Un relato de Wayo Stein para reencontrarnos…

septiembre 23, 2010

Tenía una crónica viajera  propia lista  para retomar el blog cuando llega a la lista de interés de ciclismo este relato de Wayo Stein contándonos casi como cualquier cosa acerca de su participación en el Mundial de Mountain Bike en Camboriú, Santa Catarina, Brasil.  Aunque el tema no es estrictamente viajero, el protagonista es tal vez quien mejor vende Perú como destino cicloturístico especializado lo cual, obviamente, lo hace un gran viajero. La frescura y espontaneidad de su relato es cautivante e ilustra algo de las penas que tenemos que pasar quienes alguna vez representamos a nuestro país en algo que no sea el tan injustamente y bien pagado peloteo. Buena Wayo, estamos muy orgullosos de ti.

 

Hola amigos,

Les escribo para contarles mis experiencias en el Campeonato Mundial Masters 2010 disputado en el famoso circuito de Camboriú, Brasil.

El año pasado, unos amigos de Brasil vinieron a Perú para hacer un tour de DH con Inkas Adventures y fue ahí donde nació la idea de competir el mundial de masters.  Hasta ese momento no tenía idea de dónde iba a ser pero como de costumbre, suele desarrollarse en un país europeo y eso hace muy difícil económicamente estar presente.  Estos muchachos brasileros vinieron con la grata noticia que en los próximos tres años, el evento se va a desarrollar en Brasil así que me pusieron las pilas y todos los días pensaba en la posibilidad de participar en mi primer mundial de Mountain Bike.

Inmediatamente vino mi primera frustración.  Me acerco a la federación para solicitar mi inscripción y de antemano se negaron a inscribirme pero me dieron el teléfono y el correo de la persona encargada de estos temas.  Escribí muchas veces y llamé otras tantas pero nunca tuve respuesta.  Fue la primera sensación de derrota al ver que no iba a ser posible participar porque la federación no me autorizaba.  ¡Lamentable que tu propia federación te trate de esa manera!

Al ver que la cosa no funcionaba por el lado peruano, envié un correo a la Federación Catarinense de Ciclismo para comentarles mi problema y felizmente me dijeron que no hacía falta una carta de autorización de la federación peruana, sólo con llenar una ficha de inscripción ya quedaba inscrito.  Fue una grata noticia debido a que de otra manera hubiese sido imposible mi participación.

Luego de solucionado este impasse tan desagradable con la federación de mi propio país, me propuse una meta de llegar al podio para lo cual empecé a entrenar constante pero a veces por falta de una buena guía de entrenamiento y por el trabajo en el cual voy andando en bicicleta pero no es lo mismo que entrenar, dejaba por momentos de concentrarme en una buena preparación y me tiraba al abandono.  Tanto es así que los últimos 20 días antes de viajar a Brasil, no me moví de la casa y la oficina sin salir un solo día a entrenar.

La segunda desilusión fue ver que nadie tomaba interés en esta prueba y me hacía la idea que iba a ir solo a representar al Perú.  Mucho me hubiese gustado que al menos haya visto a alguien conocido.  Esto se calmó un poco gracias al apoyo incondicional que tuve de mis amigos brasileros los cuales me ayudaron con las líneas del circuito y toda la logística del transporte que es indispensable para entrenar adecuadamente.  Una vez en la competencia pude ver que muchos de los que practican ciclismo en el Perú bien han podido disputar en sus respectivas categorías el ansiado primer lugar.  ¿Dónde está Jonathan Davis?, decía por momentos al ver a gente como él, y quizá menos preparados, entrenando el circuito de XC. ¿Dónde está la gente brava del DH? Ellos que siempre demuestran un buen nivel en las competencias en Perú, bien han podido estar disputando los primeros lugares.

El primer día que llegamos al circuito, fue casi al final del día y sólo dio para subir a pie y reconocer el circuito y ver los diferentes obstáculos que presenta; muy difíciles por cierto.

Al día siguiente nos encontramos con un local master, campeón master brasilero, amigo del grupo y felizmente en una categoría diferente a la mía.  Esto hizo que nos ayude a todos y nos enseñara todos los trucos del circuito.  Fuimos viendo paso a paso cada sección del circuito.  Anderson nos iba mostrando las mejores líneas y por momentos parecía que eso no era cierto pero luego pude ver que realmente nos estaba mostrando todos los secretos.  Gracias a él pude avanzar rápido este tema de las líneas y al cabo de tres bajadas ya me sentía bien cómodo con el circuito y sabía que era cuestión que lo pase una y otra vez durante toda la semana para agarrar la confianza necesaria para bajar más rápido.  Hasta ese momento tuve dos caídas pequeñas y en la última bajada del día, saliendo de una curva asfaltada hacia la tierra, la rueda se va y sufro una caída muy fuerte.  Durante el resto de la noche pensé que ya había acabado todo para mí porque estaba con el pulgar de la mano sangrando por la uña y el pie hinchado como si hubiera una pelota de golf adentro.  Una gente me decía que estaba roto el pie pero yo no quería creer y me resistí a ir al hospital para sacar una placa.  Si está roto simplemente no voy a poder pedalear más en la semana, si no está roto, me voy a recuperar.  Dicho y hecho, al día siguiente, luego de frotar con cremas y tomar todos los analgésicos posibles, mi pie estaba mejor y por la tarde pude bajar sin hacer ningún salto.  Estaba muy adolorido pero todavía con muchas ganas de competir y eso hacía que el dolor se bloquee y me dejara hacer las bajadas los días siguientes.

No pude hacer una bajada fluida y rápida sino hasta la clasificación en la que felizmente salió todo bien y logré uno de los mejores tiempos de la pista a tan sólo menos de 2 segundos del mejor tiempo en mi categoría.  Me sentí muy contento y aliviado por ese resultado pero luego al ver la tabla de posiciones estaba empatado con el tercer lugar y dos más muy cerca.  Además uno nunca sabe si alguno bajó cuidando máquina para la final así que poco a poco me iba sintiendo con mucha presión.  La experiencia me decía que me tranquilice pero no lo conseguía.  Tenía en mi mente mi última participación en un Panamericano 2005 en la cual estaba como favorito y en la única roca del circuito corté la llanta y se acabó la competencia.

Con todas estas ideas rondando mi mente y viendo a todos los de mi categoría salir como balas en la manga final del día sábado, los nervios me comenzaban a comer la cabeza.  Para remate, en la mañana de este día, hubieron varios huesos rotos entre ellos mi amigo Anderson que me había ayudado a mejorar cada línea y se veía como el favorito de toda la competencia.  Esto hizo que entre mucha duda en mi cabeza y empecé a dudar de cada línea que ya había practicado.  Pensaba en no fallar, en no caerme y cosas como esas cuando uno debe estar pensando en la mejor bajada y no pensar en posibles fallas.

Ya en competencia los primeros metros fueron muy buenos hasta que empezaron a llegar pequeños errores uno tras otro.  Fallaba pero pensaba en mejorar y lo que me ayudaba era la potencia en las piernas para salir pedaleando. Una falla, dos, tres y cuatro graves tuve en la bajada final llegando a pensar que todo se había acabado.  De igual manera, no me rendí y seguí hasta el final.  Los últimos metros los hice bastante bien y llegué pedaleando muy fuerte hacia la meta.  Llegué desilusionado a la meta pero al escuchar que tenía el segundo mejor tiempo no lo pude creer y faltando sólo un corredor más por bajar me di cuenta que ya tenía el podio asegurado.  Fue la sensación más buena que pude sentir en toda esta semana muy dura.  Feliz, saltaba de alegría esperando a Vásquez que estaba más que seguro que iba a hacer mejor tiempo pero no importaba, mi primera participación en un mundial de mountain bike y llego colocado en el tercer puesto, con los corredores más bravos del Brasil y del mundo entero.  Si bien es cierto no hubieron muchos europeos, el hecho de que estuviesen todos los brasileros y algunos del resto del mundo, significa un logro bastante importante.  Los locales no consiguieron podio en esta categoría aún cuando se veían varios buenos y muy bien preparados con las mejores máquinas.

Al final celebramos todos y con Vásquez, se repitió el podio del Panamericano del 2001: él primero y yo tercero.  Después de cinco años sin competir afuera, no sabía cómo estaba mi nivel respecto a los demás y en especial frente a Vásquez.  Esto fue otro factor de nerviosismo por dudar mucho de mis condiciones y mi preparación.  Ahora, al saber que no estoy lejos, sólo queda entrenar un poco más y regresar el año que viene para pelear ese primer puesto con Vásquez.  Espero que esta vez podamos ser más peruanos compitiendo porque estamos seguros que el año que viene va a ser más competitivo y reñido para todos.  A la federación también un jalón de orejas y no sólo es mandar correos avisando de las carreras locales, también se necesita un poco de planificación y visión y empezar a creer que podemos hacer cosas grandes, mayores a las logradas.

Agradezco también a todos los que me estuvieron apoyando por el Facebook donde enviaba actualizaciones continuas de lo que iba sucediendo.  A todos ustedes muchas gracias y les dedico el triunfo a todos ustedes porque sé que todos nos sentimos orgullosos de este logro que es para el DH Peruano. VIVA EL PERU CARAJO!

Saludos,

Wayo Stein

 

Ruta del Pariakaka. La Reserva

mayo 29, 2009

Eso de NOR-YAUYOS-COCHAS, me suena mal. Los guiones, las palabras recortadas. Ni por asomo reseña toda la belleza, toda la poesía, la biodiversidad y la riqueza.  Además,  esa denominación excluye a Laraos y Carania. Yo la hubiera llamado Reserva del Guarco, por el nombre original del río que la vertebra toda. Pero así se hubiera obviado la vertiente oriental, la del pequeño pero valioso río Cochas cuya cuenca también tiene lo suyo en valor paisajístico, cultural y biológico.

 pariakaka1

Entonces, solo queda la otra opción: Reserva del Pariakaka. Se entiende que al visitante ligero de Huancaya y sus encantadores puentecillos coloniales esta denominación le parezca forzada, pero para el que llega a conocer lo esencial, la omnipresencia del Apu va más allá de lo evidente desde que se penetra un poco más allá de Cochas y se ve su cara oriental dominando el panorama y, si no dando origen, sí tributando primariamente al mentado río Cochas. Una vez traspuesto el abra Shacshaq hacia Tanta y su despliegue escénico –núcleo y esencia de la Reserva- el Pariakaka se muestra permanentemente en todo su esplendor desde diversos ángulos y determina el paisaje.

