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	<title>Viajes en 2 ruedas</title>
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	<description>Por: Yuri Mellet</description>
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		<title>Un relato de Wayo Stein para reencontrarnos…</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Sep 2010 15:59:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>viajesen2ruedas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Tenía una crónica viajera  propia lista  para retomar el blog cuando llega a la lista de interés de ciclismo este relato de Wayo Stein contándonos casi como cualquier cosa acerca de su participación en el Mundial de Mountain Bike en Camboriú, Santa Catarina, Brasil.  Aunque el tema no es estrictamente viajero, el protagonista es tal [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=79&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><strong>Tenía una crónica viajera  propia lista  para retomar el blog cuando llega a la lista de interés de ciclismo este relato de Wayo Stein contándonos casi como cualquier cosa acerca de su participación en el Mundial de Mountain Bike en Camboriú, Santa Catarina, Brasil.  Aunque el tema no es estrictamente viajero, el protagonista es tal vez quien mejor vende Perú como destino cicloturístico especializado lo cual, obviamente, lo hace un gran viajero. La frescura y espontaneidad de su relato es cautivante e ilustra algo de las penas que tenemos que pasar quienes alguna vez representamos a nuestro país en algo que no sea el tan injustamente y bien pagado peloteo. Buena Wayo, estamos muy orgullosos de ti.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2010/09/yuri1.jpg"><img class="size-medium wp-image-80 aligncenter" title="yuri1" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2010/09/yuri1.jpg?w=364&#038;h=257" alt="" width="364" height="257" /></a></p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">Hola amigos,</p>
<p style="text-align:justify;">Les escribo para contarles mis experiencias en el Campeonato Mundial Masters 2010 disputado en el famoso circuito de Camboriú, Brasil.</p>
<p style="text-align:justify;">El año pasado, unos amigos de Brasil vinieron a Perú para hacer un tour de DH con Inkas Adventures y fue ahí donde nació la idea de competir el mundial de masters.  Hasta ese momento no tenía idea de dónde iba a ser pero como de costumbre, suele desarrollarse en un país europeo y eso hace muy difícil económicamente estar presente.  Estos muchachos brasileros vinieron con la grata noticia que en los próximos tres años, el evento se va a desarrollar en Brasil así que me pusieron las pilas y todos los días pensaba en la posibilidad de participar en mi primer mundial de Mountain Bike.</p>
<p style="text-align:justify;">Inmediatamente vino mi primera frustración.  Me acerco a la federación para solicitar mi inscripción y de antemano se negaron a inscribirme pero me dieron el teléfono y el correo de la persona encargada de estos temas.  Escribí muchas veces y llamé otras tantas pero nunca tuve respuesta.  Fue la primera sensación de derrota al ver que no iba a ser posible participar porque la federación no me autorizaba.  ¡Lamentable que tu propia federación te trate de esa manera!</p>
<p style="text-align:justify;">Al ver que la cosa no funcionaba por el lado peruano, envié un correo a la Federación Catarinense de Ciclismo para comentarles mi problema y felizmente me dijeron que no hacía falta una carta de autorización de la federación peruana, sólo con llenar una ficha de inscripción ya quedaba inscrito.  Fue una grata noticia debido a que de otra manera hubiese sido imposible mi participación.</p>
<p style="text-align:justify;">Luego de solucionado este impasse tan desagradable con la federación de mi propio país, me propuse una meta de llegar al podio para lo cual empecé a entrenar constante pero a veces por falta de una buena guía de entrenamiento y por el trabajo en el cual voy andando en bicicleta pero no es lo mismo que entrenar, dejaba por momentos de concentrarme en una buena preparación y me tiraba al abandono.  Tanto es así que los últimos 20 días antes de viajar a Brasil, no me moví de la casa y la oficina sin salir un solo día a entrenar.</p>
<p style="text-align:justify;">La segunda desilusión fue ver que nadie tomaba interés en esta prueba y me hacía la idea que iba a ir solo a representar al Perú.  Mucho me hubiese gustado que al menos haya visto a alguien conocido.  Esto se calmó un poco gracias al apoyo incondicional que tuve de mis amigos brasileros los cuales me ayudaron con las líneas del circuito y toda la logística del transporte que es indispensable para entrenar adecuadamente.  Una vez en la competencia pude ver que muchos de los que practican ciclismo en el Perú bien han podido disputar en sus respectivas categorías el ansiado primer lugar.  ¿Dónde está Jonathan Davis?, decía por momentos al ver a gente como él, y quizá menos preparados, entrenando el circuito de XC. ¿Dónde está la gente brava del DH? Ellos que siempre demuestran un buen nivel en las competencias en Perú, bien han podido estar disputando los primeros lugares.</p>
<p style="text-align:justify;">El primer día que llegamos al circuito, fue casi al final del día y sólo dio para subir a pie y reconocer el circuito y ver los diferentes obstáculos que presenta; muy difíciles por cierto.</p>
<p style="text-align:justify;">Al día siguiente nos encontramos con un local master, campeón master brasilero, amigo del grupo y felizmente en una categoría diferente a la mía.  Esto hizo que nos ayude a todos y nos enseñara todos los trucos del circuito.  Fuimos viendo paso a paso cada sección del circuito.  Anderson nos iba mostrando las mejores líneas y por momentos parecía que eso no era cierto pero luego pude ver que realmente nos estaba mostrando todos los secretos.  Gracias a él pude avanzar rápido este tema de las líneas y al cabo de tres bajadas ya me sentía bien cómodo con el circuito y sabía que era cuestión que lo pase una y otra vez durante toda la semana para agarrar la confianza necesaria para bajar más rápido.  Hasta ese momento tuve dos caídas pequeñas y en la última bajada del día, saliendo de una curva asfaltada hacia la tierra, la rueda se va y sufro una caída muy fuerte.  Durante el resto de la noche pensé que ya había acabado todo para mí porque estaba con el pulgar de la mano sangrando por la uña y el pie hinchado como si hubiera una pelota de golf adentro.  Una gente me decía que estaba roto el pie pero yo no quería creer y me resistí a ir al hospital para sacar una placa.  Si está roto simplemente no voy a poder pedalear más en la semana, si no está roto, me voy a recuperar.  Dicho y hecho, al día siguiente, luego de frotar con cremas y tomar todos los analgésicos posibles, mi pie estaba mejor y por la tarde pude bajar sin hacer ningún salto.  Estaba muy adolorido pero todavía con muchas ganas de competir y eso hacía que el dolor se bloquee y me dejara hacer las bajadas los días siguientes.</p>
<p style="text-align:justify;">No pude hacer una bajada fluida y rápida sino hasta la clasificación en la que felizmente salió todo bien y logré uno de los mejores tiempos de la pista a tan sólo menos de 2 segundos del mejor tiempo en mi categoría.  Me sentí muy contento y aliviado por ese resultado pero luego al ver la tabla de posiciones estaba empatado con el tercer lugar y dos más muy cerca.  Además uno nunca sabe si alguno bajó cuidando máquina para la final así que poco a poco me iba sintiendo con mucha presión.  La experiencia me decía que me tranquilice pero no lo conseguía.  Tenía en mi mente mi última participación en un Panamericano 2005 en la cual estaba como favorito y en la única roca del circuito corté la llanta y se acabó la competencia.</p>
<p style="text-align:justify;">Con todas estas ideas rondando mi mente y viendo a todos los de mi categoría salir como balas en la manga final del día sábado, los nervios me comenzaban a comer la cabeza.  Para remate, en la mañana de este día, hubieron varios huesos rotos entre ellos mi amigo Anderson que me había ayudado a mejorar cada línea y se veía como el favorito de toda la competencia.  Esto hizo que entre mucha duda en mi cabeza y empecé a dudar de cada línea que ya había practicado.  Pensaba en no fallar, en no caerme y cosas como esas cuando uno debe estar pensando en la mejor bajada y no pensar en posibles fallas.</p>
<p style="text-align:justify;">Ya en competencia los primeros metros fueron muy buenos hasta que empezaron a llegar pequeños errores uno tras otro.  Fallaba pero pensaba en mejorar y lo que me ayudaba era la potencia en las piernas para salir pedaleando. Una falla, dos, tres y cuatro graves tuve en la bajada final llegando a pensar que todo se había acabado.  De igual manera, no me rendí y seguí hasta el final.  Los últimos metros los hice bastante bien y llegué pedaleando muy fuerte hacia la meta.  Llegué desilusionado a la meta pero al escuchar que tenía el segundo mejor tiempo no lo pude creer y faltando sólo un corredor más por bajar me di cuenta que ya tenía el podio asegurado.  Fue la sensación más buena que pude sentir en toda esta semana muy dura.  Feliz, saltaba de alegría esperando a Vásquez que estaba más que seguro que iba a hacer mejor tiempo pero no importaba, mi primera participación en un mundial de mountain bike y llego colocado en el tercer puesto, con los corredores más bravos del Brasil y del mundo entero.  Si bien es cierto no hubieron muchos europeos, el hecho de que estuviesen todos los brasileros y algunos del resto del mundo, significa un logro bastante importante.  Los locales no consiguieron podio en esta categoría aún cuando se veían varios buenos y muy bien preparados con las mejores máquinas.</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2010/09/yuri2.jpg"><img class="size-full wp-image-81 aligncenter" title="yuri2" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2010/09/yuri2.jpg?w=450&#038;h=296" alt="" width="450" height="296" /></a></p>
<p style="text-align:justify;">Al final celebramos todos y con Vásquez, se repitió el podio del Panamericano del 2001: él primero y yo tercero.  Después de cinco años sin competir afuera, no sabía cómo estaba mi nivel respecto a los demás y en especial frente a Vásquez.  Esto fue otro factor de nerviosismo por dudar mucho de mis condiciones y mi preparación.  Ahora, al saber que no estoy lejos, sólo queda entrenar un poco más y regresar el año que viene para pelear ese primer puesto con Vásquez.  Espero que esta vez podamos ser más peruanos compitiendo porque estamos seguros que el año que viene va a ser más competitivo y reñido para todos.  A la federación también un jalón de orejas y no sólo es mandar correos avisando de las carreras locales, también se necesita un poco de planificación y visión y empezar a creer que podemos hacer cosas grandes, mayores a las logradas.</p>
<p style="text-align:justify;">Agradezco también a todos los que me estuvieron apoyando por el Facebook donde enviaba actualizaciones continuas de lo que iba sucediendo.  A todos ustedes muchas gracias y les dedico el triunfo a todos ustedes porque sé que todos nos sentimos orgullosos de este logro que es para el DH Peruano. VIVA EL PERU CARAJO!</p>
<p style="text-align:justify;">Saludos,</p>
<p style="text-align:justify;">Wayo Stein</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
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		<title>Ruta del Pariakaka. La Reserva</title>
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		<pubDate>Fri, 29 May 2009 00:29:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>viajesen2ruedas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Eso de NOR-YAUYOS-COCHAS, me suena mal. Los guiones, las palabras recortadas. Ni por asomo reseña toda la belleza, toda la poesía, la biodiversidad y la riqueza.  Además,  esa denominación excluye a Laraos y Carania. Yo la hubiera llamado Reserva del Guarco, por el nombre original del río que la vertebra toda. Pero así se hubiera [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=69&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><strong>Eso de NOR-YAUYOS-COCHAS, me suena mal. Los guiones, las palabras recortadas. Ni por asomo reseña toda la belleza, toda la poesía, la biodiversidad y la riqueza.  Además,  esa denominación excluye a Laraos y Carania. Yo la hubiera llamado <em>Reserva del Guarco</em>, por el nombre original del río que la vertebra toda. Pero así se hubiera obviado la vertiente oriental, la del pequeño pero valioso río Cochas cuya cuenca también tiene lo suyo en valor paisajístico, cultural y biológico.</strong></p>
<p style="text-align:center;"> <img class="size-full wp-image-72  aligncenter" title="pariakaka1" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2009/05/pariakaka1.jpg?w=450" alt="pariakaka1"   /></p>
<p style="text-align:justify;">Entonces, solo queda la otra opción: <em>Reserva del Pariakaka. </em>Se entiende que al visitante ligero de Huancaya y sus encantadores puentecillos coloniales esta denominación le parezca forzada, pero para el que llega a conocer lo esencial, la omnipresencia del Apu va más allá de lo evidente desde que se penetra un poco más allá de Cochas y se ve su cara oriental dominando el panorama y, si no dando origen, sí tributando primariamente al mentado río Cochas. Una vez traspuesto el abra Shacshaq hacia Tanta y su despliegue escénico –núcleo y esencia de la Reserva- el Pariakaka se muestra permanentemente en todo su esplendor desde diversos ángulos y determina el paisaje.</p>
<p style="text-align:justify;">Y aunque la gloriosa visión de despedida de su pirámide sur, apenas 3 kms antes de descender a Huancaya desde Vilca baste para completar la evidencia, más allá de ella está el hecho de que una parte fundamental de las aguas del Guarco o Alto Cañete proviene del Apu mayor, que le tributa en su margen izquierda por Huachipampa y Mullucocha. Pero hay algo más: Mucho  tiempo después que la naciente del Guarco – el Nevado Ticlla- se haya deshielado, al Pariakaka aún le quedará nieve suficiente para  ser la naciente ulterior del gran río. Por eso, se debería llamar Reserva del Pariakaka. Pero, en fin, allá los burócratas.</p>
