en el interior cuando la modernidad llega con overol y/o chaleco institucional y se acaba la paz aldeana o la tranquilidad comunal. No es que quiera hacer la apología de la ruralidad buena contraria a la ciudad corrupta, pero es evidente que todos estos enclaves económicos están llevando al interior todas las lacras que hemos creado como cancha en urbes como la nuestra.

    Buena Yuri por la propuesta tuya de darle al Pariakaka mayor peso que el que tiene en la nomenclatura actual. No solo por ser evidente la importancia del apu en el orden regional sino porque resulta una marca absolutamente ganadora si es que se quiere repensar el área como una despensa de turismo, recreación y deportes. De los buenos, digo.

    Una cosa más: estuve por la zona en febrero último y me pareció sospechosa la calma social en el área. ¿Recuerdas todo el bochinche noventero que produjo la primera incursión de CL en toda la cuenca del Cañete? De esa bulla comunal y municipal no quedaba ni rastro. No es que la aprueba tajantemente, pero las resistencias de la gente local han sido importantísimas para ordenar procesos como el que reseñas en tus notas.

    Te felicito por haber vuelto a las andanzas por las alturas de Lima, tu ecosistema más auténtico. Nosotros como Viajeros vamos a ingresar en junio al área y de allí saltaremos al Huaytapallana. Estamos apoyando a Aldo Arozena en su sueño de conquistar la cima del Pariakaka.

    Un abrazo

  3. Marco Says:

    Bueno, me auno a lo indicado por Guillermo, ..para los que no me conocen yo fui Jefe de la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas, vamos por partes con respecto al nombre ….ahora todos Guarco, Pariacaca, Nor Yauyos…..bueno …antes decía Alto Cañete…..el Primer nombre fue Reserva Turística Alto Cañete – Cochas (declarada por el MITINCI, creo que esta mal pero algo asi era el nombre), el segundo nombre es Zona Reservada Alto Cañete – Cochas Pachacayo, y el ultimo en proceso participativo (pero de los participativos) se quedo en Nor Yauyos Cochas (participan los que les interesa)….bueno no se penso en Guarco, o en los otros considerados, bien yo podría decir Wankas y Jakarus….que fue las culturas que estuvieron en ese ambito, este nombre nos hubiese ayudado a tratar de rescatar el jakaru y el Cauqui… …..medio complicado la cosa, pero ya esta….lo que debemos trabajar es lo que describe el amigo, cosas que no pueden suceder, sería bueno que revisemos el Plan de Manejo Ambiental del Proyecto Platanal, donde existen capitulos de responsabilidad social y relación con la comunidad (creo que no soy el que debe hablar)….que realmente me da pena y mucha pena…..Yo bien podría escribir muchas cosas como la destrucción de 60 metros de camino pre – inca y algunas otras cosas más, como altercados con personal……pero creo que es muy largo y prefiero coordinar y propongo con ustedes “amigos del viaje reunirnos” y ver todo el tema, en un sentido de mejorar y corregir los problemas, en sentido proactivo….(antes se daban reuniones o cafes de trabajo o conversatorios creo)…….recordemos que Guillermos es parte del Comité de Gestión de la Reserva…..podemos bien trabajar un grupo de trabajo con el actual Jefe de la reserva, que guillermo tambien lo conoce ya que hicieron un viaje muy interesante en la reserva (Blgo. Carlos Sanchez Rojas).
    Un favor, los invito tambien al Parque Nacional Huascaran, para que me ayuden con estos temas que bien el amigo de la bicicleta lo describe…mucho me ayudaría a ver las cosas en la Cordillera Blanca.
    Saludos,

  4. Ariana Valencia Says:

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