Y aunque la gloriosa visión de despedida de su pirámide sur, apenas 3 kms antes de descender a Huancaya desde Vilca baste para completar la evidencia, más allá de ella está el hecho de que una parte fundamental de las aguas del Guarco o Alto Cañete proviene del Apu mayor, que le tributa en su margen izquierda por Huachipampa y Mullucocha. Pero hay algo más: Mucho  tiempo después que la naciente del Guarco – el Nevado Ticlla- se haya deshielado, al Pariakaka aún le quedará nieve suficiente para  ser la naciente ulterior del gran río. Por eso, se debería llamar Reserva del Pariakaka. Pero, en fin, allá los burócratas.

pariakaka2 

 

Otra cosa es la categorización: está bien Reserva, aunque ella debería ser solo el buffer de dos Unidades de Conservación, el Parque Nacional de la Cordilleras Picchahuacra y Llongote, núcleo de la Reserva, y el Santuario Nacional del Pariakaka dos áreas que como así gozarían de la intangibilidad que se merecen. Porque eso de Reserva Paisajística como que queda medio debilón. Después de todo, el paisaje está íntimamente relacionado con la belleza y esta, como sabemos, es subjetiva. Y así, alguien podría alegar que un lindo paisaje puede ser antrópico posmoderno y entonces metámosle mano y hagamos más megarrepresas, más carreteras, metámosle más cemento para embellecerla más. Como si en el paisaje no existieran en su fauna de venados, tarucas, la singular y en peligro de extinción raza de vicuñas del Llongote, pumas y gato andino, en su ubicua y muy variada avifauna, hasta en la exótica población de truchas, argumentos más que suficientes para hacerla Reserva de fauna      

 La Obra

Esta se la tenían bien guardada. Cuando se habla de Platanal, se habla de una megarrepresa en cierto punto entre el Medio y Bajo Cañete. Pero son 3 represas: de abajoarriba, Platanal propiamente dicha, en las puertas del valle, luego una segunda represa por el km 90 y algo, en el Medio Cañete y, por último, la que para el caso nos interesa más, la represa de Paucarcocha, a 4100msnsm (+ ó – ) en la jurisdicción de Tanta, en pleno corazón de la mentada Reserva Paisajística. Para los que conocimos la zona en su estado prístino, nos tienta calificar la obra como un desastre ambiental así a secas, cosa que ciertamente es, pero como nos creemos ambientalistas, tratamos de ser objetivos, y, por eso, es necesario analizar los pros y los contras. El pro es uno solo, grande, y supera a los contras: es evidente que una obra así es indispensable y de interés nacional, ya sea desde el punto de vista energético o de almacenamiento de agua.  En cierto modo, no se le puede hacer un mejor homenaje a nuestros nevados que guardando su agua para la posteridad.

pariakaka3

Vista así, la represa puede considerarse una digna continuación de la obra legendaria de Pariacaca, Huallallo Carhuincho y demás, los originales manejadores de esas aguas  Yendo al extremo, hasta el hecho de que el material,  incluso el capital con el que se construye la represa provenga de las canteras  de Lomas de Pucará  en Pachacamac  tan relacionadas  con esas leyendas, es algo muy simbólico desde diferentes puntos de vista. En fin, el beneficio social potencial de la obra supera ampliamente los costos ambientales y sociales potenciales y por lo tanto se justifica. Concretamente, viendo a ojo de pájaro la parte arquitectónica de la obra, parecería que se está adecuando su estética al entorno, de modo que la pared de la represa como que imita a las represas naturales más conspicuas aguas abajo. Digo aparentemente, puede ser un deseo o una impresión mía, y si lo fuera, pues bueno, que cojan la idea para poder cumplir con la ley.

Yendo al impacto ambiental y social de la obra, aunque ya dijimos que son inferiores al bien común generado, eso no quiere decir que no se deban minimizar con igual esfuerzo. Ya contaremos sobre el impacto social. En cuanto a lo ambiental, más allá de esa aparente voluntad de minimización escénica, es obvio que el EIA, si existe, ha obviado cuestiones fundamentales. Para citar solo una, no se explica porqué al alterar el curso del Guarco no se toma en cuenta su rica piscifauna y se deja perder varada su buena de tonelada de trucha tan solo en el tiempo que permanecimos aquí. Ni hablar de la evidente desorientación de la avifauna, que antes encontraba en la extensa pampa de Paucarcocha -hoy invadida de camiones y maquinaria, convertida en cantera-  sus campos de alimentación, descanso, apareamiento. En fin, impactos subsanables donde hubiera la legítima intención de minimizarlos, pero con estos modernos EIAs a gusto y medida del cliente, permítasenos la sana duda.

pariakaka4

A otro orden de cosas pertenece la cuestión del manejo del agua almacenada. Aunque es posible que nunca lo hayamos visitado tan avanzado el estiaje y el Guarco  presentaba un caudal superficial aparentemente sano que cualquier río de la vertiente del Pacífico envidiaría, nunca encontramos el Tragadero tan seco. Lo mismo para las cascadas. Al preguntar en Vilca y  Huancaya, aunque parecían no darle importancia pese a haberlo notado, lo atribuyeron a la estación, pero en más de un caso, reflexionando un poco, algunos no dudaron en reconocer que tal vez este año estaba más seco que otros y en ese caso no les cupo duda de que la causa era la represa. Y ello es esperable.

Terminada la base de la obra, no existe motivo para creer que el control del agua  recién empezará una vez culminada la obra y es más que probable que ya esté la laguna embalsada y el Guarco haya dejado de ostentar su caudal natural.  Y he aquí el punto. Los más antiguos conflictos del territorio andino se han dado entre los posesionarios de las fuentes de agua y los usuarios de ella en sus cursos inferiores. De hecho, gran parte de la mitología local, nacional, narra estos conflictos épicos que hoy persisten y que en el futuro más  probable se agudizarán. Por lo tanto el manejo de los recursos acuíferos es política de Estado que no se debe dejar en manos de concesionarios e intereses privados. Particularmente el Alto Cañete, por el volumen de agua involucrado en el contexto del derretimiento de los glaciares tiene un alto valor estratégico por su potencial de abastecimiento a los emporios agrícolas y urbanos de la costa de Cañete. Por eso no creemos que se le deba dejar el manejo de ese recurso a intereses privados, mucho menos a CELEPSA, brazo de Cementos Lima, cuyo criterio socio ambiental es notorio en la destrucción de otro recurso acuífero y de protección del valle como lo son las Lomas de Pucará y la zona reservada de El Lúcumo en Pachacámac. También genera justa desconfianza la presencia de Graña y Montero, cuyo papel en sonadas pero oscuras negociaciones sobre importantes inmuebles del Estado nos hacen dudar de la confluencia entre los intereses de la Nación y su propio interés. Yendo más allá, no creemos que nuestra clase empresarial esté preparada para manejar desde sus propias fuentes este recurso estratégico.

La población local es consciente del conflicto que puede crearse y ya se pregunta en voz alta y disconforme cómo será la cuestión de la posesión y el manejo del agua. También le queda claro que a pesar del tamaño de la obra, el buen manejo de su comunidad ganadera camélida ha sido más efectivo en términos de desarrollo que la vecindad de la represa y ellos es visible en sus sistemas de estabulado, piscigranjas, posta médica, escuelas, parques de juegos, microreservas suburbanas, y otros que no tuvimos ocasión de visitar esta vez. En cuanto a las relaciones empresas-comunidad, un suceso inesperado nos enseñó que a situación dista mucho de un idilio. 

 Incidente en Tanta

Esa mañana amanecí mal de altura. Ni tarde ni temprano. Y eso que la noche no fue tan mala, salvo la aparición de un par de impertinentes que se metieron hasta nuestra habitación, buscando a otro borracho como ellos, después de aporrear la puerta del telo como media hora. Pero al levantarme siento un estupor, esta tremenda pesadez corporal, mucha hambre y este pedrón en el estómago que no deja entrar nada. Pero hay que alimentarse, así que voy al restaurante de la plaza y pido un chilcano de trucha que resulta ser un cabal chupe. Justo lo que necesitaba, pero no me entra. Como de otro mundo, de otro tiempo, alguien perifonea que por favor devuelvan el parabrisas que encontraron seguramente al lado de la combi que trajo la alcaldesa como parte del séquito funerario de su madre, que volvió finadita para ser enterrada en Tanta. Qué gracioso –pienso- parte de la resaca del velorio, de hecho aurita aparece el vidrio. Vao a tratar de ingerir otra cucharada de chupe. En eso se aparece Nicolini montado en una cleta que no es la suya. Me pregunta a su manera pausada, recatada, introducida:

 -Yuri, buenos días, ¿tú no tienes mi cleta?

 El malestar desapareció como por un baldazo del agua local. Alerta total. Habíamos dejado las naves en el patio del hospedaje al que llegamos a media tarde de ayer. Primero toqué la puerta en El Yauyinito, nadie abría, y como en la otra cuadra se veía El Tanteñito opté por lo que parecía más local y al rato estábamos instalados en la fracción de estrella que nos correspondía por 8 soles, las bcs en el patio del local. Ahí las habíamos dejado toda la noche, confiados en la inocencia de gente que ya no lo era más. Dije que debía haber algún error, que de repente el señor la había guardado, lo que sea, peguntemos, vao a ver.  Vimos, preguntamos, revisamos un poco el telo, el dueño no estaba, sí la tía, Julia, una colorada -se hacía la ona pero estaba con los pelos de punta y ya había abandonado sus quehaceres normales para empezar su propia indagación- se mostró colaboradora pero no lo bastante interesada para lo esperable de la responsable. Nada, la cleta, la Yeti full equipo de más de 3 lucas no estaba, no queríamos realizar el concepto: nos la han robado!  Y ahora?  La memoria, la noche anterior, a atar cabos. Los visitantes de la madrugada. No eran locales.  Se habían metido, huascas, hasta nuestro tocuar buscando a un tal Ponce, había oído yo;  Nicolini había visto, de espaldas, un chaleco corporativo o algo, hasta podría recordar un rostro.  Fuimos a buscar a las autoridades. En el camino nos encontramos con el dueño y el chofer de la combi robada que nos contaron que el robo central no había sido la luna perifoneada, sino su equipo de sonido, para lo cual habían desmontado y dejado a un lado el parabrisas, que había sido hurtado luego en la mañana. Ellos ya tenían a sus sospechosos y todo, eran los empleados de la obra que habían hecho anoche una visita clandestina a Tanta en dos o hasta tres camionetas de “la empresa” para chupar y joder, cometido que al parecer  habían alcanzado plenamente. Ellos ya habían denunciado al Gobernador, quien ya se encontraba haciendo pesquisas. Ahora, nos dijeron, había que buscar al representante de CELEPSA, encargado de relaciones comunales, que se encontraba por el pueblo. Lo encontramos y tuvimos que subrayarle un poco su responsabilidad en el asunto, pero apenas entendió, la asumió. Por lo demás, nuestras sospechas y los indicios estaban fundados en el hecho público, notorio y comprobado de la mentada visita clandestina. Se comunicó con el campamento, unos 4 kms carretera abajo el pueblo, que de inmediato envió una camioneta con un funcionario a averiguar.