<p style="text-align:center;"><img class="alignnone size-full wp-image-73" title="pariakaka2" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2009/05/pariakaka2.jpg?w=450" alt="pariakaka2"   /> </p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">Otra cosa es la categorización: está bien Reserva, aunque ella debería ser solo el buffer de dos Unidades de Conservación, el Parque Nacional de la Cordilleras Picchahuacra y Llongote, núcleo de la Reserva, y el Santuario Nacional del Pariakaka dos áreas que como así gozarían de la intangibilidad que se merecen. Porque eso de Reserva Paisajística como que queda medio debilón. Después de todo, el paisaje está íntimamente relacionado con la belleza y esta, como sabemos, es subjetiva. Y así, alguien podría alegar que un lindo paisaje puede ser antrópico posmoderno y entonces metámosle mano y hagamos más megarrepresas, más carreteras, metámosle más cemento para embellecerla más. Como si en el paisaje no existieran en su fauna de venados, tarucas, la singular y en peligro de extinción raza de vicuñas del Llongote, pumas y gato andino, en su ubicua y muy variada avifauna, hasta en la exótica población de truchas, argumentos más que suficientes para hacerla Reserva de fauna      </p>
<p style="text-align:justify;"><strong> </strong><strong>La Obra</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Esta se la tenían bien guardada. Cuando se habla de Platanal, se habla de una megarrepresa en cierto punto entre el Medio y Bajo Cañete. Pero son 3 represas: de abajoarriba, Platanal propiamente dicha, en las puertas del valle, luego una segunda represa por el km 90 y algo, en el Medio Cañete y, por último, la que para el caso nos interesa más, la represa de Paucarcocha, a 4100msnsm (+ ó &#8211; ) en la jurisdicción de Tanta, en pleno corazón de la mentada Reserva Paisajística. Para los que conocimos la zona en su estado prístino, nos tienta calificar la obra como un desastre ambiental así a secas, cosa que ciertamente es, pero como nos creemos ambientalistas, tratamos de ser objetivos, y, por eso, es necesario analizar los pros y los contras. El pro es uno solo, grande, y supera a los contras: es evidente que una obra así es indispensable y de interés nacional, ya sea desde el punto de vista energético o de almacenamiento de agua.  En cierto modo, no se le puede hacer un mejor homenaje a nuestros nevados que guardando su agua para la posteridad.</p>
<p style="text-align:center;"><img class="alignnone size-full wp-image-74" title="pariakaka3" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2009/05/pariakaka3.jpg?w=450" alt="pariakaka3"   /></p>
<p style="text-align:justify;">Vista así, la represa puede considerarse una digna continuación de la obra legendaria de Pariacaca, Huallallo Carhuincho y demás, los originales manejadores de esas aguas  Yendo al extremo, hasta el hecho de que el material,  incluso el capital con el que se construye la represa provenga de las canteras  de Lomas de Pucará  en Pachacamac  tan relacionadas  con esas leyendas, es algo muy simbólico desde diferentes puntos de vista. En fin, el beneficio social potencial de la obra supera ampliamente los costos ambientales y sociales potenciales y por lo tanto se justifica. Concretamente, viendo a ojo de pájaro la parte arquitectónica de la obra, parecería que se está adecuando su estética al entorno, de modo que la pared de la represa como que imita a las represas naturales más conspicuas aguas abajo. Digo aparentemente, puede ser un deseo o una impresión mía, y si lo fuera, pues bueno, que cojan la idea para poder cumplir con la ley.</p>
<p style="text-align:justify;">Yendo al impacto ambiental y social de la obra, aunque ya dijimos que son inferiores al bien común generado, eso no quiere decir que no se deban minimizar con igual esfuerzo. Ya contaremos sobre el impacto social. En cuanto a lo ambiental, más allá de esa aparente voluntad de minimización escénica, es obvio que el EIA, si existe, ha obviado cuestiones fundamentales. Para citar solo una, no se explica porqué al alterar el curso del Guarco no se toma en cuenta su rica piscifauna y se deja perder varada su buena de tonelada de trucha tan solo en el tiempo que permanecimos aquí. Ni hablar de la evidente desorientación de la avifauna, que antes encontraba en la extensa pampa de Paucarcocha -hoy invadida de camiones y maquinaria, convertida en cantera-  sus campos de alimentación, descanso, apareamiento. En fin, impactos subsanables donde hubiera la legítima intención de minimizarlos, pero con estos modernos EIAs a gusto y medida del cliente, permítasenos la sana duda.</p>
<p style="text-align:center;"><img class="alignnone size-full wp-image-75" title="pariakaka4" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2009/05/pariakaka4.jpg?w=450" alt="pariakaka4"   /></p>
<p style="text-align:justify;">A otro orden de cosas pertenece la cuestión del manejo del agua almacenada. Aunque es posible que nunca lo hayamos visitado tan avanzado el estiaje y el Guarco  presentaba un caudal superficial aparentemente sano que cualquier río de la vertiente del Pacífico envidiaría, nunca encontramos el Tragadero tan seco. Lo mismo para las cascadas. Al preguntar en Vilca y  Huancaya, aunque parecían no darle importancia pese a haberlo notado, lo atribuyeron a la estación, pero en más de un caso, reflexionando un poco, algunos no dudaron en reconocer que tal vez este año estaba más seco que otros y en ese caso no les cupo duda de que la causa era la represa. Y ello es esperable.</p>
<p style="text-align:justify;">Terminada la base de la obra, no existe motivo para creer que el control del agua  recién empezará una vez culminada la obra y es más que probable que ya esté la laguna embalsada y el Guarco haya dejado de ostentar su caudal natural.  Y he aquí el punto. Los más antiguos conflictos del territorio andino se han dado entre los posesionarios de las fuentes de agua y los usuarios de ella en sus cursos inferiores. De hecho, gran parte de la mitología local, nacional, narra estos conflictos épicos que hoy persisten y que en el futuro más  probable se agudizarán. Por lo tanto el manejo de los recursos acuíferos es política de Estado que no se debe dejar en manos de concesionarios e intereses privados. Particularmente el Alto Cañete, por el volumen de agua involucrado en el contexto del derretimiento de los glaciares tiene un alto valor estratégico por su potencial de abastecimiento a los emporios agrícolas y urbanos de la costa de Cañete. Por eso no creemos que se le deba dejar el manejo de ese recurso a intereses privados, mucho menos a CELEPSA, brazo de Cementos Lima, cuyo criterio socio ambiental es notorio en la destrucción de otro recurso acuífero y de protección del valle como lo son las Lomas de Pucará y la zona reservada de El Lúcumo en Pachacámac. También genera justa desconfianza la presencia de Graña y Montero, cuyo papel en sonadas pero oscuras negociaciones sobre importantes inmuebles del Estado nos hacen dudar de la confluencia entre los intereses de la Nación y su propio interés. Yendo más allá, no creemos que nuestra clase empresarial esté preparada para manejar desde sus propias fuentes este recurso estratégico.</p>
<p style="text-align:justify;">La población local es consciente del conflicto que puede crearse y ya se pregunta en voz alta y disconforme cómo será la cuestión de la posesión y el manejo del agua. También le queda claro que a pesar del tamaño de la obra, el buen manejo de su comunidad ganadera camélida ha sido más efectivo en términos de desarrollo que la vecindad de la represa y ellos es visible en sus sistemas de estabulado, piscigranjas, posta médica, escuelas, parques de juegos, microreservas suburbanas, y otros que no tuvimos ocasión de visitar esta vez. En cuanto a las relaciones empresas-comunidad, un suceso inesperado nos enseñó que a situación dista mucho de un idilio.<strong> </strong></p>
<p style="text-align:justify;"> <strong>Incidente en Tanta</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Esa mañana amanecí mal de altura. Ni tarde ni temprano. Y eso que la noche no fue tan mala, salvo la aparición de un par de impertinentes que se metieron hasta nuestra habitación, buscando a otro borracho como ellos, después de aporrear la puerta del telo como media hora. Pero al levantarme siento un estupor, esta tremenda pesadez corporal, mucha hambre y este pedrón en el estómago que no deja entrar nada. Pero hay que alimentarse, así que voy al restaurante de la plaza y pido un chilcano de trucha que resulta ser un cabal chupe. Justo lo que necesitaba, pero no me entra. Como de otro mundo, de otro tiempo, alguien perifonea que por favor devuelvan el parabrisas que encontraron seguramente al lado de la combi que trajo la alcaldesa como parte del séquito funerario de su madre, que volvió finadita para ser enterrada en Tanta. Qué gracioso –pienso- parte de la resaca del velorio, de hecho aurita aparece el vidrio. Vao a tratar de ingerir otra cucharada de chupe. En eso se aparece Nicolini montado en una cleta que no es la suya. Me pregunta a su manera pausada, recatada, introducida:</p>
<p style="text-align:justify;"> -Yuri, buenos días, ¿tú no tienes mi cleta?</p>
<p style="text-align:justify;"> El malestar desapareció como por un baldazo del agua local. Alerta total. Habíamos dejado las naves en el patio del hospedaje al que llegamos a media tarde de ayer. Primero toqué la puerta en <em>El Yauyinito</em>, nadie abría, y como en la otra cuadra se veía <em>El Tanteñito</em> opté por lo que parecía más local y al rato estábamos instalados en la fracción de estrella que nos correspondía por 8 soles, las bcs en el patio del local. Ahí las habíamos dejado toda la noche, confiados en la inocencia de gente que ya no lo era más. Dije que debía haber algún error, que de repente el señor la había guardado, lo que sea, peguntemos, vao a ver.  Vimos, preguntamos, revisamos un poco el telo, el dueño no estaba, sí la tía, Julia, una colorada -se hacía la ona pero estaba con los pelos de punta y ya había abandonado sus quehaceres normales para empezar su propia indagación- se mostró colaboradora pero no lo bastante interesada para lo esperable de la responsable. Nada, la cleta, la Yeti full equipo de más de 3 lucas no estaba, no queríamos realizar el concepto: nos la han robado!  Y ahora?  La memoria, la noche anterior, a atar cabos. Los visitantes de la madrugada. No eran locales.  Se habían metido, huascas, hasta nuestro tocuar buscando a un tal Ponce, había oído yo;  Nicolini había visto, de espaldas, un chaleco corporativo o algo, hasta podría recordar un rostro.  Fuimos a buscar a las autoridades. En el camino nos encontramos con el dueño y el chofer de la combi robada que nos contaron que el robo central no había sido la luna perifoneada, sino su equipo de sonido, para lo cual habían desmontado y dejado a un lado el parabrisas, que había sido hurtado luego en la mañana. Ellos ya tenían a sus sospechosos y todo, eran los empleados de la obra que habían hecho anoche una visita clandestina a Tanta en dos o hasta tres camionetas de “la empresa” para chupar y joder, cometido que al parecer  habían alcanzado plenamente. Ellos ya habían denunciado al Gobernador, quien ya se encontraba haciendo pesquisas. Ahora, nos dijeron, había que buscar al representante de CELEPSA, encargado de relaciones comunales, que se encontraba por el pueblo. Lo encontramos y tuvimos que subrayarle un poco su responsabilidad en el asunto, pero apenas entendió, la asumió. Por lo demás, nuestras sospechas y los indicios estaban fundados en el hecho público, notorio y comprobado de la mentada visita clandestina. Se comunicó con el campamento, unos 4 kms carretera abajo el pueblo, que de inmediato envió una camioneta con un funcionario a averiguar.</p>
<p style="text-align:justify;"> Mientras tanto, nos dirigimos con los otros agraviados a hacer la denuncia donde el joven Gobernador, que cumplió con los trámites de rigor. Por otro lado, compartió con entusiasmo la teoría de que los choros  eran afuerinos y no tanteñitos. Aunque su actitud no nos pareció de lo más enérgica, ofreció dedicarse personalmente a las pesquisas en el pueblo mientras nosotros lo hacíamos en el campamento.  Allí nos llevaron y allí nos entrevistamos con algo de la plana mayor de la obra, varios jóvenes profesionales que ocupaban cargos como administrador del campo, jefe de seguridad, jefe de nosecuantos. Juntos nos aseguraron que ya habían avisado a los retenes en la carretera, harían las investigaciones y que de ser el o los autores trabajadores de la obra la cosa sería resuelta. Sin embargo, no estaban tan seguros como yo, a pesar de los indicios expuestos, de que el o los autores fueran sus empleados. Nos quitamos bien atendidos en apariencia no sin mencionarles que teníamos conocidos en el directorio de la empresa y que si esto se divulgaba sería  publicidad inconveniente para la imagen de la misma.</p>
<p style="text-align:justify;"> Regresados al pueblo, ya el tema se había convertido en el suceso del año y en los corrillos habituales en estos pueblos no se hablaba de otra cosa y se especulaba con los autores tanto como con las circunstancias del robo y el destino del cuerpo del delito. Regresamos donde el gobernador, que nos pergeñó el  procedimiento a seguir: en compañía del fiscal –que resultó ser el dueño del <em>Tanteñito</em> – iría al campamento a solicitar oficialmente la presentación de las personas implicadas y, de comprobarse la participación de alguna de ellas, solicitar su entrega para el esclarecimiento oficial del caso. Como no había que descartar la posibilidad de que los autores fueran locales, mientras tanto nos encargó por favor buscar al juez para que autorice una requisa casa por casa. Así se cubrirían todas las posibilidades. Por lo demás, al estar la población alerta, ya el correo de brujas se había echado a andar para cumplir su papel en la rectificación del entuerto.  El problema fue que cuando por fin dimos con el juez, este se encontraba borracho perdido y nos informó que tendríamos que esperar que terminen las exequias (hasta dos días) para que él pudiera cumplir con su labor.</p>
<p style="text-align:justify;"> Así, topados con este obstáculo burocrático nos dedicamos, en vista de su falta de seguridad, a migrar del <em>Tanteñito</em> al <em>Yauyinito.  </em>Este resultó ser mucho más acogedor, amplio, limpio y ordenado que aquel. El motivo de que no me atendieran el día anterior fue que, si  bien el cartel está ubicado en lo que parece la fachada principal, si uno toca la puerta en ella, nadie atiende porque da a un depósito y normalmente no hay nadie en él. Lo que se toca, nos informó la encantadora propietaria, mucho mayor –una saludable anciana- que la del otro hospedaje, es el portón del zaguán y al toque te atienden. Me apliqué algunos cabezazos en la pared por no haber sido un poco más insistente.  Cuando la doñita se enteró de los detalles de nuestro predicamento, nos enteró de algunos detalles como anteriores “pérdidas” sufridos por diversos ocupantes del <em>Tanteñito. </em> También nos aclaró algo que, a nuestro entender, dábamos por perdido, el hecho de que para ella, tanto como para el pueblo, quedaba claro que los responsables de la pérdida eran los dueños del Tanteñito, con mayor razón siendo uno de ellos el fiscal, de modo que la restitución de la bc la garantizaba el pueblo a través de sus autoridades.</p>
<p style="text-align:center;"> <img class="alignnone size-full wp-image-77" title="pariakaka5" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2009/05/pariakaka5.jpg?w=450" alt="pariakaka5"   /></p>
<p style="text-align:justify;">De hecho, aunque para nosotros no fuera tan evidente, ya todos ellos, dueños y autoridades se encontraban en continua pesquisa, interrogando a las cantinas, recopilando testimonios, chismes, teorías. Esto me tranquilizó algo pero no a Nicolini quien, a partir de entonces, simplemente se echó en cama a desfallecer, a pesar de que le di mi seguridad de que la cleta aparecería, que teníamos como 10 días para buscarla pero lo mas probable era que apareciera en los 3 primeros días, y de estos 3, a las 24 primeras horas, que eran fundamentales para el éxito de la investigación. Mi, al parecer, exagerado optimismo tenía un base concreta: era muy difícil que la nave se encontraba en algún lugar entre el pueblo y el campamento a no más de 500 metros a ambos lados de la carretera, que en gran parte se encuentra orillas de la laguna. Aunque cuevas, matorrales, estancias temporales y otros complicaban el asunto, no era imposible batir la zona en unos días. Esto siempre asumiendo la hipótesis preferencial del o los autores afuerinos.  De ser local el o los autores, la cosa se complicaba y podía estar la cleta fondeada en alguna de las 100 o más casas del pueblo o, peor aún, camino a alguna remota estancia cordillerana.</p>
<p style="text-align:justify;">Esto lo pensaba mientras daba una vuelta por el pueblo evaluando la probable requisa y tratando de ganarme algo del chismorreo general, que se acallaba ni bien me ponía al alcance. Cuando regresé al Yauyinito, la dueña me esperaba con novedades. Al rato mandó llamar a <em>La Abuelita</em>, una ancianita preciosa, la adivina del pueblo, a que me las cuente de primera mano. Resulta que la dueña del Tanteñito la había consultado para ayudar a esclarecer el robo y, al leer las hojas, la abuelita había visto la bc escondida dentro del propio telo. Espantada, la colorada la había despachado reclamándole que cómo era posible que la señalara a ella que era la que la estaba contratando y que consultaría a otro adivino más connotado, según ella,  a quien simplemente había que llamar por teléfono a San Mateo. Amoscada, la abuelita se retiró, no sin contar la cosa en el Yauyinito. Así que me recomendó que procediéramos a nuestra propia requisa y que encontraríamos la cleta fondeada bajo algunos pellejos de carnero. Con que saqué a Nicolini por un rato de su marasmo y fuimos al Tanteñito. </p>
<p style="text-align:justify;">Allí recién tomé conciencia de lo complicada que iba a resultar la probable requisa general.  Dos plantas, tres zaguanes, no menos de 20 habitaciones, sótanos, buhardillas, algunos más oscuros que la noche y repletos de cachivaches que harían las delicias de un coleccionista de antigüedades, esqueletos completos, con charqui y todo, de carnero y camélidos guardados para la hambruna, ruecas, lana por toneladas, cientos de pellejos hacían de una búsqueda medianamente meticulosa una cuestión de días. No me quería imaginar lo que significaría multiplicar esa labor por 100 o más. No encontramos nada, así que nos regresamos, Nicolini a seguir languideciendo mientras rumiaba la confirmación de sus prejuicios contra todo lo andino; yo, a seguir coordinando con el gobernador y moverse.  Así pasó esa mañana atroz. Como a mediodía me busca la tía del Tanteñito a decirme que a su adivino ya se le había dado el encargo telefónico y que estaba leyendo pero que ya tenía un identi-kit del autor del robo que coincidía nada menos que conmigo. Y me lo dijo con la mayor naturalidad, como si me estuviera describiendo a una tercera persona. Por supuesto salté y le previne que la lectura de su brujo sea más efectiva y si no que ya vaya viendo cómo me iba a pagar la bicla. </p>
<p style="text-align:justify;">En la tarde, estuve recorriendo el pueblo tratando de motivar a los jóvenes a hacer un chaco recompensado. La recepción fue buena, pero de las conversaciones con la gente saqué que a no era Tanta un sitio tan tranquilo como cuando lo conocí. Me hablaron de abigeos oportunistas, pandilleros en el pueblo y gente de mala reputación en general. O sea tal vez, después de todo, las probabilidades de que fuera algún local el autor no eran tan escasas y eso implicaba la  imposible requisa y/o que la cleta ya estuviera camino al mercado vía alguna de las cordilleras que rodean a Tanta. Desalentador panorama y, si la bc no aparecía mañana, el aborto de la expedición excepto para mí, que tendría que continuar el itinerario hasta Yauyos, que es donde corresponde la denuncia, mientras los otros dos, de regreso a Lima, se iban a Jauja a que era por donde más probablemente saldría la merca robada, a dar el aviso a la policía del camino. A esto se sumaba la presencia de Mateíto, el camioncito ropavejero que suele recorrer periódicamente todo Yauyos en busca de la más variada cachina, conforme reza el graciosísimo floro que repiten a lo largo del día para animar a los poblanos a sacar a trueque o venta los fierroviejos y antiguallas que difícilmente podrá agotar un ropavejero mensual. Nos inquietaba Mateíto porque sin duda sus amigables tripulantes huancas estarían bien dispuestos a incluir entre sus objetos de trueque una fina bc sin preguntar mucho sobre su procedencia. Debo decir en su favor, sin embargo, que no fue así y que su alegre itinerario coincidió casi exactamente con el nuestro y no dejaron nunca de ser una buena compañía.</p>
<p style="text-align:justify;">Con semejante perspectiva y sin las prometidas noticias del campamento esa tarde, la desesperanza de esa noche nos llevó a ver como sospechoso hasta al joven médico del MINSA. Menos absurdo fue el interrogatorio a las dos <em>escort ladies </em>que ocupaban el Tanteñito y donde supimos que eran visitadas por algunos empleados del campamento y sin duda tenían que ver con la visita de la noche anterior.  Había un nuevo y certero dato, además. Al alba, alguien, saliendo del pueblo por la carretera, había sido rebasado por una bici montada por un desconocido que apenas llegaba a los pedales. Fue frustrante no poder llegar a ese alguien, pero la información persistía y era tomada por cierta por todos los interrogados   Seguramente, a juzgar por su conversación,  esa noche Nicolini ya había decidido abandonar el mtb y todo lo que tuviera que ver con bicicletas.  A primera hora de la mañana siguiente, fuimos despertados por el gobernador y el fiscal, quienes preguntaban por Nico. Lo tuve que empujar para que los atendiera. Regresó ofuscado refunfuñando de mecidas como esa de levantarlo solo para informarle que estaban yendo por una pista sólida al campamento. Seguimos durmiendo. Como a las dos horas volvieron a preguntar específicamente por Nico. Esta vez fue más costoso levantarlo pero valió la pena: la bicicleta, a las 24 horas clavadas, había sido hallada.</p>
<p style="text-align:justify;">Estaba al centro de la plaza en lo que parecía ser una pequeña ceremonia preparada por los funcionarios de GyM en una de cuyas camionetas la habían traído. Por supuesto ellos, además, se atribuían la recuperación. Muy públicamente para nuestro gusto preguntaron si esa era la bicla y si le faltaba algo. Efectivamente le faltaba el costoso reloj-velocímetro-altímetro pero una buena piedra en el pecho lo suplía. Mientras Nico y Málaga conversaban con ellos, en una esquina de la plaza, tratando de mantener perfil bajo, se hallaba el representante de CELEPSA recibiendo lo que parecía –y era- una amarga reprimenda de parte del gobernador y de la alcaldesa, quien tomaba la palabra. Se quejaba ella de lo mismo de siempre: vienen de Lima con sus promesas de desarrollo y prosperidad, ofrecen el oro y el moro, hacen talleres, todo muy lindo y cuando se instalan en tierra que no es suya, solo traen problemas, prepotencia, contaminación, malas costumbres. Y qué había de las truchas perdidas, de las chicas seducidas, de las malas costumbres copiadas por los jóvenes, de las cantinas corrompidas para violar la ley seca, del trabajo ofrecido y nunca llegado para el pueblo, de la falta de respeto, en fin, la misma mala repetición de la historia del Perú rural. Las excusas y promesas de Rubén Soto no apaciguaron  la justa indignación en nada, parecía un colegial reprendido.</p>
<p style="text-align:justify;">La historia del verdadero hallazgo nos la contó luego el gobernador. El fiscal había recibido finalmente, de su adivino en San Mateo, nueva información casi coincidente con la de la brujita local: la bc debía buscarla en su propia casa o en la de algún pariente cuya casa tenía tales y cuales características, oculta horizontalmente bajo algunos pellejos. De esa descripción dedujeron que el cuerpo del delito se encontraba en “Plaza Vea” como era llamada la bien surtida bodega, propiedad de un sobrino del fiscal, situada justo pasando el retén hacia Jauja que abastecía a los trabajadores de GyM. Efectivamente, allí la encontraron ellos y no los de la empresa, que solo fueron llevados allí para testificar como responsables del hecho, pues estaba claro que allí la había dejado encargada el ladrón en espera de que se tranquilicen las cosas y poder evacuar la cleta oportunamente. En cuanto al sobrino receptador (en realidad la receptó su esposa, quien no conocía pero podría identificar al choro) era obvia su inocencia, ya que frecuentemente se le dejaba a guardar cosas (bcs incluidas) en su almacén. Para Nico, sin embargo, este relato no hacía sino confirmar sus sospechas de que el robo había sido planeado y ejecutado por el fiscal, lo cual a su vez confirmaba el hecho bien sabido en Lima acerca de la perfidia y degeneración del hombre andino. De GyM y CELEPSA ni hablar, es conocido su rigor en la selección del personal y en todo caso no se les puede acusar de esas menudencias, ya que lo suyo es el lobby y la corrupción de alto vuelo. Aunque yo no comparto ese enfoque, y no me cabe duda de la autoría del hurto, la verdad nunca se sabrá porque, al contrario de lo que prometieron, con la devolución de la cleta cerraron el caso.</p>
<p style="text-align:center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La Ruta</strong><strong> 2008</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Por la ruta de Pachachayo-Cochas nada ha cambiado, la carretera en aceptable estado, mejora harto –para fines carrozables- pasando Cochas, cortesía de GyM, que se ha permitido instalar un retén en la base de la cuesta a Shaqshaq.  Por ello, la SW que tomamos en Jauja bastó, por una razonable suma, para un trayecto razonablemente cómodo. Si bien este segmento –tendido, visual y casi nulo de tránsito- es una buena alternativa cicloturística, coronar Shaqshaq desde Pachacayo por esta ruta, con carga, toma un día y medio y nosotros preferimos obviarlo por cuestiones de tiempo y energía, que preferimos guardar para otros segmentos superiores más adelante en la ruta.</p>
<p style="text-align:justify;">Arrancamos entonces, desde el abra Shaqshaq (circa 4800 msnm) cerca del mediodía. El descenso a Tragadero se hace en 15 o 20 minutos de alta velocidad auspiciada por la excelente superficie de la carretera. La misma condición hace que la suave cuesta a Tanta no sea más que un placentero ejercicio que termina antes de las 2 horas, estando bien instalados a media tarde.  El plan desde aquí consistía en hacer dos segmentos de ida y vuelta en un día cada uno con base en el pueblo: el primero era Tanta-Mullucocha-Escalerayoc, paseo hiperpaisajístico como todos los de por aquí, con una fuerte cuesta de ida y el correspondiente downhill de vuelta. Esta fue lamentablemente cancelada por el incidente de la Yeti.</p>
<p style="text-align:justify;">Sí hicimos, en cambio, el placentero segmento Tanta-Ticllacocha. Después de un km de cuesta, algo complicada por lo pedregosa, viene una sucesión de largas terrazas suavemente escalonadas recorrida por esos senderos múltiples de ganado típicas de la puna que le da variedad e interés a la pendiente, casi imperceptible, en la búsqueda de la mejor línea, lo suficientemente difícil para hacerla divertida pero no tanto como para hacerte pasar por alto el imponente paisaje de 360°. Esta vez, por lo tardío de nuestra salida, no llegamos a Ticllacocha, nacimiento del Río Cañete, pero confirmamos las altas cualidades técnicas y escénicas de este segmento. Pero si el ascenso es agradable, el descenso de vuelta es más que placentero a la velocidad precisa para conciliar adrenalina y contemplación.  Otro <em>bocatto di cardenale</em>, Tanta-Ticllacocha.</p>
<p style="text-align:justify;">Saliendo de Tanta, algo tienen las salidas de Tanta, tal vez esa luminosidad matutina de la cordillera con tanto de expectativa con el Pariacaca dominando absolutamente el paisaje. El desastre visual del Guarco convertido en cantera lo mitiga la pronta aparición de Paucarcocha pero los demasiado frecuentes cruces con camionetas y volquetes corporativos nos hacen presente que cambios grandes se están sucediendo en este techo del Perú. Retomada de vuelta, esta vez en descenso la carretera Tragadero-Tanta, nos sorprende lo suave que fue la subida cuando la velocidad de bajada indica una pendiente sostenida y nada tendida. Linda carretera para corretear, en todo caso. En una media hora estamos enTragadero, previa pascana en los baños termales.</p>