 Mientras tanto, nos dirigimos con los otros agraviados a hacer la denuncia donde el joven Gobernador, que cumplió con los trámites de rigor. Por otro lado, compartió con entusiasmo la teoría de que los choros  eran afuerinos y no tanteñitos. Aunque su actitud no nos pareció de lo más enérgica, ofreció dedicarse personalmente a las pesquisas en el pueblo mientras nosotros lo hacíamos en el campamento.  Allí nos llevaron y allí nos entrevistamos con algo de la plana mayor de la obra, varios jóvenes profesionales que ocupaban cargos como administrador del campo, jefe de seguridad, jefe de nosecuantos. Juntos nos aseguraron que ya habían avisado a los retenes en la carretera, harían las investigaciones y que de ser el o los autores trabajadores de la obra la cosa sería resuelta. Sin embargo, no estaban tan seguros como yo, a pesar de los indicios expuestos, de que el o los autores fueran sus empleados. Nos quitamos bien atendidos en apariencia no sin mencionarles que teníamos conocidos en el directorio de la empresa y que si esto se divulgaba sería  publicidad inconveniente para la imagen de la misma.

 Regresados al pueblo, ya el tema se había convertido en el suceso del año y en los corrillos habituales en estos pueblos no se hablaba de otra cosa y se especulaba con los autores tanto como con las circunstancias del robo y el destino del cuerpo del delito. Regresamos donde el gobernador, que nos pergeñó el  procedimiento a seguir: en compañía del fiscal –que resultó ser el dueño del Tanteñito – iría al campamento a solicitar oficialmente la presentación de las personas implicadas y, de comprobarse la participación de alguna de ellas, solicitar su entrega para el esclarecimiento oficial del caso. Como no había que descartar la posibilidad de que los autores fueran locales, mientras tanto nos encargó por favor buscar al juez para que autorice una requisa casa por casa. Así se cubrirían todas las posibilidades. Por lo demás, al estar la población alerta, ya el correo de brujas se había echado a andar para cumplir su papel en la rectificación del entuerto.  El problema fue que cuando por fin dimos con el juez, este se encontraba borracho perdido y nos informó que tendríamos que esperar que terminen las exequias (hasta dos días) para que él pudiera cumplir con su labor.

 Así, topados con este obstáculo burocrático nos dedicamos, en vista de su falta de seguridad, a migrar del Tanteñito al Yauyinito.  Este resultó ser mucho más acogedor, amplio, limpio y ordenado que aquel. El motivo de que no me atendieran el día anterior fue que, si  bien el cartel está ubicado en lo que parece la fachada principal, si uno toca la puerta en ella, nadie atiende porque da a un depósito y normalmente no hay nadie en él. Lo que se toca, nos informó la encantadora propietaria, mucho mayor –una saludable anciana- que la del otro hospedaje, es el portón del zaguán y al toque te atienden. Me apliqué algunos cabezazos en la pared por no haber sido un poco más insistente.  Cuando la doñita se enteró de los detalles de nuestro predicamento, nos enteró de algunos detalles como anteriores “pérdidas” sufridos por diversos ocupantes del Tanteñito.  También nos aclaró algo que, a nuestro entender, dábamos por perdido, el hecho de que para ella, tanto como para el pueblo, quedaba claro que los responsables de la pérdida eran los dueños del Tanteñito, con mayor razón siendo uno de ellos el fiscal, de modo que la restitución de la bc la garantizaba el pueblo a través de sus autoridades.

 pariakaka5

De hecho, aunque para nosotros no fuera tan evidente, ya todos ellos, dueños y autoridades se encontraban en continua pesquisa, interrogando a las cantinas, recopilando testimonios, chismes, teorías. Esto me tranquilizó algo pero no a Nicolini quien, a partir de entonces, simplemente se echó en cama a desfallecer, a pesar de que le di mi seguridad de que la cleta aparecería, que teníamos como 10 días para buscarla pero lo mas probable era que apareciera en los 3 primeros días, y de estos 3, a las 24 primeras horas, que eran fundamentales para el éxito de la investigación. Mi, al parecer, exagerado optimismo tenía un base concreta: era muy difícil que la nave se encontraba en algún lugar entre el pueblo y el campamento a no más de 500 metros a ambos lados de la carretera, que en gran parte se encuentra orillas de la laguna. Aunque cuevas, matorrales, estancias temporales y otros complicaban el asunto, no era imposible batir la zona en unos días. Esto siempre asumiendo la hipótesis preferencial del o los autores afuerinos.  De ser local el o los autores, la cosa se complicaba y podía estar la cleta fondeada en alguna de las 100 o más casas del pueblo o, peor aún, camino a alguna remota estancia cordillerana.

Esto lo pensaba mientras daba una vuelta por el pueblo evaluando la probable requisa y tratando de ganarme algo del chismorreo general, que se acallaba ni bien me ponía al alcance. Cuando regresé al Yauyinito, la dueña me esperaba con novedades. Al rato mandó llamar a La Abuelita, una ancianita preciosa, la adivina del pueblo, a que me las cuente de primera mano. Resulta que la dueña del Tanteñito la había consultado para ayudar a esclarecer el robo y, al leer las hojas, la abuelita había visto la bc escondida dentro del propio telo. Espantada, la colorada la había despachado reclamándole que cómo era posible que la señalara a ella que era la que la estaba contratando y que consultaría a otro adivino más connotado, según ella,  a quien simplemente había que llamar por teléfono a San Mateo. Amoscada, la abuelita se retiró, no sin contar la cosa en el Yauyinito. Así que me recomendó que procediéramos a nuestra propia requisa y que encontraríamos la cleta fondeada bajo algunos pellejos de carnero. Con que saqué a Nicolini por un rato de su marasmo y fuimos al Tanteñito. 

Allí recién tomé conciencia de lo complicada que iba a resultar la probable requisa general.  Dos plantas, tres zaguanes, no menos de 20 habitaciones, sótanos, buhardillas, algunos más oscuros que la noche y repletos de cachivaches que harían las delicias de un coleccionista de antigüedades, esqueletos completos, con charqui y todo, de carnero y camélidos guardados para la hambruna, ruecas, lana por toneladas, cientos de pellejos hacían de una búsqueda medianamente meticulosa una cuestión de días. No me quería imaginar lo que significaría multiplicar esa labor por 100 o más. No encontramos nada, así que nos regresamos, Nicolini a seguir languideciendo mientras rumiaba la confirmación de sus prejuicios contra todo lo andino; yo, a seguir coordinando con el gobernador y moverse.  Así pasó esa mañana atroz. Como a mediodía me busca la tía del Tanteñito a decirme que a su adivino ya se le había dado el encargo telefónico y que estaba leyendo pero que ya tenía un identi-kit del autor del robo que coincidía nada menos que conmigo. Y me lo dijo con la mayor naturalidad, como si me estuviera describiendo a una tercera persona. Por supuesto salté y le previne que la lectura de su brujo sea más efectiva y si no que ya vaya viendo cómo me iba a pagar la bicla. 

En la tarde, estuve recorriendo el pueblo tratando de motivar a los jóvenes a hacer un chaco recompensado. La recepción fue buena, pero de las conversaciones con la gente saqué que a no era Tanta un sitio tan tranquilo como cuando lo conocí. Me hablaron de abigeos oportunistas, pandilleros en el pueblo y gente de mala reputación en general. O sea tal vez, después de todo, las probabilidades de que fuera algún local el autor no eran tan escasas y eso implicaba la  imposible requisa y/o que la cleta ya estuviera camino al mercado vía alguna de las cordilleras que rodean a Tanta. Desalentador panorama y, si la bc no aparecía mañana, el aborto de la expedición excepto para mí, que tendría que continuar el itinerario hasta Yauyos, que es donde corresponde la denuncia, mientras los otros dos, de regreso a Lima, se iban a Jauja a que era por donde más probablemente saldría la merca robada, a dar el aviso a la policía del camino. A esto se sumaba la presencia de Mateíto, el camioncito ropavejero que suele recorrer periódicamente todo Yauyos en busca de la más variada cachina, conforme reza el graciosísimo floro que repiten a lo largo del día para animar a los poblanos a sacar a trueque o venta los fierroviejos y antiguallas que difícilmente podrá agotar un ropavejero mensual. Nos inquietaba Mateíto porque sin duda sus amigables tripulantes huancas estarían bien dispuestos a incluir entre sus objetos de trueque una fina bc sin preguntar mucho sobre su procedencia. Debo decir en su favor, sin embargo, que no fue así y que su alegre itinerario coincidió casi exactamente con el nuestro y no dejaron nunca de ser una buena compañía.

Con semejante perspectiva y sin las prometidas noticias del campamento esa tarde, la desesperanza de esa noche nos llevó a ver como sospechoso hasta al joven médico del MINSA. Menos absurdo fue el interrogatorio a las dos escort ladies que ocupaban el Tanteñito y donde supimos que eran visitadas por algunos empleados del campamento y sin duda tenían que ver con la visita de la noche anterior.  Había un nuevo y certero dato, además. Al alba, alguien, saliendo del pueblo por la carretera, había sido rebasado por una bici montada por un desconocido que apenas llegaba a los pedales. Fue frustrante no poder llegar a ese alguien, pero la información persistía y era tomada por cierta por todos los interrogados   Seguramente, a juzgar por su conversación,  esa noche Nicolini ya había decidido abandonar el mtb y todo lo que tuviera que ver con bicicletas.  A primera hora de la mañana siguiente, fuimos despertados por el gobernador y el fiscal, quienes preguntaban por Nico. Lo tuve que empujar para que los atendiera. Regresó ofuscado refunfuñando de mecidas como esa de levantarlo solo para informarle que estaban yendo por una pista sólida al campamento. Seguimos durmiendo. Como a las dos horas volvieron a preguntar específicamente por Nico. Esta vez fue más costoso levantarlo pero valió la pena: la bicicleta, a las 24 horas clavadas, había sido hallada.

Estaba al centro de la plaza en lo que parecía ser una pequeña ceremonia preparada por los funcionarios de GyM en una de cuyas camionetas la habían traído. Por supuesto ellos, además, se atribuían la recuperación. Muy públicamente para nuestro gusto preguntaron si esa era la bicla y si le faltaba algo. Efectivamente le faltaba el costoso reloj-velocímetro-altímetro pero una buena piedra en el pecho lo suplía. Mientras Nico y Málaga conversaban con ellos, en una esquina de la plaza, tratando de mantener perfil bajo, se hallaba el representante de CELEPSA recibiendo lo que parecía –y era- una amarga reprimenda de parte del gobernador y de la alcaldesa, quien tomaba la palabra. Se quejaba ella de lo mismo de siempre: vienen de Lima con sus promesas de desarrollo y prosperidad, ofrecen el oro y el moro, hacen talleres, todo muy lindo y cuando se instalan en tierra que no es suya, solo traen problemas, prepotencia, contaminación, malas costumbres. Y qué había de las truchas perdidas, de las chicas seducidas, de las malas costumbres copiadas por los jóvenes, de las cantinas corrompidas para violar la ley seca, del trabajo ofrecido y nunca llegado para el pueblo, de la falta de respeto, en fin, la misma mala repetición de la historia del Perú rural. Las excusas y promesas de Rubén Soto no apaciguaron  la justa indignación en nada, parecía un colegial reprendido.