<p style="text-align:justify;">Ya son 8 años que hice el Tragadero por última vez y la memoria me lo devuelve muy amable, con fuerte predominancia de lo paisajístico sobre lo técnico. Esta ocasión me recuerda que no lo es tanto así. Si bien el marco geográfico es de los más impresionantes, de ningún modo es el sendero clase III con que lo había calificado antes. Y no es una cuestión tanto de pendientes ni de obstáculos como del esfuerzo a desplegar en un segmento cuya culminación no parece llegar. Hay en Tragadero una sensación de urgencia que contrasta con el gusto con el que se vive este paisaje, cuya dulzura enmascara su agresividad, que en nuestro caso se manifestó como una creciente llovizna que, sin empaparnos, nos enfrió lo suficiente como para recordarnos que a pesar de las horas avanzadas siempre falta lo mismo para salir y nos mantenemos demasiado cerca de los inestables 4000 msnm.  La entrada al Tragadero está a unos 4100 msnm y Vilca a unos 3900, pero para explicar mejor el IV+ que ahora le aplicamos hay que  completar la ecuación que indica 400 metros ascendidos y 600 descendidos.  Parece que este año el Apu cobró las víctimas siempre reclamadas: Tanto en Vilca como en Huancaya nos contaron que la última Semana Santa se apareció un nutrido grupo de cicloturistas.  Desinformados como estaban de las características de la ruta, parece que atacaron el Tragadero a destiempo, sobrecargados y sin tener en cuenta el clima inestable típico de esa época. El resultado fue una penosa y lodosa procesión que agradecía a Dios el fin del segmento. Nosotros más bien solemos agradecerle su existencia pero, si tenemos en cuenta que comenzaron a llegar a las 10 am y por tanto deben haber pasado la noche arrastrando las bcs en el barro y/o en muy húmedo vivac, su ingratitud es casi justificable.  De cualquier modo, Tragadero es una de las mejores joyas del ciclomontañismo peruano. Vayan antes que sea demasiado tarde: el municipio de Tanta promueve la construcción de la carretera Tanta-Vilca que este año se aplazó por falta de presupuesto. Nosotros creemos que no siempre las carreteras implican desarrollo, menos en lugares como este cuyo potencial económico es el turístico y su valor es precisamente el conservarse igual que en los últimos 500 o más años.</p>
<p style="text-align:justify;">Aunque el tramo  Vilca-Huancaya, con su carretera y sus postes dista mucho de mantenerse prístino, es fácil imaginarse cómo era hasta hace 30 años descalando un poco el acantilado desde la trocha para perderla de vista y sumirse en la contemplación de las lagunas y sus cascadas, la andenería, los remanentes del camino inca y despedirse del Pariakaka. En cambio, este es el peor segmento carretero de toda la vuelta, con muy poco mantenimiento y muchas piedras sueltas por la erosión del tráfico. A un par de kms de Vilca y, aunque se supone que a Huancaya se desciende, empieza un ascenso sostenido mitigado por la visión del río, de sus lagunas, de las cascadas, de la andenería que recién culmina a los 10 kms con un rápido descenso de 3 kms hasta Huancaya.</p>
<p style="text-align:justify;">Encontramos el pueblo bastante mejorado pero la zona de camping en los puentecillos ostenta uno de esos exabruptos arquitectónicos con que los políticos locales suelen desgraciar el paisaje apenas cuentan con un poco de recursos. Consiste en una especie de parador que, aunque pueda resultar práctico para cierto tipo de visitantes, rompe totalmente con el paisaje y luce un estado de abandono contrastante con el hecho de que nunca parece haber sido usado. La contraparte positiva consiste en la labor de empedrado de calles que se encuentra en plena obra. En cuanto al alojamiento, a pesar del boom turístico, no ha mejorado ni aumentado mucho desde la última vez que vinimos. Fuera de temporadas altas, sin embargo, alcanza para todos. Dormimos allí luego de una tarde de harta precipitación que en la mañana siguiente nos regaló con los cerros totalmente blanqueados por la nieve. Desde la comodidad y tibieza de nuestro alojamiento fue reconfortante saber que esa nevada pudo caernos en pleno Tragadero pero no había sido así.  El tramo hasta el km 0 –desvío a Miraflores- muestra una muy buena carretera. Esta vez obviamos el delicioso singletrack entre Vitis y Piticocha  pero constatamos que sigue allí tal cual.</p>
<p style="text-align:justify;">A poco de empezar el ascenso de 7 kms a Miraflores y después de unos gélidos vientos, empezó otra lluvia que nos acompañó hasta el pueblo.  Pero no es ni la buena carretera ni el bucólico paisaje lo que nos atrae a este poblado, si no el pueblo colonial fantasma de San Agustín de Guaquis y, sobre todo,  –vamos- el sendero que lleva a él. Este singletrack de 4 kms es otra verdadera joyita. A pesar de su brevedad, el paisaje y la perfección del segmento, sumada al alto riesgo de algunas cuadras, sin margen de error, de caída a un vacío de 300 m en promedio, hacen una experiencia intensa que bien justifica la visita exclusiva.  El pueblo está situado en un el promontorio del espolón divisor de la quebrada de Miraflores y el Alto Cañete  desde donde se dominan las andenerías propias, invisibles desde la carretera, una buena parte del río, y toda su quebrada, además de todas las cordilleras de los alrededores, sobre todo las del sureste de Yauyos y Noreste de Huancavelica. Las casas de piedra, destechadas, se encuentran casi todas en pie y destaca la nave de la Iglesia y su torre, visible desde la carretera y muchos otros puntos. El sendero, de ancho medio, clase IV + asciende, en la ida, unos 150 m, que hacen una trepada relativamente suave pero técnicamente exigente. El mismo segmento de vuelta es un DH cuidadoso, clase III con un par de problemas clase IV+ la primera mitad y la segunda, más ancha y limpia, ya sin el abismo al lado, deja soltar los frenos y hasta saltarse un par de escaleras. Además existe una salida DH más larga y técnica, aparentemente clase V, de Guaquis directamente a la carretera grande que estamos dejando pa la próxima.</p>
<p style="text-align:justify;">De Miraflores al desvío de Laraos, pasando por el Tinco de Alis  no toma ni una hora de pura velocidad. Otro cantar resultan los nueve kms de cuesta al pueblo, pero el viento a favor ayuda bastante y se puede hacer en poco más de una hora de trabajo sostenido. Al igual que en Miraflores, se debe confesar que no es la espectacular andenería ni el interés por constatar qué tanto afectó al pueblo el ultimo terremoto, ni siquiera los exquisitos churrascos de alpaca, que ya no hay, lo que nos atrajo aquí.  Sobre todo venimos a por un segmento –un loop, tal como lo hicimos esta vez- que en dos oportunidades anteriores aproximamos sin culminar: el loop Laraos-Tintín-Laraos. Saliendo de Laraos se sube tendido hasta los 3800 por un singletrack paisajístico, relativamente estrecho pero cómodo, que va dejando atrás una excelente vista del pueblo y los andenes y tiene por delante las montañas de Carania dominadas por el Apu Llongote. A partir de este punto, sobre la esquina entre la quebrada de Laraos y el Cañete, empieza el descenso, técnico, clase IV+ y plagado, en el último cuarto de los 18 kms, de agresivos cardos. La segunda mitad, marcada por una megacárcava que hubo que portear en cadena, se encuentra algo sucia de piedras y poda. Dura pero excelente ruta. El loop se completa haciendo casi toda la carretera desde Tinco Alis, solo que esta vez los 9 de Laraos son bastante más macheteros.</p>
<p style="text-align:justify;">Sobre el tramo carretero clásico de salida no hay mucho que decir, salvo que se repite siempre con mucho gusto, toma todo el día y culmina en Catahuasi con el consabido baño en al Cañete, ya tibio, pero con su linda playa desgraciada en cantera cortesía, para variar, de Cementos Lima.</p>
<p style="text-align:justify;">Fotos en:  <a href="http://picasaweb.google.es/aputrails/Pkk2008?authkey=Gv1sRgCKGW3refzvL2oQE&amp;feat=directlink">http://picasaweb.google.es/aputrails/Pkk2008?authkey=Gv1sRgCKGW3refzvL2oQE&amp;feat=directlink</a></p>
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		<title>El Camino de Santana</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 22:45:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>viajesen2ruedas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Para abrir la primavera andina 2009, a la altura de la circunstancia, este domingo celebramos los himeneos del Camino de Santana. Mi amigo Tolmos me había anunciado su regreso luego de un año en México, Querétaro, donde no había dejado de pedalear y había caído tan bien en la comunidad cletera local que incluso está [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=62&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>Para abrir la primavera andina 2009, a la altura de la circunstancia, este domingo celebramos los himeneos del Camino de Santana. Mi amigo Tolmos me había anunciado su regreso luego de un año en México, Querétaro, donde no había dejado de pedalear y había caído tan bien en la comunidad cletera local que incluso está dejando escuela. Con tal motivo, me dijo que le &#8220;organizara&#8221; un &#8220;buen paseo&#8221;. Como &#8220;buen paseo&#8221; se puede definir esta bajadita que había chequeado hace algunos años y que al comienzo de este invierno andino había trekkeado para comprobar su ciclabilidad. Tardé desde Lahuaytambo y con mochila de 20 kilos, 7 horas, incluidos descansos y su &#8216;ciclabilidad&#8217; fue aprobada al 100%. En ese momento se convirtió en primera prioridad para este año.</strong></span></p>
<p style="text-align:center;"><span style="color:#000000;"><img class="size-full wp-image-64 aligncenter" title="100_5311" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2009/04/100_5311.jpg?w=450" alt="100_5311"   /></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Como quien no quiere la cosa, en las últimas trepadas sabatinas al &#8220;Chiri&#8221; le estuve pasando la voz a la gentita de siempre para hacerla en mancha pero, previsiblemente, la propuesta fue amablemente ignorada, de modo que le pasé la voz a Alonso, siempre dispuesto a poner su mionca y su cuerpo para esta clase de novedades, y a Roda, con quien me había comprometido a pasarle la voz después de escuchar mi descripción del sitio. Pido la comprensión de todos los que se pudieran haber picado pero ya no había sitio y no se pudo conseguir otra nave. Pero me he quedado corto de fotos, así que vao!</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Ni bien bajó la primera agua clara en el Lurín, la hicimos. A pesar de ser tan pocos, o tal vez por eso mismo, el relajo cundió desde el principio, así que recién después de las seis  estuvimos en Pachacámac, por Roda y don Ucedita, para que nos maneje. La ruta del valle fue algo amodorrante y, a pesar de la interminable pero siempre amena cháchara de Roda, se hizo largo. Ya poco después de Sisicaya los cerros exhibían el bozo verde florido que acusa la intensa temporada de lluvias pasada. Luego de la primera serie de desarrollos, todas las quebradas corriendo, la cascada de Matarachi en todo su esplendor y el verde lujuriante de la vegetación que todo lo cubre hablan de la abundancia de agua que nos deja el invierno.</span></p>
<p style="text-align:center;"><span style="color:#000000;"><img class="size-full wp-image-65 aligncenter" title="100_52761" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2009/04/100_52761.jpg?w=450" alt="100_52761"   /></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">En Lahuaytambo, que luce su encanto de siempre realzado por el nuevo empedrado de sus calles estuvimos a las 11 y pico. En la entrada al caminito, a las 12. Demasiado tarde para lo que suelen empezar estos paseos y más tratándose de una ruta nueva. La ruta empieza, típicamente, en un camino ancho, invadido por pasto pisado por ganado, empircado a los dos lados que, también típicamente, se encuentra inundado. Pasamos el barro más o menos rápido pero luego de esta sección inicial el agua sigue corriendo a lo largo de los primeros 200 m del camino, que cruzada la primera quebrada empieza a faldear, se estrecha sin llegar a ser estrecho y muestra la característica general del camino y que será constante desde ahora: podrían llamarse escalones, pero la pendiente general es insuficiente para caracterizarlos como tales, así que lo llamaremos un adoquinado difuso y casi continuo, de densidad, forma y tamaño de adoquines variable (de 20 a 60cm de diámetro o lado).</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">A partir de aquí, y a lo largo de todo el recorrido, el ancho del camino varía entre  1,5 m en los faldeos y hasta unos 3 m en pampas y desarrollos.  El agua que corre entre los adoquines de este  faldeo inicial, haciéndolos resbalosos, dificulta esta primera sección, que aún sin agua, ya se ve algo complicada.  En efecto, al entrar, un poco atrasado a esa sección, veo que la torpeza que me cunde no sólo se debe a la desaclimatación de la altura y la rudeza de los caminos serranos, sino a que estos adoquines son realmente complicados. Ante la duda, Tolmos, que me esperaba un poco más allá, me confirma que el camino es realmente madrugador al punto que sus pulsaciones en esos primeros minutos, a pesar de ir totalmente en descenso, correspondían a un cabal ascenso. La razón, sin duda, estaba en la dificultad del adoquinado, que aún de bajada exigen completos cuerpo y mente. Reemprendimos lo que aparentaba ser el fin de las dificultades hasta encontrarnos en la primera quebrada con alonso y roda que nos reconfirmaron la dureza de esa primera sección.</span></p>
<p style="text-align:center;"><span style="color:#000000;"><img class="size-full wp-image-66 aligncenter" title="100_5256" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2009/04/100_5256.jpg?w=450" alt="100_5256"   /></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Fue bueno que lo fuera tanto porque a continuación comprobamos que era inmejorable introducción al resto del camino. A partir de allí el adoquinado continuaba más fácil para de allí, en ideal progresión, incrementar la dificultad técnica poco a poco hasta alcanzar y luego superar el tramo inicial. Lo alucinante, lo atractivo de esto, es que uno se acostumbra a esta progresión de manera que cuadra a cuadra, la valla de la imposibilidad de los adoquines convertidos en escalones se va elevando y en lo que diez cuadras antes uno arrugaba viéndolo imposible, ahora lo pasas, no como si nada, pero cada vez más acostumbrado a encontrar la línea en el rompecabezas de adoquines hasta encontrar otra nueva valla que, de nuevo, unas cuadras más adelante, se superará con fluidez.  Es así como la progresión del nivel técnico del camino va imponiendo el ritmo, que por la exigencia de hombres y cletas pide descansos más frecuentes.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">La multiplicidad de líneas posibles hace de la combinatoria final de las mismas un juego apasionante. Cada uno, de acuerdo a su propia experiencia y estilo va haciendo su propia línea inmediata que se va tejiendo en líneas más largas cuya corrección determina el resultado final de los complicados problemas que periódicamente llegan, configurando las mayores joyas de Santana: los switchbacks escalonados.  Ante el fracaso o el éxito en la solución de estos problemas queda claro que el resultado depende mucho de haber tomado una línea correcta hasta 50 o más metros antes. Pero esto es una adivinanza, ya que es imposible desconcentrarse de la sección presente para observar la línea inmediata, así que se va improvisando. En muchos casos, las secciones eran completadas por sólo uno, o dos, o tres de nosotros, de manera que, aún en el dream team que configurábamos, ninguno pasó la prueba completa y tuvo que apearse, más o menos aparatosamente, donde uno o más de los demás la hizo.  Así, cuidadosamente, sección por sección de no más de 300 m fuimos tejiendo, completa, la épica bajadita de Santana hasta su agotada culminación en el mismo río Lurín, todfos los músculos y huesos del cuerpo placenteramente adoloridos. En estas condiciones, los 12 kms de montada por carretera hasta Cruz de Laya y Antioquia son un agradable relax luego de la misión cumplida.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">La ruta, descenso total con un solo repecho de un par de cuadras consiste en dos faldeos conectados por tres series interminables de esos switchbacks escalonados. La última sección, yapa y culminación de esta bajada cuando ya hace rato que estás pidiendo chepa, consiste en un hermoso conjunto de escaleras &#8220;en espiral&#8221; que en menos de 1 km salva los últimos 200 metros hasta el río, donde se han descendido 1200 m (de 3300 a 2100 msnm) en alrededor de 9 kilómetros (14% de pendiente) salvados en hora y cuarto de montado neto (3 y media de tiempo total). Aunque Roda lo clasificó como un IV (en la clasificación internacional análoga para río de 6 clases donde clase VI es impracticable) yo, modestamente, le daría clase VI.  En todo caso,  el caminito de Santana no es apto para nada menos que muy expertos en excelentes condiciones físicas y con exclusivos gustos. Además, me atrevo a afirmar que es la ruta, 100% ciclable, más técnica que se haya hecho hasta hoy en Perú. En cuanto al camino en sí mismo, que nos lleva desde la bellísima campiña Lahuaytambina  con el magnífico apu Cinco Cerros siempre presente y en el descenso se va metiendo al espectacular cañón de San Damián, las dichas escaleras en espiral parecen confirmar lo que el monumental adoquinado previo sugiere: que estamos ante otro importante segmento del Qapaq Ñan y que por sus dimensiones y características arquitectónicas bien podría ser la sección perdida entre Antioquia y Chancuya hacia Huarochirí y Jauja. A ver expertos, investiguen. Qué tal ruta, Santana.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Mas fotos en:</span></p>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://picasaweb.google.es/aputrails/Santana?authkey=Gv1sRgCP2biPXNyuS85QE#"><span style="color:#000000;">http://picasaweb.google.es/aputrails/Santana?authkey=Gv1sRgCP2biPXNyuS85QE#</span></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/viajesen2ruedas.wordpress.com/62/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=62&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Rally en Totoritas, 15 años en la ruta</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Mar 2009 20:46:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>viajesen2ruedas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde su primera edición en 1994, la carrera de Totoritas se ha convertido en el referente obligado para ver quién es quién en el ciclomontañismo de competencia nacional, incluso acogiendo a algunos competidores extranjeros que se van encantados del alto nivel y diversión de la prueba. Y el encanto no queda solo en ellos. Para [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=34&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"><strong>Desde su primera edición en 1994, la carrera de Totoritas se ha convertido en el referente obligado para ver quién es quién en el ciclomontañismo de competencia nacional, incluso acogiendo a algunos competidores extranjeros que se van encantados del alto nivel y diversión de la prueba. Y el encanto no queda solo en ellos. Para los nacionales no deja de ser un nuevo desafío, el ambiente familiar y veraniego a la vez que campestre y la lucha constante de los atletas, deja a los espectadores más que satisfechos del espectáculo. Aún así, el que se pretende cronista no puede sustraerse al otro desafío de la hoja en blanco, en cómo enfocar el tema para despertar y sostener el interés sin alejarse de la objetividad. En medio de ese dilema, apareció Guillermo de Vivanco, leyenda viva del ciclismo nacional, comprometido y terco promotor así competidor infatigable que parece (y más allá) mejorar con los años quien se mandó a la lista de interés de ciclismo, como si tal cosa, esta sentida visión, desde muy dentro, de lo que es y significa esta competencia. Con él los dejo, seguido, solo como referencia y comparación, del boletín oficial de los jueces de ciclismo. </strong></span></p>
<p style="text-align:center;"><img class="alignnone size-full wp-image-37" title="100_5173" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2009/03/100_5173.jpg?w=450" alt="100_5173"   /></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE">Hola amigos. Después de 8 años he vuelto a correr el rally Totoritas. La verdad es que luego de haber competido ininterrumpidamente por 15 años perdí la motivación. Así que los últimos días me debatía en mi dilema hamletiano: corro o no corro; estoy entrenado pero no quiero adrenalina. Finalmente dicidí que el mismo domingo iba a tomar la decisión. Efectivamente a las 3.30 a.m. me desperté ya decidido. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE">En la carretera parecía que todos se dirigían a Totoritas. Carros, micros, hasta ómnibus llenos de bicicletas. Lo primero que hice al llegar fue ir al puente roto para inspeccionar hasta qué punto el río nos había inundado. El circuito tenía harto lodo, bueno igual para todos. Luego en el punto de partida todo el circo montado, gran convocatoria, colorido y un sol abrazador como preámbulo natural del infierno que nos esperaba.</span></p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:center;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"><img class="size-full wp-image-38 aligncenter" title="100_52122" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2009/03/100_52122.jpg?w=450" alt="100_52122"   /></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;">Ya en la partida, estábamos todos, élites y masters, mezclados. Felizmente soltaron la categoría élite tres minutos antes que los masters. La partida fue muy rápida, entrar a la tierra entre los punteros disminuye el riesgo de la primera curva, aquella donde acabé alguna vez sumergido en el agua. Esta vez entré en el sétimo puesto para ir recuperando paulatinamente mi ubicación de carrera, preferentemente entre el segundo y tercer puesto. En esta ubicación me encontraba cuando dimos la primera curva anegada, justo antes de la recta arenosa. Primera caída, logré esquivar a los dos ciclistas pero un tercero se estrelló por atrás y a montar de nuevo. Se produjo un quiebre al que iba a corretear durante la próxima hora y media.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE">¡Qué linda carrera! el trazado muy bien señalizado, no hubo curva donde no encontrara público, los élites que íbamos alcanzando colaboraban haciéndonos el espacio para el pase, Jonathan Davis (campeón Panamericano) era mi referente.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE">  </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE">La cuesta de Mala, las laderas luego del cementerio, la entrada a Santa Cruz de las Flores y la subida caliente y pesada dieron paso a una carrera muy rápida en su tercio final. Tomas a gran velocidad la curva bajando la cuesta y te diriges a donde queda la cancha de fútbol, zona en bajada rapidísima y ciega donde, ¡oh sorpresa! se nos presentó un carro contra el tráfico. Debo haber derrapado medio metro antes del impacto donde solté el freno y la bici se enderezó y logré evitarlo. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;">
<div class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE">La sorpresa venía luego del puente roto, mitad lodo mitad arena, no había cómo evitar las trampas naturales, salimos a la carretera y completamos la primera vuelta. Faltaba los últimos 7 kilómetros. Éramos cuatro los que nos perseguíamos. En una curva perdemos por caída a Johan Ramberg y no lo esperan. En otra curva termino yo en un matorral lleno de espinas y se me van los otros dos, llegando a la meta hemos perdido 20 segundos con ellos y 57 con Davis. </span></div>
<div><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"> </span></div>
<div><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"> </span></div>
<div><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"> </span></div>
<div><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"> </span></div>
<p><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"> </p>
<p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE">Linda carrera. Felicitaciones a todos los que ponen su granito de arena y con la que ya cumplimos quince años seguidos. Nada de esto podría darse sin el entusiasmo de los deportistas, sin los auspiciadores, jueces y organizadores. Buen trabajo muchachos, solo falta mejorar los controles de tiempo y volverla internacional como fueron las primeras ediciones. (Guillermo de Vivanco Roca Rey)</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE"><strong>Más datos</strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE">Fueron 324 bravos ciclistas, que sin importarles el sofocante calor, ni el lodo que dejaba el río Mala, ni las cuestas, ni el trabado trazado de la carrera, se entregaron al máximo de sus capacidades para luchar por una buena ubicación y tratar de llegar a la Meta, a pesar de las caídas, pinchaduras y otros desafortunados desperfectos mecánicos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE">El primer grupo en salir fue el Élite. Víctor Anco, Gustavo Orellana, Jesús Arcila, Pedro Yaya y Jhon Cunto buscaban adueñarse de la punta de la prueba. El ritmo de carrera era violento, rápido, nadie daba tregua. A la meta ingresa triunfante Gustavo Orellana (Ola Tepsa) cronometrando para los 40 kilómetros de recorrido 1h 26 minutos y 20 segundos. Segundo arribó el ayacuchano Jhon Cunto (Vinos Tabernero). La emoción y suspenso por el tercer puesto lo pusieron Pedro Yaya (Team Best) y Jesus Arcila (Team Play), dado que casi sobre la línea Yaya logró superar a Arcila. Quinto arribó Victor Anco (Team San Juan).<br />
 <br />
Los Masters A-B y C, partieron un minuto después. Los ganadores fueron: el cusqueño Russo Covarrubias (Russo Bikes) en Masters &#8220;A&#8221;, Jonathan Davis (Interbank) en Masters &#8220;B&#8221; y Guillermo De Vivanco (Regatas Lima) en Masters C. En Damas Open la triunfadora fue Goyie Dumler (Team Play), escoltada por Milagros Chalela (Totoritas Best).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;" lang="ES-PE">Más fotos: <a href="http://picasaweb.google.com/aputrails/Totoritas2009?authkey=Gv1sRgCOKa7oDR0-25Ow">http://picasaweb.google.com/aputrails/Totoritas2009?authkey=Gv1sRgCOKa7oDR0-25Ow</a>#</span></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/viajesen2ruedas.wordpress.com/34/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=34&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>10. Tauripampa, enero de 2001 (II entrega), publicado el 12 de julio de 2008</title>
		<link>http://viajesen2ruedas.wordpress.com/2008/10/02/10-tauripampa-enero-de-2001-ii-entrega-publicado-el-12-de-julio-de-2008/</link>
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		<pubDate>Thu, 02 Oct 2008 21:22:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>viajesen2ruedas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde nuestras primeras incursiones por las Lomas de Lima nos hemos familiarizado con estas construcciones de laja que se agrupan o se salpican en determinados lugares y que muchos toman por &#8220;ruinas&#8221; sin equivocarse del todo porque si se intenta averiguar quiénes pusieron la primera piedra de estos microasentamientos sin duda tendríamos que recurrir al [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=31&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><strong>Desde nuestras primeras incursiones por las Lomas de Lima nos hemos familiarizado con estas construcciones de laja que se agrupan o se salpican en determinados lugares y que muchos toman por &#8220;ruinas&#8221; sin equivocarse del todo porque si se intenta averiguar quiénes pusieron la primera piedra de estos microasentamientos sin duda tendríamos que recurrir al C14, aunque también es posible que los cambios ecológicos acaecidos desde los primeros tiempos hayan determinado otros sitios para mayores establecimientos, como la evidencia de verdaderos restos en otros lugares de lomas y demás pisos con cobertura vegetal en la vertiente del Pacífico sugiere.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/100_0690.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-32" title="100_0690" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/100_0690.jpg?w=450" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;">El hecho es que al llegar el invierno nos enteramos de que estas construcciones en la actualidad sirven de vivienda estacional para los numerosos (¿?) grupos familiares que todo el año literalmente trajinan de arribabajo y de abajoarriba con su ganado vacuno y caprino y aunque ya habíamos visto de cerca el modus vivendi de estos limeños atípicos, esta vez íbamos a tener un contacto más estrecho, porque era evidente que esta noche tendríamos que ser sus huéspedes. Los Valerianos accedieron de buena gana, con la previa sorpresa e incomprensión habituales por nuestra aparición y motivaciones: &#8220;¡Yo no me atrevo!&#8221; repetía entre carcajadas el jefe cada vez que detenía su quehacer para observarnos. Ellos habilitan sus viviendas completando con una estructura de palos las paredes permanentes de piedra y cubren el conjunto con techos de plástico o lona en algunos casos; cueros hacen las camas y el mobiliario obviamente es lítico. Del mismo modo nos habilitaron una pequeña habitación y después de una deliciosa sopa de leche y queso sazonas con yerbas de monte, dormíamos como niños.</p>