La historia del verdadero hallazgo nos la contó luego el gobernador. El fiscal había recibido finalmente, de su adivino en San Mateo, nueva información casi coincidente con la de la brujita local: la bc debía buscarla en su propia casa o en la de algún pariente cuya casa tenía tales y cuales características, oculta horizontalmente bajo algunos pellejos. De esa descripción dedujeron que el cuerpo del delito se encontraba en “Plaza Vea” como era llamada la bien surtida bodega, propiedad de un sobrino del fiscal, situada justo pasando el retén hacia Jauja que abastecía a los trabajadores de GyM. Efectivamente, allí la encontraron ellos y no los de la empresa, que solo fueron llevados allí para testificar como responsables del hecho, pues estaba claro que allí la había dejado encargada el ladrón en espera de que se tranquilicen las cosas y poder evacuar la cleta oportunamente. En cuanto al sobrino receptador (en realidad la receptó su esposa, quien no conocía pero podría identificar al choro) era obvia su inocencia, ya que frecuentemente se le dejaba a guardar cosas (bcs incluidas) en su almacén. Para Nico, sin embargo, este relato no hacía sino confirmar sus sospechas de que el robo había sido planeado y ejecutado por el fiscal, lo cual a su vez confirmaba el hecho bien sabido en Lima acerca de la perfidia y degeneración del hombre andino. De GyM y CELEPSA ni hablar, es conocido su rigor en la selección del personal y en todo caso no se les puede acusar de esas menudencias, ya que lo suyo es el lobby y la corrupción de alto vuelo. Aunque yo no comparto ese enfoque, y no me cabe duda de la autoría del hurto, la verdad nunca se sabrá porque, al contrario de lo que prometieron, con la devolución de la cleta cerraron el caso.

 

La Ruta 2008

Por la ruta de Pachachayo-Cochas nada ha cambiado, la carretera en aceptable estado, mejora harto –para fines carrozables- pasando Cochas, cortesía de GyM, que se ha permitido instalar un retén en la base de la cuesta a Shaqshaq.  Por ello, la SW que tomamos en Jauja bastó, por una razonable suma, para un trayecto razonablemente cómodo. Si bien este segmento –tendido, visual y casi nulo de tránsito- es una buena alternativa cicloturística, coronar Shaqshaq desde Pachacayo por esta ruta, con carga, toma un día y medio y nosotros preferimos obviarlo por cuestiones de tiempo y energía, que preferimos guardar para otros segmentos superiores más adelante en la ruta.

Arrancamos entonces, desde el abra Shaqshaq (circa 4800 msnm) cerca del mediodía. El descenso a Tragadero se hace en 15 o 20 minutos de alta velocidad auspiciada por la excelente superficie de la carretera. La misma condición hace que la suave cuesta a Tanta no sea más que un placentero ejercicio que termina antes de las 2 horas, estando bien instalados a media tarde.  El plan desde aquí consistía en hacer dos segmentos de ida y vuelta en un día cada uno con base en el pueblo: el primero era Tanta-Mullucocha-Escalerayoc, paseo hiperpaisajístico como todos los de por aquí, con una fuerte cuesta de ida y el correspondiente downhill de vuelta. Esta fue lamentablemente cancelada por el incidente de la Yeti.

Sí hicimos, en cambio, el placentero segmento Tanta-Ticllacocha. Después de un km de cuesta, algo complicada por lo pedregosa, viene una sucesión de largas terrazas suavemente escalonadas recorrida por esos senderos múltiples de ganado típicas de la puna que le da variedad e interés a la pendiente, casi imperceptible, en la búsqueda de la mejor línea, lo suficientemente difícil para hacerla divertida pero no tanto como para hacerte pasar por alto el imponente paisaje de 360°. Esta vez, por lo tardío de nuestra salida, no llegamos a Ticllacocha, nacimiento del Río Cañete, pero confirmamos las altas cualidades técnicas y escénicas de este segmento. Pero si el ascenso es agradable, el descenso de vuelta es más que placentero a la velocidad precisa para conciliar adrenalina y contemplación.  Otro bocatto di cardenale, Tanta-Ticllacocha.

Saliendo de Tanta, algo tienen las salidas de Tanta, tal vez esa luminosidad matutina de la cordillera con tanto de expectativa con el Pariacaca dominando absolutamente el paisaje. El desastre visual del Guarco convertido en cantera lo mitiga la pronta aparición de Paucarcocha pero los demasiado frecuentes cruces con camionetas y volquetes corporativos nos hacen presente que cambios grandes se están sucediendo en este techo del Perú. Retomada de vuelta, esta vez en descenso la carretera Tragadero-Tanta, nos sorprende lo suave que fue la subida cuando la velocidad de bajada indica una pendiente sostenida y nada tendida. Linda carretera para corretear, en todo caso. En una media hora estamos enTragadero, previa pascana en los baños termales.

Ya son 8 años que hice el Tragadero por última vez y la memoria me lo devuelve muy amable, con fuerte predominancia de lo paisajístico sobre lo técnico. Esta ocasión me recuerda que no lo es tanto así. Si bien el marco geográfico es de los más impresionantes, de ningún modo es el sendero clase III con que lo había calificado antes. Y no es una cuestión tanto de pendientes ni de obstáculos como del esfuerzo a desplegar en un segmento cuya culminación no parece llegar. Hay en Tragadero una sensación de urgencia que contrasta con el gusto con el que se vive este paisaje, cuya dulzura enmascara su agresividad, que en nuestro caso se manifestó como una creciente llovizna que, sin empaparnos, nos enfrió lo suficiente como para recordarnos que a pesar de las horas avanzadas siempre falta lo mismo para salir y nos mantenemos demasiado cerca de los inestables 4000 msnm.  La entrada al Tragadero está a unos 4100 msnm y Vilca a unos 3900, pero para explicar mejor el IV+ que ahora le aplicamos hay que  completar la ecuación que indica 400 metros ascendidos y 600 descendidos.  Parece que este año el Apu cobró las víctimas siempre reclamadas: Tanto en Vilca como en Huancaya nos contaron que la última Semana Santa se apareció un nutrido grupo de cicloturistas.  Desinformados como estaban de las características de la ruta, parece que atacaron el Tragadero a destiempo, sobrecargados y sin tener en cuenta el clima inestable típico de esa época. El resultado fue una penosa y lodosa procesión que agradecía a Dios el fin del segmento. Nosotros más bien solemos agradecerle su existencia pero, si tenemos en cuenta que comenzaron a llegar a las 10 am y por tanto deben haber pasado la noche arrastrando las bcs en el barro y/o en muy húmedo vivac, su ingratitud es casi justificable.  De cualquier modo, Tragadero es una de las mejores joyas del ciclomontañismo peruano. Vayan antes que sea demasiado tarde: el municipio de Tanta promueve la construcción de la carretera Tanta-Vilca que este año se aplazó por falta de presupuesto. Nosotros creemos que no siempre las carreteras implican desarrollo, menos en lugares como este cuyo potencial económico es el turístico y su valor es precisamente el conservarse igual que en los últimos 500 o más años.

Aunque el tramo  Vilca-Huancaya, con su carretera y sus postes dista mucho de mantenerse prístino, es fácil imaginarse cómo era hasta hace 30 años descalando un poco el acantilado desde la trocha para perderla de vista y sumirse en la contemplación de las lagunas y sus cascadas, la andenería, los remanentes del camino inca y despedirse del Pariakaka. En cambio, este es el peor segmento carretero de toda la vuelta, con muy poco mantenimiento y muchas piedras sueltas por la erosión del tráfico. A un par de kms de Vilca y, aunque se supone que a Huancaya se desciende, empieza un ascenso sostenido mitigado por la visión del río, de sus lagunas, de las cascadas, de la andenería que recién culmina a los 10 kms con un rápido descenso de 3 kms hasta Huancaya.

Encontramos el pueblo bastante mejorado pero la zona de camping en los puentecillos ostenta uno de esos exabruptos arquitectónicos con que los políticos locales suelen desgraciar el paisaje apenas cuentan con un poco de recursos. Consiste en una especie de parador que, aunque pueda resultar práctico para cierto tipo de visitantes, rompe totalmente con el paisaje y luce un estado de abandono contrastante con el hecho de que nunca parece haber sido usado. La contraparte positiva consiste en la labor de empedrado de calles que se encuentra en plena obra. En cuanto al alojamiento, a pesar del boom turístico, no ha mejorado ni aumentado mucho desde la última vez que vinimos. Fuera de temporadas altas, sin embargo, alcanza para todos. Dormimos allí luego de una tarde de harta precipitación que en la mañana siguiente nos regaló con los cerros totalmente blanqueados por la nieve. Desde la comodidad y tibieza de nuestro alojamiento fue reconfortante saber que esa nevada pudo caernos en pleno Tragadero pero no había sido así.  El tramo hasta el km 0 –desvío a Miraflores- muestra una muy buena carretera. Esta vez obviamos el delicioso singletrack entre Vitis y Piticocha  pero constatamos que sigue allí tal cual.

A poco de empezar el ascenso de 7 kms a Miraflores y después de unos gélidos vientos, empezó otra lluvia que nos acompañó hasta el pueblo.  Pero no es ni la buena carretera ni el bucólico paisaje lo que nos atrae a este poblado, si no el pueblo colonial fantasma de San Agustín de Guaquis y, sobre todo,  –vamos- el sendero que lleva a él. Este singletrack de 4 kms es otra verdadera joyita. A pesar de su brevedad, el paisaje y la perfección del segmento, sumada al alto riesgo de algunas cuadras, sin margen de error, de caída a un vacío de 300 m en promedio, hacen una experiencia intensa que bien justifica la visita exclusiva.  El pueblo está situado en un el promontorio del espolón divisor de la quebrada de Miraflores y el Alto Cañete  desde donde se dominan las andenerías propias, invisibles desde la carretera, una buena parte del río, y toda su quebrada, además de todas las cordilleras de los alrededores, sobre todo las del sureste de Yauyos y Noreste de Huancavelica. Las casas de piedra, destechadas, se encuentran casi todas en pie y destaca la nave de la Iglesia y su torre, visible desde la carretera y muchos otros puntos. El sendero, de ancho medio, clase IV + asciende, en la ida, unos 150 m, que hacen una trepada relativamente suave pero técnicamente exigente. El mismo segmento de vuelta es un DH cuidadoso, clase III con un par de problemas clase IV+ la primera mitad y la segunda, más ancha y limpia, ya sin el abismo al lado, deja soltar los frenos y hasta saltarse un par de escaleras. Además existe una salida DH más larga y técnica, aparentemente clase V, de Guaquis directamente a la carretera grande que estamos dejando pa la próxima.