<p style="text-align:justify;">Despertamos a las 4 de la mañana para emprender el resto de la caminata, que hicimos sin novedad en un par de horas por cerros completamente cubiertos de verde que recién empezaban a florecer apenas terminada la estación lluviosa. Llegamos a primera hora de una linda mañana que nos mostraba al pueblo tal como lo recordaba, excepto que en la entrada presentaba un teléfono público. Desayunamos en casa del profesor Bernabé y luego nos fuimos a descansar al albergue comunal que el alcalde Joaquín Escalante puso a nuestra disposición. Empleamos la tarde en visitar uno de los bosques de Tauripampa.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando a principios de la década pasada, gracias a una mezcla de azar y de correcta interpretación de cartas descubrimos y establecimos las rutas &#8220;de Olleros&#8221;, se especuló mucho -y hasta ahora se hace- sobre la probabilidad de que existieran docenas de rutas análogas a todo lo largo de la Vertiente del Pacífico, siendo el sentido común creer que así era. Sin embargo, un análisis más detenido de nuestra geografía nos demuestra que esas joyas son más bien escasas y que es muy poco probable que existan ese tipo de bajadas de la Cordillera a la Costa y con condiciones tales que permitan su ciclabilidad fuera de los departamentos de Lima y Áncash, donde los Andes caen virtualmente a pico al mar y las cabeceras son de acceso relativamente fácil.</p>
<p style="text-align:justify;">Desde esos años inferimos en base a los mapas de 1:100000 que por lo pronto 2 regiones en los alrededores de Lima presentaban rutas comparables a Olleros: una de ellas eran los interfluvios intermedios de Chillón y Chancay, específicamente en la zona de Huamantanga y otra era la de las cabeceras del río Omas, uno de cuyos principales afluentes nace en las alturas del distrito de Tauripampa, Yauyos. A las rutas de Huamantanga, de muy fácil acceso, hicimos una primera aproximación en el año 95 y se culminó con éxito su establecimiento el año siguiente, cuando bajamos de las bellísimas campiñas por la ruta que usa la peregrinación del Señor de Huamantanga.</p>
<p style="text-align:justify;">Tauripampa fue otro cantar. Aunque con los muchachos del High Flight Cycling Club le creamos una aureola legendaria en una época de intensos descubrimientos que incluyeron, entre otros sucesos menores, el establecimiento de la ciclabilidad del Bosque de Zárate y culminó con la Ruta del Pariakaka, Tauripampa (Yauyos, 3574 msnm), se mantuvo hasta ahora en el secreto o a lo más dentro de la categoría de lo pintoresco debido a su difícil acceso: en efecto, un ramal de la carretera de penetración de Omas te deja 1500 m debajo del pueblo: desde allí, a cargar tu bicicleta si te atreves la tremenda pared que te separa del hasta entonces dudoso éxito. Eso, la pared y la duda mantuvieron a Tauripampa en el incógnito.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin embargo, la visitamos. En la época antes mencionada, no recuerdo exactamente cuándo, la curiosidad espoleó nuestra voluntad y subimos personalmente Pepe Colareta y un servidor a investigar. Solo íbamos a preguntar por la ruta inferida, sin embargo, porque estudiando las cartas nos sedujo más intentar la conexión con Ayauca, en la cuenca intermedia del río Cañete. En realidad, una forzada e incorrecta similicadencia me había hecho confundir Ayauca con Huancaya, que de hecho se encuentra lejísimos y hacía tiempo quería visitar en bici, induciéndonos a emprender esa ruta, que a pesar del error y de ser escasamente ciclable, nos reveló, guiados por el profesor Dionisio, el concentrado potencial ecológico y turístico del hinterland. Porque desde que salimos de las altas quechuas de Tauripampa conocimos, por el aroma, de su tremenda diversidad de hierbas medicinales mientras subíamos a la Suni ocupada por extensos y densos queñuales, tal vez los mayores de Lima (habría que comparar con los de Carhuapampa en la ruta del Pariakaka, y con los del Alto Sta Eulalia), que forman un collar alrededor de esta Punita, que, a pesar de los furtivos de aspecto marcial que a veces incursionan , alberga la mayor población de vicuñas de Lima (y segunda en el Perú , después de Pampa Galeras), testigos antiguos de cuántos alucinantes crepúsculos sobre el Pacífico, visible desde allí muy por encima de donde se espera el horizonte. Esa vez aportamos a la Apachecta del &#8220;Camino Paisano&#8221;, que recorre toda la divisoria entre Mala y Cañete, desde Cerro Azul hasta el Apu Llongote, que desde aquí parece una columna de hielo, el Nevado más próximo al mar en todo el Perú. De allí conecta el camino con Huancayo y Tarma. De las nieves del Llongote nace el río Ayauca, cuyas truchas saboreamos esa noche después de descender de la Suni de Moruco, rincón de singular belleza donde el granito megalítico realza la enigmática sombra de los queñuales. Pero esa ruta, en todo caso, conforma un excelente trekking. Esa vez, al pie de la Apachecta, por fin al profe Dionisio lo obligamos a admitir que tal vez, una de las bajadas a Cañete o a Quilmaná efectivamente fuera demencialmente ciclable por alguna especie de masoquistas o suicidas.<br />
************</p>
<p style="text-align:justify;">Guardé el dato de Dionisio durante los últimos años esperando que la novelería por los últimos y más convencionales descubrimientos se desvaneciera. Los guardé hasta que se presentara la oportunidad y la compañía adecuada, pero hay tanto que hacer de nuevo que éstas se veían muy esquivas. Pero era también que la memoria convertida en instinto me disuade de emprender un ciclotrekking que los recuerdos no me presentaban como tan bravo, pero ese instinto simplemente cumplía su función y simplemente no iba. O sino porque convencer a la gente de ir a un sito nuevo siempre ha sido labor de gota que horada la piedra.</p>
<p>A pesar de todo este discurso cicloexistencial, no fui yo el que tomó la iniciativa para la expedición definitiva. Autoexiliado en el Norte Grande, dejé en manos de PeruBike el proyecto, que se vio favorecido por el hecho de que la familia de César había adquirido una chacra cerca de Omas. El convertirse en un local de la zona le llamó la atención sobre el lugar y hasta en dos ocasiones planeó expediciones que por uno u otro motivo no cuajaron.</p>
<p style="text-align:justify;">Intentar dominar o siquiera controlar el durísimo Bosque Seco del NO en bicicleta fue una tarea que había dejado su secuela física y mental en mi persona; además, recién llegaba de Máncora a reaclimatarme a la velocidad y al modo citadinos. Por eso, cuando al día siguiente de llegar me dicen para ir, me niego de plano; además, previendo algo así, había dejado todo mi equipo con mi mudanza, que llegaba una semana después. Nunca se conoce uno lo suficiente ni cómo el bichito ese te domina y te obliga a ir como siempre prometiste que nunca irías: subequipado y encima con todo prestado. En eso pensaba ya de entrada en Omas mientras calculaba el peso de la mano de finísimos &#8220;maleños&#8221; de la isla y los dos contundentes (excelentes) tamales que compramos en Esquina de Asia, único peso que se aliviaría del equipaje durante el duro ciclotrekking que nos esperaba.</p>
<p style="text-align:justify;">Esquina de Omas se llama el recodo donde la Quebrada Guayabo aporta por el E al río de Omas, que corre de NE a SE. De aquí arranca la repartición que acerca a Tauripampa. Los cerca de 20 kms de trocha, aunque de pronunciada pendiente, se hacen fáciles por lo variado del terreno y la particular geografía. En efecto, si el valle de Omas puede decirse rico y la vegetación en esta época del año (principios de abril) se puede decir lujuriante, la peculiar orientación de la quebrada Guayabo -que nos remite de frente al bosque de Zárate o la zona de Rupac- condiciona un conjunto de microclimas en toda la cuenquita que determinan su alto valor ecológico. En cristiano, esto significa que el paisaje es lindo y singular desde aquí como lo fue por el resto del viaje. De este vallecito, además de la rica y variada producción frutícola, se rescatan para el turismo convencional varios agradables lugares de pic-nic o de camping junto a un alegre arroyo de aguas cristalinas, algunas interesantes rutas de caminatas y los restos llamados &#8220;Pueblo Viejo&#8221;, aparentemente incas, bastante bien conservados y susceptibles de ser mejorados, en el límite entre el valle y una zona de vida muy poblada de grandes cactáceas y otras suculentas y espinosas que nos hace recordar el clásico desierto de Sonora (el del Gran Chaparral y muchas películas de vaqueros).</p>
<p style="text-align:justify;">De mi anterior incursión sabía que la siguiente quebrada a Pueblo Viejo, en el lugar llamado Campamento estaba la entrada &#8220;correcta&#8221; para subir a Tauripampa. Aquella previa vez seguimos el camino que subía gradual pero implacablemente por la quebrada principal, pero todos nos dijeron que el mejor para nuestros fines era el de Campamento, el más usado entonces, que sube abruptamente por lo que en la práctica viene a ser una pared y luego enfila por las cumbres del contrafuerte hasta empalmar el corte de la carretera en proyecto que llega al pueblo. Y ya que insistíamos, bueno, hasta es posible que sea ciclable. El hecho es que al entrar esta vez por Campamento y preguntarle a la primera pastora que apareció, esta me aseguró que por ahí no era, observando con la habitual sorpresa nuestras máquinas. Yo no podía entender cuál era la confusión, pero por las dudas retomamos la carretera y un poco más allá nos dijeron que habían dos alternativas: el camino de la quebrada estaba rehabilitado y ahora era el más usado; pero si queríamos conocer el otro camino, podíamos tomarlo allí mismo, subiendo a campo traviesa por el cerro, donde cruzaríamos más arriba una de varias huellas de pastores que luego se unían al camino real. ¿Cuántas horas? &#8230;3&#8230;5&#8230;era imprecisa la respuesta; en todo caso, bien andado llegaríamos a Tauripampa al anochecer. Y ¿habrá alguien a quien preguntarle en el camino? Sí; hay varios ganaderos con &#8220;crías&#8221; arriba. Si ven bien allí, decían señalando a un punto a unos 500 metros casi directamente encima de nuestras cabezas, están sus campamentos. Ya nos habíamos mentalizado para una dura trepada, así que sin esperar disuasivos pusimos cuerpos a la obra de inmediato, a eso de las 2 y media de la tarde.</p>
<p style="text-align:justify;">Nunca se sabe, en estos casos, adonde se va el tiempo. Lo cierto es que después de tres horas de escalar, arrastrarnos y, en algún adrenalínico instante, pedalear, habíamos llegado adonde los ganaderos, donde nos dimos con la esperada sorpresa de verificar que nuestras ingenuas estimaciones de que sus campamentos estarían a lo más a un cuarto de camino (mejor dicho, de trepada) de la cumbre, estaban de más: Pampa Larga, el estrecho descanso en la pendiente que tenía todo de larga pero nada de pampa, se encontraba recién completando el primer tercio de del cerro; de allí, todavía faltaba un número indeterminado de kms por el corte de carretera hasta el pueblo. A poco para las 6, sabíamos que no llegaríamos antes de la medianoche y, franco franco, el cuerpo ya no daba, así que allí nos quedamos&#8230;<br />
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<p style="text-align:justify;">Las Cordilleras de Yauyos presentan la particular caracterìstica de ser no un segmento de cadena como en el resto de los Andes Occidentales, sino más bien un macizo que visto desde el aire puede compararse con una península donde las cuencas de Mala y Cañete y el llano costero vienen a ser como el mar y el istmo correspondería al estrecho contrafuerte, un cuello, destacado por la Cordillera Central en dirección SE-NW y que al acercarse a la Costa se eleva formando las Cordilleras Nevadas de Picchahuacra y Llongote, esta última la más cercana al litoral en todo el Perú. Llongote, Apu mayor de Yauyos, a su vez, proyecta lo que podríamos describir como un espolón de puna hacia la costa, divisoria entre las cuencas de Omas y Cañete, el borde del cual, antes de ramificarse y precipitarse al mar, se encuentra cubierto por una ceja o, mejor, un collar de bosques de qeñual. Al pie de uno de estos bosques, abrigada entre dos de estas ramificaciones (al NO) se encuentra Tauripampa (3574 msnm). El pueblo, capital del distrito del mismo nombre, fue fundado en 1821 y sus primeros habitantes provinieron de una serie de villas coloniales que bordean las quechuas que nos ocupan como otros tantos miradores al mar y cuyos restos son visibles aún hoy en la misma cota de Tauripampa aproximadamente. La región fue ocupada antes por los aguerridos Yauyos, que han dejado una serie de restos de regular importancia. La ausencia de restos Incas y de la lengua quechua indican que no fue conquistada aunque los restos de fortalezas que predominan entre la arquitectura nativa sugieren que tanto sus excelentes tierras de pastoreo como la completa variedad de pisos cultivables fueron más que codiciadas por los cusqueños, que seguramente prefirieron afianzar otras conquistas antes de emprender la dudosa aventura de vencer a los indómitos lugareños. De las tradiciones locales, la más recurrente refiere el paso de La Serna por la región. Vívidamente nos refirió el profesor Bernabé los fallidos intentos del ejército realista para tomar el valle de Cañete y sus ulteriores tentativas para entrar a la Sierra por Quinches, siendo rechazado también por las montoneras locales hasta encontrar la retirada al fin por Tauripampa, de donde tomaron las alturas del Llongote para enfilar finalmente hacia las Pampas de Junín. Solo desde aquí se puede figurar uno el enorme problema logístico de llevar un ejército completo de una a otra de estas quebradas y finalmente subirlo a la mortal jornada cordillerana. En la historia del terrorismo se debe incluir esta retirada: La Serna dejó, como macabra advertencia a sus perseguidores, la Iglesia del pueblo quemada con todos sus heridos y prisioneros dentro con el doble propósito de aligerar la marcha y disuadir a sus perseguidores. La historia moderna del pueblo sigue parecidos vaivenes a los del resto de las comunidades andinas del s XX: esplendor agrícola y ganadero republicano seguido del paulatino deterioro del entorno que conlleva una decadente y olvidada entrada la modernidad. A pesar de que ninguna carretera llega a ella, incipientes proyectos de manejo forestal y de fauna silvestre (vicuñas) así como un intenso comercio de derivados lácteos muestran que los habitantes de esta comunidad, de elevado nivel cultural, están listos a entran al s XXI. En este contexto, el turismo, en particular sus modalidades ecológica y de aventura, aparecen como complemento y factor ideal del desarrollo sostenido que ellos mismos ya prefiguran.<br />