De Miraflores al desvío de Laraos, pasando por el Tinco de Alis  no toma ni una hora de pura velocidad. Otro cantar resultan los nueve kms de cuesta al pueblo, pero el viento a favor ayuda bastante y se puede hacer en poco más de una hora de trabajo sostenido. Al igual que en Miraflores, se debe confesar que no es la espectacular andenería ni el interés por constatar qué tanto afectó al pueblo el ultimo terremoto, ni siquiera los exquisitos churrascos de alpaca, que ya no hay, lo que nos atrajo aquí.  Sobre todo venimos a por un segmento –un loop, tal como lo hicimos esta vez- que en dos oportunidades anteriores aproximamos sin culminar: el loop Laraos-Tintín-Laraos. Saliendo de Laraos se sube tendido hasta los 3800 por un singletrack paisajístico, relativamente estrecho pero cómodo, que va dejando atrás una excelente vista del pueblo y los andenes y tiene por delante las montañas de Carania dominadas por el Apu Llongote. A partir de este punto, sobre la esquina entre la quebrada de Laraos y el Cañete, empieza el descenso, técnico, clase IV+ y plagado, en el último cuarto de los 18 kms, de agresivos cardos. La segunda mitad, marcada por una megacárcava que hubo que portear en cadena, se encuentra algo sucia de piedras y poda. Dura pero excelente ruta. El loop se completa haciendo casi toda la carretera desde Tinco Alis, solo que esta vez los 9 de Laraos son bastante más macheteros.

Sobre el tramo carretero clásico de salida no hay mucho que decir, salvo que se repite siempre con mucho gusto, toma todo el día y culmina en Catahuasi con el consabido baño en al Cañete, ya tibio, pero con su linda playa desgraciada en cantera cortesía, para variar, de Cementos Lima.

Fotos en:  http://picasaweb.google.es/aputrails/Pkk2008?authkey=Gv1sRgCKGW3refzvL2oQE&feat=directlink

El Camino de Santana

abril 8, 2009

Para abrir la primavera andina 2009, a la altura de la circunstancia, este domingo celebramos los himeneos del Camino de Santana. Mi amigo Tolmos me había anunciado su regreso luego de un año en México, Querétaro, donde no había dejado de pedalear y había caído tan bien en la comunidad cletera local que incluso está dejando escuela. Con tal motivo, me dijo que le “organizara” un “buen paseo”. Como “buen paseo” se puede definir esta bajadita que había chequeado hace algunos años y que al comienzo de este invierno andino había trekkeado para comprobar su ciclabilidad. Tardé desde Lahuaytambo y con mochila de 20 kilos, 7 horas, incluidos descansos y su ‘ciclabilidad’ fue aprobada al 100%. En ese momento se convirtió en primera prioridad para este año.

100_5311

Como quien no quiere la cosa, en las últimas trepadas sabatinas al “Chiri” le estuve pasando la voz a la gentita de siempre para hacerla en mancha pero, previsiblemente, la propuesta fue amablemente ignorada, de modo que le pasé la voz a Alonso, siempre dispuesto a poner su mionca y su cuerpo para esta clase de novedades, y a Roda, con quien me había comprometido a pasarle la voz después de escuchar mi descripción del sitio. Pido la comprensión de todos los que se pudieran haber picado pero ya no había sitio y no se pudo conseguir otra nave. Pero me he quedado corto de fotos, así que vao!

Ni bien bajó la primera agua clara en el Lurín, la hicimos. A pesar de ser tan pocos, o tal vez por eso mismo, el relajo cundió desde el principio, así que recién después de las seis  estuvimos en Pachacámac, por Roda y don Ucedita, para que nos maneje. La ruta del valle fue algo amodorrante y, a pesar de la interminable pero siempre amena cháchara de Roda, se hizo largo. Ya poco después de Sisicaya los cerros exhibían el bozo verde florido que acusa la intensa temporada de lluvias pasada. Luego de la primera serie de desarrollos, todas las quebradas corriendo, la cascada de Matarachi en todo su esplendor y el verde lujuriante de la vegetación que todo lo cubre hablan de la abundancia de agua que nos deja el invierno.

100_52761

En Lahuaytambo, que luce su encanto de siempre realzado por el nuevo empedrado de sus calles estuvimos a las 11 y pico. En la entrada al caminito, a las 12. Demasiado tarde para lo que suelen empezar estos paseos y más tratándose de una ruta nueva. La ruta empieza, típicamente, en un camino ancho, invadido por pasto pisado por ganado, empircado a los dos lados que, también típicamente, se encuentra inundado. Pasamos el barro más o menos rápido pero luego de esta sección inicial el agua sigue corriendo a lo largo de los primeros 200 m del camino, que cruzada la primera quebrada empieza a faldear, se estrecha sin llegar a ser estrecho y muestra la característica general del camino y que será constante desde ahora: podrían llamarse escalones, pero la pendiente general es insuficiente para caracterizarlos como tales, así que lo llamaremos un adoquinado difuso y casi continuo, de densidad, forma y tamaño de adoquines variable (de 20 a 60cm de diámetro o lado).

A partir de aquí, y a lo largo de todo el recorrido, el ancho del camino varía entre  1,5 m en los faldeos y hasta unos 3 m en pampas y desarrollos.  El agua que corre entre los adoquines de este  faldeo inicial, haciéndolos resbalosos, dificulta esta primera sección, que aún sin agua, ya se ve algo complicada.  En efecto, al entrar, un poco atrasado a esa sección, veo que la torpeza que me cunde no sólo se debe a la desaclimatación de la altura y la rudeza de los caminos serranos, sino a que estos adoquines son realmente complicados. Ante la duda, Tolmos, que me esperaba un poco más allá, me confirma que el camino es realmente madrugador al punto que sus pulsaciones en esos primeros minutos, a pesar de ir totalmente en descenso, correspondían a un cabal ascenso. La razón, sin duda, estaba en la dificultad del adoquinado, que aún de bajada exigen completos cuerpo y mente. Reemprendimos lo que aparentaba ser el fin de las dificultades hasta encontrarnos en la primera quebrada con alonso y roda que nos reconfirmaron la dureza de esa primera sección.

100_5256

Fue bueno que lo fuera tanto porque a continuación comprobamos que era inmejorable introducción al resto del camino. A partir de allí el adoquinado continuaba más fácil para de allí, en ideal progresión, incrementar la dificultad técnica poco a poco hasta alcanzar y luego superar el tramo inicial. Lo alucinante, lo atractivo de esto, es que uno se acostumbra a esta progresión de manera que cuadra a cuadra, la valla de la imposibilidad de los adoquines convertidos en escalones se va elevando y en lo que diez cuadras antes uno arrugaba viéndolo imposible, ahora lo pasas, no como si nada, pero cada vez más acostumbrado a encontrar la línea en el rompecabezas de adoquines hasta encontrar otra nueva valla que, de nuevo, unas cuadras más adelante, se superará con fluidez.  Es así como la progresión del nivel técnico del camino va imponiendo el ritmo, que por la exigencia de hombres y cletas pide descansos más frecuentes.

La multiplicidad de líneas posibles hace de la combinatoria final de las mismas un juego apasionante. Cada uno, de acuerdo a su propia experiencia y estilo va haciendo su propia línea inmediata que se va tejiendo en líneas más largas cuya corrección determina el resultado final de los complicados problemas que periódicamente llegan, configurando las mayores joyas de Santana: los switchbacks escalonados.  Ante el fracaso o el éxito en la solución de estos problemas queda claro que el resultado depende mucho de haber tomado una línea correcta hasta 50 o más metros antes. Pero esto es una adivinanza, ya que es imposible desconcentrarse de la sección presente para observar la línea inmediata, así que se va improvisando. En muchos casos, las secciones eran completadas por sólo uno, o dos, o tres de nosotros, de manera que, aún en el dream team que configurábamos, ninguno pasó la prueba completa y tuvo que apearse, más o menos aparatosamente, donde uno o más de los demás la hizo.  Así, cuidadosamente, sección por sección de no más de 300 m fuimos tejiendo, completa, la épica bajadita de Santana hasta su agotada culminación en el mismo río Lurín, todfos los músculos y huesos del cuerpo placenteramente adoloridos. En estas condiciones, los 12 kms de montada por carretera hasta Cruz de Laya y Antioquia son un agradable relax luego de la misión cumplida.

La ruta, descenso total con un solo repecho de un par de cuadras consiste en dos faldeos conectados por tres series interminables de esos switchbacks escalonados. La última sección, yapa y culminación de esta bajada cuando ya hace rato que estás pidiendo chepa, consiste en un hermoso conjunto de escaleras “en espiral” que en menos de 1 km salva los últimos 200 metros hasta el río, donde se han descendido 1200 m (de 3300 a 2100 msnm) en alrededor de 9 kilómetros (14% de pendiente) salvados en hora y cuarto de montado neto (3 y media de tiempo total). Aunque Roda lo clasificó como un IV (en la clasificación internacional análoga para río de 6 clases donde clase VI es impracticable) yo, modestamente, le daría clase VI.  En todo caso,  el caminito de Santana no es apto para nada menos que muy expertos en excelentes condiciones físicas y con exclusivos gustos. Además, me atrevo a afirmar que es la ruta, 100% ciclable, más técnica que se haya hecho hasta hoy en Perú. En cuanto al camino en sí mismo, que nos lleva desde la bellísima campiña Lahuaytambina  con el magnífico apu Cinco Cerros siempre presente y en el descenso se va metiendo al espectacular cañón de San Damián, las dichas escaleras en espiral parecen confirmar lo que el monumental adoquinado previo sugiere: que estamos ante otro importante segmento del Qapaq Ñan y que por sus dimensiones y características arquitectónicas bien podría ser la sección perdida entre Antioquia y Chancuya hacia Huarochirí y Jauja. A ver expertos, investiguen. Qué tal ruta, Santana.

Mas fotos en:

http://picasaweb.google.es/aputrails/Santana?authkey=Gv1sRgCP2biPXNyuS85QE#

Rally en Totoritas, 15 años en la ruta

marzo 24, 2009

Desde su primera edición en 1994, la carrera de Totoritas se ha convertido en el referente obligado para ver quién es quién en el ciclomontañismo de competencia nacional, incluso acogiendo a algunos competidores extranjeros que se van encantados del alto nivel y diversión de la prueba. Y el encanto no queda solo en ellos. Para los nacionales no deja de ser un nuevo desafío, el ambiente familiar y veraniego a la vez que campestre y la lucha constante de los atletas, deja a los espectadores más que satisfechos del espectáculo. Aún así, el que se pretende cronista no puede sustraerse al otro desafío de la hoja en blanco, en cómo enfocar el tema para despertar y sostener el interés sin alejarse de la objetividad. En medio de ese dilema, apareció Guillermo de Vivanco, leyenda viva del ciclismo nacional, comprometido y terco promotor así competidor infatigable que parece (y más allá) mejorar con los años quien se mandó a la lista de interés de ciclismo, como si tal cosa, esta sentida visión, desde muy dentro, de lo que es y significa esta competencia. Con él los dejo, seguido, solo como referencia y comparación, del boletín oficial de los jueces de ciclismo.