&#8212;&#8212;&#8211; &#8212;&#8212;&#8211; &#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p style="text-align:justify;">Desde nuestras primeras incursiones por las Lomas de Lima nos hemos familiarizado con estas construcciones de laja que se agrupan o se salpican en determinados lugares y que muchos toman por &#8220;ruinas&#8221; sin equivocarse del todo porque si se intenta averiguar quiénes pusieron la primera piedra de estos microasentamientos sin duda tendríamos que recurrir al C14, aunque también es posible que los cambios ecológicos acaecidos desde los primeros tiempos hayan determinado otros sitios para mayores establecimientos, como la evidencia de verdaderos restos en otros lugares de lomas y demás pisos con cobertura vegetal en la vertiente del Pacífico sugiere. El hecho es que al llegar el invierno nos enteramos de que estas construcciones en la actualidad sirven de vivienda estacional para los numerosos (¿?) grupos familiares que todo el año literalmente trajinan de arribabajo y de abajoarriba con su ganado vacuno y caprino y aunque ya habíamos visto de cerca el modus vivendi de estos limeños atípicos, esta vez íbamos a tener un contacto más estrecho, porque era evidente que esta noche tendríamos que ser sus huéspedes. Los Valerianos accedieron de buena gana, con la previa sorpresa e incomprensión habituales por nuestra aparición y motivaciones: &#8220;¡Yo no me atrevo!&#8221; repetía entre carcajadas el jefe cada vez que detenía su quehacer para observarnos. Ellos habilitan sus viviendas completando con una estructura de palos las paredes permanentes de piedra y cubren el conjunto con techos de plástico o lona en algunos casos; cueros hacen las camas y el mobiliario obviamente es lítico. Del mismo modo nos habilitaron una pequeña habitación y después de una deliciosa sopa de leche y queso sazonas con yerbas de monte, dormíamos como niños.</p>
<p style="text-align:justify;">Despertamos a las 4 de la mañana para emprender el resto de la caminata, que hicimos sin novedad en un par de horas por cerros completamente cubiertos de verde que recién empezaban a florecer apenas terminada la estación lluviosa. Llegamos a primera hora de una linda mañana que nos mostraba al pueblo tal como lo recordaba, excepto que en la entrada presentaba un teléfono público. Desayunamos en casa del profesor Bernabé y luego nos fuimos a descansar al albergue comunal que el alcalde Joaquín Escalante puso a nuestra disposición. Empleamos la tarde en visitar uno de los bosques de qeuñual vecinos y después de cenar y confraternizar con los locales, nos fuimos a acostar temprano para amanecer al día siguiente para la desconocida jornada de descenso.</p>
<p>Al hacer las averiguaciones acerca de la ruta que íbamos a emprender, esta vez las estimaciones no fueron tan optimistas, pero en todo caso, los poblanos nos mandaron con el joven profesor llamado Brezhnev Soriano, quien iba a ver sus &#8220;crías&#8221; por allí por donde podía haber lugar a confusión en la ruta. En el breve trayecto que compartimos supimos de su recurrente historia, de cómo siendo un excelente y joven profesor titulado en Huancayo (aparentaba menos de 20 pero creo que tiene 25 años), su nombramiento era una y otra vez postergado a pesar de que sus condiciones y amor por su carrera y terruño saltaban a la vista. Nos ofreció una colección de fotos y una serie de tradiciones locales recopiladas por él mismo. Ahora partía a internarse en el despoblado que separa las quechuas de la costa a dedicarse a su labor &#8220;alternativa&#8221; de pastoreo.</p>
<p style="text-align:justify;">Los primeros 5 kms, los que compartimos con el profe, excelentes, prometían el éxito de la exploración. El paisaje, imponente como es habitual en estos casos, era recorrido por el camino en suave descenso bajo una cornisa lítica que por partes presentaba lenguas de qeuñales que se descolgaban al abismo, que un poco más abajo se interrumpía brevemente en unos como balcones ocupados por corrales, huertas, una que otra casita y en dos casos, por estos pueblos coloniales en ruinas y de allí se repartía en varios contrafuertes que se sumergían en un manto blanquísimo de estratos. En el horizonte, exactamente encima de esta capa, una franja más azulada que el celeste del cielo denunciaba la &#8220;altamar&#8221;. Nos detuvimos donde el camino se dividía en uno que seguía faldeando y otro que tomaba por la fila uno de esos contrafuertes. Brezhnev llegó corriendo y excitadísimo por las recién reveladas prestaciones de las montañeras prometiendo aprender a manejarlas para poder guiarnos en futuras exploraciones. Nos despedimos de nuestro apreciable, excelente guía después de que nos asegurara que las doce horas que nos había estimado antes de ver nuestra performance se reducirían a un tercio y que casi todo (95% por lo menos, dijo) lo haríamos montados. Luego de una breve porteada y un surrealista encuentro cercano con un magnífico venado macho, vino el verdadero descenso por una vereda increíble, clase IV, V y VI, estas últimas posibles pero que por momentos nos obligaban a desmontar porque simplemente no había margen de error y a la izquierda había un precipicio de vacío limpio de 500 metros. Esta sección tenía como 8 kms por la pared derecha de un impresionante cañón que poco a poco se iba ampliando hasta convertirse en un vallecito poblado de alisos, molles y huarangos que ya acusaban el cambio de piso ecológico donde a poco aparecían las primeras chacras de la quebrada que aquí se llamaba Aliso y un poco más abajo Pócoto. En cierto punto había una placa conmemorativa de la rehabilitación del camino rural por los municipios de Imperial y Tauripampa allá por los años 60. Preguntando, supimos que la que estábamos recorriendo era la última sección del famoso &#8220;Camino Paisano&#8221; mismo que en las alturas usó La Serna para evacuar a Junín.</p>
<p style="text-align:justify;">En esta parte el camino ya va por el lecho de la quebrada y es de lo mejor. Un singletrack (sendero) de alta velocidad amenizado por los variados cruces de los numerosos huaicos afluentes. 20 kms de pura y segura diversión, clase III, que como suele suceder no es un descubrimiento: a poco de comenzar nos encontramos con un local empujando su cleta que nos explicó que la ruta es usada por los agricultores de Sta Cruz del Valle desde y hacia Imperial. Fue una suerte que así fuera, porque al inicio de esa sección mi llanta trasera me había comenzado a dar problemas y luego de varias reparaciones infructuosas que echaron abajo nuestra buena regularidad, colapsó justo cuando comenzaba la trocha carrozable, absolutamente intransitada y todavía a 35 kms de Roma, nuestro destino cerca de Imperial. El panorama era triste, porque calculando la velocidad de camino calculé llegar no antes de las 10 pm. Como no tenía sentido que los tres pagáramos pato, convencí a los compañeros (creo que hasta aquí olvidé mencionar al leal escudero Jose Coloma) de que siguieran montando y ya nos veríamos en Lima. Pero mi ángel de la guarda se apareció personificado en otro local que regresaba de su faena y me dijo que no había problema, que el cosería mi llanta como tantas veces había hecho con la de su bici. Me invitó a su casa y mientras ponía amables manos a la obra, me invitó un reparador jugo de maracuyá y amenizaba la labor dándome detalles sobre la zona y todo lo que me pudiera interesar. Media hora después estaba en ruta y al poco rato me encuentro con César, que iba a mi rescate cargando una llanta nuevecita que por una de esas casualidades de la vida habían encontrado y comprado a ¡35 soles! en Pócoto, 5 kms más abajo. Fue una suerte, porque mi otra llanta comenzaba a seguir el mismo camino que la primera, así que la cambiamos y seguimos rumbo a Roma, adonde llegamos poco después de anochecer.</p>
<p style="text-align:justify;">La exploración había sido un éxito, la ruta medía como 65 kms de los cuales 35 eran excelente singletrack y el resto una excelente trocha. Ello nos llevó a planear el regreso en Semana Santa con más gente. Como había teléfono en Tauripampa, fue posible coordinar la logística con anticipación de modo que esta vez habría una recua de burros esperándonos para subir nuestras cletas y suavizarnos el penoso ascenso. Por desgracia el transporte, la pesadilla del turismo en nuestro país, una vez más falló y nos hizo llegar a media tarde, una hora después de que los burros habían emprendido el regreso. Si bien la situación era difícil,no era desesperada. Nos organizamos de modo que la gente subiera con el mínimo equipaje al toque mientras tres de nosotros nos quedaríamos en el sitio con las bicicletas a reunir los 8 burros necesarios, cosa que no sería tan difícil puesto que estábamos en el puertito de salida y llegada a Tauripampa en un día de comercio y constantemente llegaban burros cargados de queso y otros productos. Partimos poco antes del anochecer y lo que vino a continuación fue una encantadora caminata a la luz de la luna llena arriando nosotros mismos los burros por un caminito que una y otra vez me hacía pensar cómo aún hoy todavía es posible viajar como lo hizo Raimondi hace siglo y medio por estos mismos caminos a lugares a los cuales no hay otra manera de llegar. No hay palabras para expresar mis sentimientos cada vez que en una curva del camino volteaba para ver a Jose arriando feliz a los animales, iluminado por esa magia indescriptible de la luna serrana.<br />
De este viaje vale destacar el entusiasmo y vitalidad de Gustavo Swayne y Lalo Málaga, del &#8220;Flight&#8221; que emprendieron el recio trekking hasta medianoche tan solo para darse el gusto de hacer el descenso a primera hora del día sgte. Llamaron esa tarde para darnos sus impresiones de la ruta. Tanbién la participación de la simpatiquísima Viviana Rossi, que una vez más desmiente aquello del sexo &#8220;débil&#8221;. Esta vez, con más días disponibles, pudimos explorar mejor la zona, abarcando otros bosques de qeuñal, los anexos vecinos, el Apu tutelar del pueblo, escenario de las fiestas y tradiciones locales y sobre todo hicimos otro increíble camino de 15 kms y que incluye la zona llamada Concepción, donde uno de aquellos bosques de qeuñal que se descuelga de las cornisas pétreas se convierte en un hermoso bosquete de chachacomo, calatillo y otras especies que le da el toque de surrealismo al recorrido. Nos dijeron que esa ruta llega a Zúñiga y según todos los indicios, refrendados por las versiones locales, debe ser ciclable en suficiente medida como para intentarlo. Veremos. El domingo de Pascua hicimos el épico descenso sin más novedad que unos cuantos sustos y mucha adrenalina.<br />
Sin temor a incurrir en el lugar común, podemos decir que Tauripampa es un lugar privilegiado con una variedad de recursos naturales y obra humana que lo convierten en un destino turístico ineludible, tal como lo espero haber dado a entender en esta crónica. Gran parte de su encanto se debe a la ausencia de carretera de acceso de manera que conserva en buena parte intacto el ambiente tal como fue en los últimos 200 o 300 años. Es necesario cultivar entre sus educados habitantes la necesidad de mantenerlo así cuando la inevitable y necesaria vía de comunicación llegue, cosa perfectamente posible si se desarrolla una adecuada estrategia turística que se complemente y retroalimente con los otros frentes de desarrollo sostenido. Con Tauripampa y luego de completar la Ruta del Pariacaca/Alto Cañete y visitar la cuenca de Ayavirí/Quinches hemos completado un gran rodeo a las Cordilleras de Yauyos (Picchahuacra, Ticlla, Llongote) notable recurso ecoturístico que constituye otro importante aporte colectivo del ciclomontañismo de vanguardia a la oferta turística nacional. Estamos a la espera de que las autoridades del sector despierten de su letargo y proporcionen de una vez por todas el marco para que se convierta en factor de desarrollo sostenido.<br />
En la versión de Semana Santa participaron: José, César Ortega, Fernando Castro, Viviana, Kiko Bustamante, Negro Fortuna, GG(se lee yiyi) Deza, Dino Vanucci, Arturo, Lalo, Gustavo, Andy, Chino Beto, Gonzalo Gómez Sánchez y tal vez alguien más que se me escapa y a quienes pido disculpas. Trekkeando fueron Pepe Colareta y su esposa Jackie Velasco, Víctor Abanto y Willy Reaño. Hace cosa de 2 meses regresó una pequeña comisión del &#8220;Flight&#8221; integrada por Lalo y Carlitos Málaga, Jose, Hugo Salazar, Gonzalo Valera y 2 burros cargados de juguetes y útiles escolares.</p>
<p style="text-align:justify;">Más fotos en http://picasaweb.google.es/aputrails/TauripampaVol?authkey=lLwdk8NhxX8</p>