100_5173

Hola amigos. Después de 8 años he vuelto a correr el rally Totoritas. La verdad es que luego de haber competido ininterrumpidamente por 15 años perdí la motivación. Así que los últimos días me debatía en mi dilema hamletiano: corro o no corro; estoy entrenado pero no quiero adrenalina. Finalmente dicidí que el mismo domingo iba a tomar la decisión. Efectivamente a las 3.30 a.m. me desperté ya decidido. 

 

En la carretera parecía que todos se dirigían a Totoritas. Carros, micros, hasta ómnibus llenos de bicicletas. Lo primero que hice al llegar fue ir al puente roto para inspeccionar hasta qué punto el río nos había inundado. El circuito tenía harto lodo, bueno igual para todos. Luego en el punto de partida todo el circo montado, gran convocatoria, colorido y un sol abrazador como preámbulo natural del infierno que nos esperaba.

 

100_52122

Ya en la partida, estábamos todos, élites y masters, mezclados. Felizmente soltaron la categoría élite tres minutos antes que los masters. La partida fue muy rápida, entrar a la tierra entre los punteros disminuye el riesgo de la primera curva, aquella donde acabé alguna vez sumergido en el agua. Esta vez entré en el sétimo puesto para ir recuperando paulatinamente mi ubicación de carrera, preferentemente entre el segundo y tercer puesto. En esta ubicación me encontraba cuando dimos la primera curva anegada, justo antes de la recta arenosa. Primera caída, logré esquivar a los dos ciclistas pero un tercero se estrelló por atrás y a montar de nuevo. Se produjo un quiebre al que iba a corretear durante la próxima hora y media.

 

¡Qué linda carrera! el trazado muy bien señalizado, no hubo curva donde no encontrara público, los élites que íbamos alcanzando colaboraban haciéndonos el espacio para el pase, Jonathan Davis (campeón Panamericano) era mi referente.

 

La cuesta de Mala, las laderas luego del cementerio, la entrada a Santa Cruz de las Flores y la subida caliente y pesada dieron paso a una carrera muy rápida en su tercio final. Tomas a gran velocidad la curva bajando la cuesta y te diriges a donde queda la cancha de fútbol, zona en bajada rapidísima y ciega donde, ¡oh sorpresa! se nos presentó un carro contra el tráfico. Debo haber derrapado medio metro antes del impacto donde solté el freno y la bici se enderezó y logré evitarlo.

 

La sorpresa venía luego del puente roto, mitad lodo mitad arena, no había cómo evitar las trampas naturales, salimos a la carretera y completamos la primera vuelta. Faltaba los últimos 7 kilómetros. Éramos cuatro los que nos perseguíamos. En una curva perdemos por caída a Johan Ramberg y no lo esperan. En otra curva termino yo en un matorral lleno de espinas y se me van los otros dos, llegando a la meta hemos perdido 20 segundos con ellos y 57 con Davis.
 
 
 
 

 

Linda carrera. Felicitaciones a todos los que ponen su granito de arena y con la que ya cumplimos quince años seguidos. Nada de esto podría darse sin el entusiasmo de los deportistas, sin los auspiciadores, jueces y organizadores. Buen trabajo muchachos, solo falta mejorar los controles de tiempo y volverla internacional como fueron las primeras ediciones. (Guillermo de Vivanco Roca Rey)

 

 

Más datos

Fueron 324 bravos ciclistas, que sin importarles el sofocante calor, ni el lodo que dejaba el río Mala, ni las cuestas, ni el trabado trazado de la carrera, se entregaron al máximo de sus capacidades para luchar por una buena ubicación y tratar de llegar a la Meta, a pesar de las caídas, pinchaduras y otros desafortunados desperfectos mecánicos.

 

El primer grupo en salir fue el Élite. Víctor Anco, Gustavo Orellana, Jesús Arcila, Pedro Yaya y Jhon Cunto buscaban adueñarse de la punta de la prueba. El ritmo de carrera era violento, rápido, nadie daba tregua. A la meta ingresa triunfante Gustavo Orellana (Ola Tepsa) cronometrando para los 40 kilómetros de recorrido 1h 26 minutos y 20 segundos. Segundo arribó el ayacuchano Jhon Cunto (Vinos Tabernero). La emoción y suspenso por el tercer puesto lo pusieron Pedro Yaya (Team Best) y Jesus Arcila (Team Play), dado que casi sobre la línea Yaya logró superar a Arcila. Quinto arribó Victor Anco (Team San Juan).
 
Los Masters A-B y C, partieron un minuto después. Los ganadores fueron: el cusqueño Russo Covarrubias (Russo Bikes) en Masters “A”, Jonathan Davis (Interbank) en Masters “B” y Guillermo De Vivanco (Regatas Lima) en Masters C. En Damas Open la triunfadora fue Goyie Dumler (Team Play), escoltada por Milagros Chalela (Totoritas Best).

Más fotos: http://picasaweb.google.com/aputrails/Totoritas2009?authkey=Gv1sRgCOKa7oDR0-25Ow#

10. Tauripampa, enero de 2001 (II entrega), publicado el 12 de julio de 2008

octubre 2, 2008

Desde nuestras primeras incursiones por las Lomas de Lima nos hemos familiarizado con estas construcciones de laja que se agrupan o se salpican en determinados lugares y que muchos toman por “ruinas” sin equivocarse del todo porque si se intenta averiguar quiénes pusieron la primera piedra de estos microasentamientos sin duda tendríamos que recurrir al C14, aunque también es posible que los cambios ecológicos acaecidos desde los primeros tiempos hayan determinado otros sitios para mayores establecimientos, como la evidencia de verdaderos restos en otros lugares de lomas y demás pisos con cobertura vegetal en la vertiente del Pacífico sugiere.

El hecho es que al llegar el invierno nos enteramos de que estas construcciones en la actualidad sirven de vivienda estacional para los numerosos (¿?) grupos familiares que todo el año literalmente trajinan de arribabajo y de abajoarriba con su ganado vacuno y caprino y aunque ya habíamos visto de cerca el modus vivendi de estos limeños atípicos, esta vez íbamos a tener un contacto más estrecho, porque era evidente que esta noche tendríamos que ser sus huéspedes. Los Valerianos accedieron de buena gana, con la previa sorpresa e incomprensión habituales por nuestra aparición y motivaciones: “¡Yo no me atrevo!” repetía entre carcajadas el jefe cada vez que detenía su quehacer para observarnos. Ellos habilitan sus viviendas completando con una estructura de palos las paredes permanentes de piedra y cubren el conjunto con techos de plástico o lona en algunos casos; cueros hacen las camas y el mobiliario obviamente es lítico. Del mismo modo nos habilitaron una pequeña habitación y después de una deliciosa sopa de leche y queso sazonas con yerbas de monte, dormíamos como niños.

Despertamos a las 4 de la mañana para emprender el resto de la caminata, que hicimos sin novedad en un par de horas por cerros completamente cubiertos de verde que recién empezaban a florecer apenas terminada la estación lluviosa. Llegamos a primera hora de una linda mañana que nos mostraba al pueblo tal como lo recordaba, excepto que en la entrada presentaba un teléfono público. Desayunamos en casa del profesor Bernabé y luego nos fuimos a descansar al albergue comunal que el alcalde Joaquín Escalante puso a nuestra disposición. Empleamos la tarde en visitar uno de los bosques de Tauripampa.

Cuando a principios de la década pasada, gracias a una mezcla de azar y de correcta interpretación de cartas descubrimos y establecimos las rutas “de Olleros”, se especuló mucho -y hasta ahora se hace- sobre la probabilidad de que existieran docenas de rutas análogas a todo lo largo de la Vertiente del Pacífico, siendo el sentido común creer que así era. Sin embargo, un análisis más detenido de nuestra geografía nos demuestra que esas joyas son más bien escasas y que es muy poco probable que existan ese tipo de bajadas de la Cordillera a la Costa y con condiciones tales que permitan su ciclabilidad fuera de los departamentos de Lima y Áncash, donde los Andes caen virtualmente a pico al mar y las cabeceras son de acceso relativamente fácil.

Desde esos años inferimos en base a los mapas de 1:100000 que por lo pronto 2 regiones en los alrededores de Lima presentaban rutas comparables a Olleros: una de ellas eran los interfluvios intermedios de Chillón y Chancay, específicamente en la zona de Huamantanga y otra era la de las cabeceras del río Omas, uno de cuyos principales afluentes nace en las alturas del distrito de Tauripampa, Yauyos. A las rutas de Huamantanga, de muy fácil acceso, hicimos una primera aproximación en el año 95 y se culminó con éxito su establecimiento el año siguiente, cuando bajamos de las bellísimas campiñas por la ruta que usa la peregrinación del Señor de Huamantanga.

Tauripampa fue otro cantar. Aunque con los muchachos del High Flight Cycling Club le creamos una aureola legendaria en una época de intensos descubrimientos que incluyeron, entre otros sucesos menores, el establecimiento de la ciclabilidad del Bosque de Zárate y culminó con la Ruta del Pariakaka, Tauripampa (Yauyos, 3574 msnm), se mantuvo hasta ahora en el secreto o a lo más dentro de la categoría de lo pintoresco debido a su difícil acceso: en efecto, un ramal de la carretera de penetración de Omas te deja 1500 m debajo del pueblo: desde allí, a cargar tu bicicleta si te atreves la tremenda pared que te separa del hasta entonces dudoso éxito. Eso, la pared y la duda mantuvieron a Tauripampa en el incógnito.

Sin embargo, la visitamos. En la época antes mencionada, no recuerdo exactamente cuándo, la curiosidad espoleó nuestra voluntad y subimos personalmente Pepe Colareta y un servidor a investigar. Solo íbamos a preguntar por la ruta inferida, sin embargo, porque estudiando las cartas nos sedujo más intentar la conexión con Ayauca, en la cuenca intermedia del río Cañete. En realidad, una forzada e incorrecta similicadencia me había hecho confundir Ayauca con Huancaya, que de hecho se encuentra lejísimos y hacía tiempo quería visitar en bici, induciéndonos a emprender esa ruta, que a pesar del error y de ser escasamente ciclable, nos reveló, guiados por el profesor Dionisio, el concentrado potencial ecológico y turístico del hinterland. Porque desde que salimos de las altas quechuas de Tauripampa conocimos, por el aroma, de su tremenda diversidad de hierbas medicinales mientras subíamos a la Suni ocupada por extensos y densos queñuales, tal vez los mayores de Lima (habría que comparar con los de Carhuapampa en la ruta del Pariakaka, y con los del Alto Sta Eulalia), que forman un collar alrededor de esta Punita, que, a pesar de los furtivos de aspecto marcial que a veces incursionan , alberga la mayor población de vicuñas de Lima (y segunda en el Perú , después de Pampa Galeras), testigos antiguos de cuántos alucinantes crepúsculos sobre el Pacífico, visible desde allí muy por encima de donde se espera el horizonte. Esa vez aportamos a la Apachecta del “Camino Paisano”, que recorre toda la divisoria entre Mala y Cañete, desde Cerro Azul hasta el Apu Llongote, que desde aquí parece una columna de hielo, el Nevado más próximo al mar en todo el Perú. De allí conecta el camino con Huancayo y Tarma. De las nieves del Llongote nace el río Ayauca, cuyas truchas saboreamos esa noche después de descender de la Suni de Moruco, rincón de singular belleza donde el granito megalítico realza la enigmática sombra de los queñuales. Pero esa ruta, en todo caso, conforma un excelente trekking. Esa vez, al pie de la Apachecta, por fin al profe Dionisio lo obligamos a admitir que tal vez, una de las bajadas a Cañete o a Quilmaná efectivamente fuera demencialmente ciclable por alguna especie de masoquistas o suicidas.
************

Guardé el dato de Dionisio durante los últimos años esperando que la novelería por los últimos y más convencionales descubrimientos se desvaneciera. Los guardé hasta que se presentara la oportunidad y la compañía adecuada, pero hay tanto que hacer de nuevo que éstas se veían muy esquivas. Pero era también que la memoria convertida en instinto me disuade de emprender un ciclotrekking que los recuerdos no me presentaban como tan bravo, pero ese instinto simplemente cumplía su función y simplemente no iba. O sino porque convencer a la gente de ir a un sito nuevo siempre ha sido labor de gota que horada la piedra.

A pesar de todo este discurso cicloexistencial, no fui yo el que tomó la iniciativa para la expedición definitiva. Autoexiliado en el Norte Grande, dejé en manos de PeruBike el proyecto, que se vio favorecido por el hecho de que la familia de César había adquirido una chacra cerca de Omas. El convertirse en un local de la zona le llamó la atención sobre el lugar y hasta en dos ocasiones planeó expediciones que por uno u otro motivo no cuajaron.

Intentar dominar o siquiera controlar el durísimo Bosque Seco del NO en bicicleta fue una tarea que había dejado su secuela física y mental en mi persona; además, recién llegaba de Máncora a reaclimatarme a la velocidad y al modo citadinos. Por eso, cuando al día siguiente de llegar me dicen para ir, me niego de plano; además, previendo algo así, había dejado todo mi equipo con mi mudanza, que llegaba una semana después. Nunca se conoce uno lo suficiente ni cómo el bichito ese te domina y te obliga a ir como siempre prometiste que nunca irías: subequipado y encima con todo prestado. En eso pensaba ya de entrada en Omas mientras calculaba el peso de la mano de finísimos “maleños” de la isla y los dos contundentes (excelentes) tamales que compramos en Esquina de Asia, único peso que se aliviaría del equipaje durante el duro ciclotrekking que nos esperaba.

Esquina de Omas se llama el recodo donde la Quebrada Guayabo aporta por el E al río de Omas, que corre de NE a SE. De aquí arranca la repartición que acerca a Tauripampa. Los cerca de 20 kms de trocha, aunque de pronunciada pendiente, se hacen fáciles por lo variado del terreno y la particular geografía. En efecto, si el valle de Omas puede decirse rico y la vegetación en esta época del año (principios de abril) se puede decir lujuriante, la peculiar orientación de la quebrada Guayabo -que nos remite de frente al bosque de Zárate o la zona de Rupac- condiciona un conjunto de microclimas en toda la cuenquita que determinan su alto valor ecológico. En cristiano, esto significa que el paisaje es lindo y singular desde aquí como lo fue por el resto del viaje. De este vallecito, además de la rica y variada producción frutícola, se rescatan para el turismo convencional varios agradables lugares de pic-nic o de camping junto a un alegre arroyo de aguas cristalinas, algunas interesantes rutas de caminatas y los restos llamados “Pueblo Viejo”, aparentemente incas, bastante bien conservados y susceptibles de ser mejorados, en el límite entre el valle y una zona de vida muy poblada de grandes cactáceas y otras suculentas y espinosas que nos hace recordar el clásico desierto de Sonora (el del Gran Chaparral y muchas películas de vaqueros).

De mi anterior incursión sabía que la siguiente quebrada a Pueblo Viejo, en el lugar llamado Campamento estaba la entrada “correcta” para subir a Tauripampa. Aquella previa vez seguimos el camino que subía gradual pero implacablemente por la quebrada principal, pero todos nos dijeron que el mejor para nuestros fines era el de Campamento, el más usado entonces, que sube abruptamente por lo que en la práctica viene a ser una pared y luego enfila por las cumbres del contrafuerte hasta empalmar el corte de la carretera en proyecto que llega al pueblo. Y ya que insistíamos, bueno, hasta es posible que sea ciclable. El hecho es que al entrar esta vez por Campamento y preguntarle a la primera pastora que apareció, esta me aseguró que por ahí no era, observando con la habitual sorpresa nuestras máquinas. Yo no podía entender cuál era la confusión, pero por las dudas retomamos la carretera y un poco más allá nos dijeron que habían dos alternativas: el camino de la quebrada estaba rehabilitado y ahora era el más usado; pero si queríamos conocer el otro camino, podíamos tomarlo allí mismo, subiendo a campo traviesa por el cerro, donde cruzaríamos más arriba una de varias huellas de pastores que luego se unían al camino real. ¿Cuántas horas? …3…5…era imprecisa la respuesta; en todo caso, bien andado llegaríamos a Tauripampa al anochecer. Y ¿habrá alguien a quien preguntarle en el camino? Sí; hay varios ganaderos con “crías” arriba. Si ven bien allí, decían señalando a un punto a unos 500 metros casi directamente encima de nuestras cabezas, están sus campamentos. Ya nos habíamos mentalizado para una dura trepada, así que sin esperar disuasivos pusimos cuerpos a la obra de inmediato, a eso de las 2 y media de la tarde.

Nunca se sabe, en estos casos, adonde se va el tiempo. Lo cierto es que después de tres horas de escalar, arrastrarnos y, en algún adrenalínico instante, pedalear, habíamos llegado adonde los ganaderos, donde nos dimos con la esperada sorpresa de verificar que nuestras ingenuas estimaciones de que sus campamentos estarían a lo más a un cuarto de camino (mejor dicho, de trepada) de la cumbre, estaban de más: Pampa Larga, el estrecho descanso en la pendiente que tenía todo de larga pero nada de pampa, se encontraba recién completando el primer tercio de del cerro; de allí, todavía faltaba un número indeterminado de kms por el corte de carretera hasta el pueblo. A poco para las 6, sabíamos que no llegaríamos antes de la medianoche y, franco franco, el cuerpo ya no daba, así que allí nos quedamos…
******************

Las Cordilleras de Yauyos presentan la particular caracterìstica de ser no un segmento de cadena como en el resto de los Andes Occidentales, sino más bien un macizo que visto desde el aire puede compararse con una península donde las cuencas de Mala y Cañete y el llano costero vienen a ser como el mar y el istmo correspondería al estrecho contrafuerte, un cuello, destacado por la Cordillera Central en dirección SE-NW y que al acercarse a la Costa se eleva formando las Cordilleras Nevadas de Picchahuacra y Llongote, esta última la más cercana al litoral en todo el Perú. Llongote, Apu mayor de Yauyos, a su vez, proyecta lo que podríamos describir como un espolón de puna hacia la costa, divisoria entre las cuencas de Omas y Cañete, el borde del cual, antes de ramificarse y precipitarse al mar, se encuentra cubierto por una ceja o, mejor, un collar de bosques de qeñual. Al pie de uno de estos bosques, abrigada entre dos de estas ramificaciones (al NO) se encuentra Tauripampa (3574 msnm). El pueblo, capital del distrito del mismo nombre, fue fundado en 1821 y sus primeros habitantes provinieron de una serie de villas coloniales que bordean las quechuas que nos ocupan como otros tantos miradores al mar y cuyos restos son visibles aún hoy en la misma cota de Tauripampa aproximadamente. La región fue ocupada antes por los aguerridos Yauyos, que han dejado una serie de restos de regular importancia. La ausencia de restos Incas y de la lengua quechua indican que no fue conquistada aunque los restos de fortalezas que predominan entre la arquitectura nativa sugieren que tanto sus excelentes tierras de pastoreo como la completa variedad de pisos cultivables fueron más que codiciadas por los cusqueños, que seguramente prefirieron afianzar otras conquistas antes de emprender la dudosa aventura de vencer a los indómitos lugareños. De las tradiciones locales, la más recurrente refiere el paso de La Serna por la región. Vívidamente nos refirió el profesor Bernabé los fallidos intentos del ejército realista para tomar el valle de Cañete y sus ulteriores tentativas para entrar a la Sierra por Quinches, siendo rechazado también por las montoneras locales hasta encontrar la retirada al fin por Tauripampa, de donde tomaron las alturas del Llongote para enfilar finalmente hacia las Pampas de Junín. Solo desde aquí se puede figurar uno el enorme problema logístico de llevar un ejército completo de una a otra de estas quebradas y finalmente subirlo a la mortal jornada cordillerana. En la historia del terrorismo se debe incluir esta retirada: La Serna dejó, como macabra advertencia a sus perseguidores, la Iglesia del pueblo quemada con todos sus heridos y prisioneros dentro con el doble propósito de aligerar la marcha y disuadir a sus perseguidores. La historia moderna del pueblo sigue parecidos vaivenes a los del resto de las comunidades andinas del s XX: esplendor agrícola y ganadero republicano seguido del paulatino deterioro del entorno que conlleva una decadente y olvidada entrada la modernidad. A pesar de que ninguna carretera llega a ella, incipientes proyectos de manejo forestal y de fauna silvestre (vicuñas) así como un intenso comercio de derivados lácteos muestran que los habitantes de esta comunidad, de elevado nivel cultural, están listos a entran al s XXI. En este contexto, el turismo, en particular sus modalidades ecológica y de aventura, aparecen como complemento y factor ideal del desarrollo sostenido que ellos mismos ya prefiguran.
——– ——– ———

Desde nuestras primeras incursiones por las Lomas de Lima nos hemos familiarizado con estas construcciones de laja que se agrupan o se salpican en determinados lugares y que muchos toman por “ruinas” sin equivocarse del todo porque si se intenta averiguar quiénes pusieron la primera piedra de estos microasentamientos sin duda tendríamos que recurrir al C14, aunque también es posible que los cambios ecológicos acaecidos desde los primeros tiempos hayan determinado otros sitios para mayores establecimientos, como la evidencia de verdaderos restos en otros lugares de lomas y demás pisos con cobertura vegetal en la vertiente del Pacífico sugiere. El hecho es que al llegar el invierno nos enteramos de que estas construcciones en la actualidad sirven de vivienda estacional para los numerosos (¿?) grupos familiares que todo el año literalmente trajinan de arribabajo y de abajoarriba con su ganado vacuno y caprino y aunque ya habíamos visto de cerca el modus vivendi de estos limeños atípicos, esta vez íbamos a tener un contacto más estrecho, porque era evidente que esta noche tendríamos que ser sus huéspedes. Los Valerianos accedieron de buena gana, con la previa sorpresa e incomprensión habituales por nuestra aparición y motivaciones: “¡Yo no me atrevo!” repetía entre carcajadas el jefe cada vez que detenía su quehacer para observarnos. Ellos habilitan sus viviendas completando con una estructura de palos las paredes permanentes de piedra y cubren el conjunto con techos de plástico o lona en algunos casos; cueros hacen las camas y el mobiliario obviamente es lítico. Del mismo modo nos habilitaron una pequeña habitación y después de una deliciosa sopa de leche y queso sazonas con yerbas de monte, dormíamos como niños.

Despertamos a las 4 de la mañana para emprender el resto de la caminata, que hicimos sin novedad en un par de horas por cerros completamente cubiertos de verde que recién empezaban a florecer apenas terminada la estación lluviosa. Llegamos a primera hora de una linda mañana que nos mostraba al pueblo tal como lo recordaba, excepto que en la entrada presentaba un teléfono público. Desayunamos en casa del profesor Bernabé y luego nos fuimos a descansar al albergue comunal que el alcalde Joaquín Escalante puso a nuestra disposición. Empleamos la tarde en visitar uno de los bosques de qeuñual vecinos y después de cenar y confraternizar con los locales, nos fuimos a acostar temprano para amanecer al día siguiente para la desconocida jornada de descenso.

Al hacer las averiguaciones acerca de la ruta que íbamos a emprender, esta vez las estimaciones no fueron tan optimistas, pero en todo caso, los poblanos nos mandaron con el joven profesor llamado Brezhnev Soriano, quien iba a ver sus “crías” por allí por donde podía haber lugar a confusión en la ruta. En el breve trayecto que compartimos supimos de su recurrente historia, de cómo siendo un excelente y joven profesor titulado en Huancayo (aparentaba menos de 20 pero creo que tiene 25 años), su nombramiento era una y otra vez postergado a pesar de que sus condiciones y amor por su carrera y terruño saltaban a la vista. Nos ofreció una colección de fotos y una serie de tradiciones locales recopiladas por él mismo. Ahora partía a internarse en el despoblado que separa las quechuas de la costa a dedicarse a su labor “alternativa” de pastoreo.

Los primeros 5 kms, los que compartimos con el profe, excelentes, prometían el éxito de la exploración. El paisaje, imponente como es habitual en estos casos, era recorrido por el camino en suave descenso bajo una cornisa lítica que por partes presentaba lenguas de qeuñales que se descolgaban al abismo, que un poco más abajo se interrumpía brevemente en unos como balcones ocupados por corrales, huertas, una que otra casita y en dos casos, por estos pueblos coloniales en ruinas y de allí se repartía en varios contrafuertes que se sumergían en un manto blanquísimo de estratos. En el horizonte, exactamente encima de esta capa, una franja más azulada que el celeste del cielo denunciaba la “altamar”. Nos detuvimos donde el camino se dividía en uno que seguía faldeando y otro que tomaba por la fila uno de esos contrafuertes. Brezhnev llegó corriendo y excitadísimo por las recién reveladas prestaciones de las montañeras prometiendo aprender a manejarlas para poder guiarnos en futuras exploraciones. Nos despedimos de nuestro apreciable, excelente guía después de que nos asegurara que las doce horas que nos había estimado antes de ver nuestra performance se reducirían a un tercio y que casi todo (95% por lo menos, dijo) lo haríamos montados. Luego de una breve porteada y un surrealista encuentro cercano con un magnífico venado macho, vino el verdadero descenso por una vereda increíble, clase IV, V y VI, estas últimas posibles pero que por momentos nos obligaban a desmontar porque simplemente no había margen de error y a la izquierda había un precipicio de vacío limpio de 500 metros. Esta sección tenía como 8 kms por la pared derecha de un impresionante cañón que poco a poco se iba ampliando hasta convertirse en un vallecito poblado de alisos, molles y huarangos que ya acusaban el cambio de piso ecológico donde a poco aparecían las primeras chacras de la quebrada que aquí se llamaba Aliso y un poco más abajo Pócoto. En cierto punto había una placa conmemorativa de la rehabilitación del camino rural por los municipios de Imperial y Tauripampa allá por los años 60. Preguntando, supimos que la que estábamos recorriendo era la última sección del famoso “Camino Paisano” mismo que en las alturas usó La Serna para evacuar a Junín.

En esta parte el camino ya va por el lecho de la quebrada y es de lo mejor. Un singletrack (sendero) de alta velocidad amenizado por los variados cruces de los numerosos huaicos afluentes. 20 kms de pura y segura diversión, clase III, que como suele suceder no es un descubrimiento: a poco de comenzar nos encontramos con un local empujando su cleta que nos explicó que la ruta es usada por los agricultores de Sta Cruz del Valle desde y hacia Imperial. Fue una suerte que así fuera, porque al inicio de esa sección mi llanta trasera me había comenzado a dar problemas y luego de varias reparaciones infructuosas que echaron abajo nuestra buena regularidad, colapsó justo cuando comenzaba la trocha carrozable, absolutamente intransitada y todavía a 35 kms de Roma, nuestro destino cerca de Imperial. El panorama era triste, porque calculando la velocidad de camino calculé llegar no antes de las 10 pm. Como no tenía sentido que los tres pagáramos pato, convencí a los compañeros (creo que hasta aquí olvidé mencionar al leal escudero Jose Coloma) de que siguieran montando y ya nos veríamos en Lima. Pero mi ángel de la guarda se apareció personificado en otro local que regresaba de su faena y me dijo que no había problema, que el cosería mi llanta como tantas veces había hecho con la de su bici. Me invitó a su casa y mientras ponía amables manos a la obra, me invitó un reparador jugo de maracuyá y amenizaba la labor dándome detalles sobre la zona y todo lo que me pudiera interesar. Media hora después estaba en ruta y al poco rato me encuentro con César, que iba a mi rescate cargando una llanta nuevecita que por una de esas casualidades de la vida habían encontrado y comprado a ¡35 soles! en Pócoto, 5 kms más abajo. Fue una suerte, porque mi otra llanta comenzaba a seguir el mismo camino que la primera, así que la cambiamos y seguimos rumbo a Roma, adonde llegamos poco después de anochecer.

La exploración había sido un éxito, la ruta medía como 65 kms de los cuales 35 eran excelente singletrack y el resto una excelente trocha. Ello nos llevó a planear el regreso en Semana Santa con más gente. Como había teléfono en Tauripampa, fue posible coordinar la logística con anticipación de modo que esta vez habría una recua de burros esperándonos para subir nuestras cletas y suavizarnos el penoso ascenso. Por desgracia el transporte, la pesadilla del turismo en nuestro país, una vez más falló y nos hizo llegar a media tarde, una hora después de que los burros habían emprendido el regreso. Si bien la situación era difícil,no era desesperada. Nos organizamos de modo que la gente subiera con el mínimo equipaje al toque mientras tres de nosotros nos quedaríamos en el sitio con las bicicletas a reunir los 8 burros necesarios, cosa que no sería tan difícil puesto que estábamos en el puertito de salida y llegada a Tauripampa en un día de comercio y constantemente llegaban burros cargados de queso y otros productos. Partimos poco antes del anochecer y lo que vino a continuación fue una encantadora caminata a la luz de la luna llena arriando nosotros mismos los burros por un caminito que una y otra vez me hacía pensar cómo aún hoy todavía es posible viajar como lo hizo Raimondi hace siglo y medio por estos mismos caminos a lugares a los cuales no hay otra manera de llegar. No hay palabras para expresar mis sentimientos cada vez que en una curva del camino volteaba para ver a Jose arriando feliz a los animales, iluminado por esa magia indescriptible de la luna serrana.
De este viaje vale destacar el entusiasmo y vitalidad de Gustavo Swayne y Lalo Málaga, del “Flight” que emprendieron el recio trekking hasta medianoche tan solo para darse el gusto de hacer el descenso a primera hora del día sgte. Llamaron esa tarde para darnos sus impresiones de la ruta. Tanbién la participación de la simpatiquísima Viviana Rossi, que una vez más desmiente aquello del sexo “débil”. Esta vez, con más días disponibles, pudimos explorar mejor la zona, abarcando otros bosques de qeuñal, los anexos vecinos, el Apu tutelar del pueblo, escenario de las fiestas y tradiciones locales y sobre todo hicimos otro increíble camino de 15 kms y que incluye la zona llamada Concepción, donde uno de aquellos bosques de qeuñal que se descuelga de las cornisas pétreas se convierte en un hermoso bosquete de chachacomo, calatillo y otras especies que le da el toque de surrealismo al recorrido. Nos dijeron que esa ruta llega a Zúñiga y según todos los indicios, refrendados por las versiones locales, debe ser ciclable en suficiente medida como para intentarlo. Veremos. El domingo de Pascua hicimos el épico descenso sin más novedad que unos cuantos sustos y mucha adrenalina.
Sin temor a incurrir en el lugar común, podemos decir que Tauripampa es un lugar privilegiado con una variedad de recursos naturales y obra humana que lo convierten en un destino turístico ineludible, tal como lo espero haber dado a entender en esta crónica. Gran parte de su encanto se debe a la ausencia de carretera de acceso de manera que conserva en buena parte intacto el ambiente tal como fue en los últimos 200 o 300 años. Es necesario cultivar entre sus educados habitantes la necesidad de mantenerlo así cuando la inevitable y necesaria vía de comunicación llegue, cosa perfectamente posible si se desarrolla una adecuada estrategia turística que se complemente y retroalimente con los otros frentes de desarrollo sostenido. Con Tauripampa y luego de completar la Ruta del Pariacaca/Alto Cañete y visitar la cuenca de Ayavirí/Quinches hemos completado un gran rodeo a las Cordilleras de Yauyos (Picchahuacra, Ticlla, Llongote) notable recurso ecoturístico que constituye otro importante aporte colectivo del ciclomontañismo de vanguardia a la oferta turística nacional. Estamos a la espera de que las autoridades del sector despierten de su letargo y proporcionen de una vez por todas el marco para que se convierta en factor de desarrollo sostenido.
En la versión de Semana Santa participaron: José, César Ortega, Fernando Castro, Viviana, Kiko Bustamante, Negro Fortuna, GG(se lee yiyi) Deza, Dino Vanucci, Arturo, Lalo, Gustavo, Andy, Chino Beto, Gonzalo Gómez Sánchez y tal vez alguien más que se me escapa y a quienes pido disculpas. Trekkeando fueron Pepe Colareta y su esposa Jackie Velasco, Víctor Abanto y Willy Reaño. Hace cosa de 2 meses regresó una pequeña comisión del “Flight” integrada por Lalo y Carlitos Málaga, Jose, Hugo Salazar, Gonzalo Valera y 2 burros cargados de juguetes y útiles escolares.

Más fotos en http://picasaweb.google.es/aputrails/TauripampaVol?authkey=lLwdk8NhxX8