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		<title>9. Tauripampa, enero 2001 (I entrega), publicado el 30 de junio de 2008</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Oct 2008 21:19:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>viajesen2ruedas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando a principios de la década pasada, gracias a una mezcla de azar y de correcta interpretación de cartas descubrimos y establecimos las rutas &#8220;de Olleros&#8221;, se especuló mucho -y hasta ahora se hace- sobre la probabilidad de que existieran docenas de rutas análogas a todo lo largo de la Vertiente del Pacífico, siendo el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=28&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><strong>Cuando a principios de la década pasada, gracias a una mezcla de azar y de correcta interpretación de cartas descubrimos y establecimos las rutas &#8220;de Olleros&#8221;, se especuló mucho -y hasta ahora se hace- sobre la probabilidad de que existieran docenas de rutas análogas a todo lo largo de la Vertiente del Pacífico, siendo el sentido común creer que así era. Sin embargo, un análisis más detenido de nuestra geografía nos demuestra que esas joyas son más bien escasas y que es muy poco probable que existan ese tipo de bajadas de la Cordillera a la Costa y con condiciones tales que permitan su ciclabilidad fuera de los departamentos de Lima y Ancash, donde los Andes caen virtualmente a pico al mar y las cabeceras son de acceso relativamente fácil.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/100_2008.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-29" title="100_2008" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/100_2008.jpg?w=450" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;">Desde esos años inferimos en base a los mapas de 1:100000 que por lo pronto dos regiones en los alrededores de Lima presentaban rutas comparables a Olleros: una de ellas eran los interfluvios intermedios de Chillón y Chancay, específicamente en la zona de Huamantanga y otra era la de las cabeceras del río Omas, uno de cuyos principales afluentes nace en las alturas del distrito de Tauripampa, Yauyos. A las rutas de Huamantanga, de muy fácil acceso, hicimos una primera aproximación en el año 95 y se culminó con éxito su establecimiento el año siguiente, cuando bajamos de las bellísimas campiñas por la ruta que usa la peregrinación del Señor de Huamantanga.</p>
<p style="text-align:justify;">Tauripampa fue otro cantar. Aunque con los muchachos del High Flight Cycling Club le creamos una aureola legendaria en una época de intensos descubrimientos que incluyeron, entre otros sucesos menores, el establecimiento de la ciclabilidad del Bosque de Zárate y culminó con la Ruta del Pariakaka, Tauripampa (Yauyos, 3574 msnm), se mantuvo hasta ahora en el secreto o a lo más dentro de la categoría de lo pintoresco debido a su difícil acceso: en efecto, un ramal de la carretera de penetración de Omas te deja 1500 m debajo del pueblo: desde allí, a cargar tu bicicleta si te atreves la tremenda pared que te separa del hasta entonces dudoso éxito. Eso, la pared y la duda mantuvieron a Tauripampa en el incógnito.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin embargo, la visitamos. En la época antes mencionada, no recuerdo exactamente cuándo, la curiosidad espoleó nuestra voluntad y subimos personalmente Pepe Colareta y un servidor a investigar. Solo íbamos a preguntar por la ruta inferida, sin embargo, porque estudiando las cartas nos sedujo más intentar la conexión con Ayauca, en la cuenca intermedia del río Cañete. En realidad, una forzada e incorrecta similicadencia me había hecho confundir Ayauca con Huancaya, que de hecho se encuentra lejísimos y hacía tiempo quería visitar en bici, induciéndonos a emprender esa ruta, que a pesar del error y de ser escasamente ciclable, nos reveló, guiados por el profesor Dionisio, el concentrado potencial ecológico y turístico del hinterland. Porque desde que salimos de las altas quechuas de Tauripampa conocimos, por el aroma, de su tremenda diversidad de hierbas medicinales mientras subíamos a la Suni ocupada por extensos y densos queñuales, tal vez los mayores de Lima (habría que comparar con los de Carhuapampa en la ruta del Pariakaka, y con los del Alto Sta Eulalia), que forman un collar alrededor de esta Punita, que, a pesar de los furtivos de aspecto marcial que a veces incursionan , alberga la mayor población de vicuñas de Lima (y segunda en el Perú , después de Pampa Galeras), testigos antiguos de cuántos alucinantes crepúsculos sobre el Pacífico, visible desde allí muy por encima de donde se espera el horizonte. Esa vez aportamos a la Apachecta del &#8220;Camino Paisano&#8221;, que recorre toda la divisoria entre Mala y Cañete, desde Cerro Azul hasta el Apu Llongote, que desde aquí parece una columna de hielo, el Nevado más próximo al mar en todo el Perú. De allí conecta el camino con Huancayo y Tarma. De las nieves del Llongote nace el río Ayauca, cuyas truchas saboreamos esa noche después de descender de la Suni de Moruco, rincón de singular belleza donde el granito megalítico realza la enigmática sombra de los queñuales. Pero esa ruta, en todo caso, conforma un excelente trekking. Esa vez, al pie de la Apachecta, por fin al profe Dionisio lo obligamos a admitir que tal vez, una de las bajadas a Cañete o a Quilmaná efectivamente fuera demencialmente ciclable por alguna especie de masoquistas o suicidas.</p>
<p style="text-align:justify;">Guardé el dato de Dionisio durante los últimos años esperando que la novelería por los últimos y más convencionales descubrimientos se desvaneciera. Los guardé hasta que se presentara la oportunidad y la compañía adecuada, pero hay tanto que hacer de nuevo que éstas se veían muy esquivas. Pero era también que la memoria convertida en instinto me disuade de emprender un ciclotrekking que los recuerdos no me presentaban como tan bravo, pero ese instinto simplemente cumplía su función y simplemente no iba. O sino porque convencer a la gente de ir a un sito nuevo siempre ha sido labor de gota que horada la piedra.</p>
<p>A pesar de todo este discurso cicloexistencial, no fui yo el que tomó la iniciativa para la expedición definitiva. Autoexiliado en el Norte Grande, dejé en manos de PeruBike el proyecto, que se vio favorecido por el hecho de que la familia de César había adquirido una chacra cerca de Omas. El convertirse en un local de la zona le llamó la atención sobre el lugar y hasta en dos ocasiones planeó expediciones que por uno u otro motivo no cuajaron.</p>
<p style="text-align:justify;">Intentar dominar o siquiera controlar el durísimo Bosque Seco del NO en bicicleta fue una tarea que había dejado su secuela física y mental en mi persona; además, recién llegaba de Máncora a reaclimatarme a la velocidad y al modo citadinos. Por eso, cuando al día siguiente de llegar me dicen para ir, me niego de plano; además, previendo algo así, había dejado todo mi equipo con mi mudanza, que llegaba una semana después. Nunca se conoce uno lo suficiente ni cómo el bichito ese te domina y te obliga a ir como siempre prometiste que nunca irías: subequipado y encima con todo prestado. En eso pensaba ya de entrada en Omas mientras calculaba el peso de la mano de finísimos &#8220;maleños&#8221; de la isla y los dos contundentes (excelentes) tamales que compramos en Esquina de Asia, único peso que se aliviaría del equipaje durante el duro ciclotrekking que nos esperaba.</p>
<p style="text-align:justify;">Esquina de Omas se llama el recodo donde la Quebrada Guayabo aporta por el E al río de Omas, que corre de NE a SE. De aquí arranca la repartición que acerca a Tauripampa. Los cerca de 20 kms de trocha, aunque de pronunciada pendiente, se hacen fáciles por lo variado del terreno y la particular geografía. En efecto, si el valle de Omas puede decirse rico y la vegetación en esta época del año (principios de abril) se puede decir lujuriante, la peculiar orientación de la quebrada Guayabo -que nos remite de frente al bosque de Zárate o la zona de Rupac- condiciona un conjunto de microclimas en toda la cuenquita que determinan su alto valor ecológico. En cristiano, esto significa que el paisaje es lindo y singular desde aquí como lo fue por el resto del viaje. De este vallecito, además de la rica y variada producción frutícola, se rescatan para el turismo convencional varios agradables lugares de pic-nic o de camping junto a un alegre arroyo de aguas cristalinas, algunas interesantes rutas de caminatas y los restos llamados &#8220;Pueblo Viejo&#8221;, aparentemente incas, bastante bien conservados y susceptibles de ser mejorados, en el límite entre el valle y una zona de vida muy poblada de grandes cactáceas y otras suculentas y espinosas que nos hace recordar el clásico desierto de Sonora (el del Gran Chaparral y muchas películas de vaqueros).</p>
<p style="text-align:justify;">De mi anterior incursión sabía que la siguiente quebrada a Pueblo Viejo, en el lugar llamado Campamento estaba la entrada &#8220;correcta&#8221; para subir a Tauripampa. Aquella previa vez seguimos el camino que subía gradual pero implacablemente por la quebrada principal, pero todos nos dijeron que el mejor para nuestros fines era el de Campamento, el más usado entonces, que sube abruptamente por lo que en la práctica viene a ser una pared y luego enfila por las cumbres del contrafuerte hasta empalmar el corte de la carretera en proyecto que llega al pueblo. Y ya que insistíamos, bueno, hasta es posible que sea ciclable. El hecho es que al entrar esta vez por Campamento y preguntarle a la primera pastora que apareció, esta me aseguró que por ahí no era, observando con la habitual sorpresa nuestras máquinas. Yo no podía entender cuál era la confusión, pero por las dudas retomamos la carretera y un poco más allá nos dijeron que habían dos alternativas: el camino de la quebrada estaba rehabilitado y ahora era el más usado; pero si queríamos conocer el otro camino, podíamos tomarlo allí mismo, subiendo a campo traviesa por el cerro, donde cruzaríamos más arriba una de varias huellas de pastores que luego se unían al camino real. ¿Cuántas horas? &#8230;3&#8230;5&#8230;era imprecisa la respuesta; en todo caso, bien andado llegaríamos a Tauripampa al anochecer. Y ¿habrá alguien a quien preguntarle en el camino? Sí; hay varios ganaderos con &#8220;crías&#8221; arriba. Si ven bien allí, decían señalando a un punto a unos 500 metros casi directamente encima de nuestras cabezas, están sus campamentos. Ya nos habíamos mentalizado para una dura trepada, así que sin esperar disuasivos pusimos cuerpos a la obra de inmediato, a eso de las 2 y media de la tarde.</p>
<p style="text-align:justify;">Nunca se sabe, en estos casos, adonde se va el tiempo. Lo cierto es que después de tres horas de escalar, arrastrarnos y, en algún adrenalínico instante, pedalear, habíamos llegado adonde los ganaderos, donde nos dimos con la esperada sorpresa de verificar que nuestras ingenuas estimaciones de que sus campamentos estarían a lo más a un cuarto de camino (mejor dicho, de trepada) de la cumbre, estaban de más: Pampa Larga, el estrecho descanso en la pendiente que tenía todo de larga pero nada de pampa, se encontraba recién completando el primer tercio de del cerro; de allí, todavía faltaba un número indeterminado de kms por el corte de carretera hasta el pueblo. A poco para las 6, sabíamos que no llegaríamos antes de la medianoche y, franco franco, el cuerpo ya no daba, así que allí nos quedamos&#8230;<br />
******************</p>
<p style="text-align:justify;">Las Cordilleras de Yauyos presentan la particular caracterìstica de ser no un segmento de cadena como en el resto de los Andes Occidentales, sino más bien un macizo que visto desde el aire puede compararse con una península donde las cuencas de Mala y Cañete y el llano costero vienen a ser como el mar y el istmo correspondería al estrecho contrafuerte, un cuello, destacado por la Cordillera Central en dirección SE-NW y que al acercarse a la Costa se eleva formando las Cordilleras Nevadas de Picchahuacra y Llongote, esta última la más cercana al litoral en todo el Perú. Llongote, Apu mayor de Yauyos, a su vez, proyecta lo que podríamos describir como un espolón de puna hacia la costa, divisoria entre las cuencas de Omas y Cañete, el borde del cual, antes de ramificarse y precipitarse al mar, se encuentra cubierto por una ceja o, mejor, un collar de bosques de qeñual. Al pie de uno de estos bosques, abrigada entre dos de estas ramificaciones (al NO) se encuentra Tauripampa (3574 msnm). El pueblo, capital del distrito del mismo nombre, fue fundado en 1821 y sus primeros habitantes provinieron de una serie de villas coloniales que bordean las quechuas que nos ocupan como otros tantos miradores al mar y cuyos restos son visibles aún hoy en la misma cota de Tauripampa aproximadamente. La región fue ocupada antes por los aguerridos Yauyos, que han dejado una serie de restos de regular importancia. La ausencia de restos Incas y de la lengua quechua indican que no fue conquistada aunque los restos de fortalezas que predominan entre la arquitectura nativa sugieren que tanto sus excelentes tierras de pastoreo como la completa variedad de pisos cultivables fueron más que codiciadas por los cusqueños, que seguramente prefirieron afianzar otras conquistas antes de emprender la dudosa aventura de vencer a los indómitos lugareños. De las tradiciones locales, la más recurrente refiere el paso de La Serna por la región. Vívidamente nos refirió el profesor Bernabé los fallidos intentos del ejército realista para tomar el valle de Cañete y sus ulteriores tentativas para entrar a la Sierra por Quinches, siendo rechazado también por las montoneras locales hasta encontrar la retirada al fin por Tauripampa, de donde tomaron las alturas del Llongote para enfilar finalmente hacia las Pampas de Junín. Solo desde aquí se puede figurar uno el enorme problema logístico de llevar un ejército completo de una a otra de estas quebradas y finalmente subirlo a la mortal jornada cordillerana. En la historia del terrorismo se debe incluir esta retirada: La Serna dejó, como macabra advertencia a sus perseguidores, la Iglesia del pueblo quemada con todos sus heridos y prisioneros dentro con el doble propósito de aligerar la marcha y disuadir a sus perseguidores. La historia moderna del pueblo sigue parecidos vaivenes a los del resto de las comunidades andinas del s XX: esplendor agrícola y ganadero republicano seguido del paulatino deterioro del entorno que conlleva una decadente y olvidada entrada la modernidad. A pesar de que ninguna carretera llega a ella, incipientes proyectos de manejo forestal y de fauna silvestre (vicuñas) así como un intenso comercio de derivados lácteos muestran que los habitantes de esta comunidad, de elevado nivel cultural, están listos a entran al s XXI. En este contexto, el turismo, en particular sus modalidades ecológica y de aventura, aparecen como complemento y factor ideal del desarrollo sostenido que ellos mismos ya prefiguran.</p>
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		<title>8. 1996. La Ruta del Pariacaca, publicado el 21 de mayo de 2008</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Oct 2008 21:13:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>viajesen2ruedas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Era inevitable que siguiera a la de Olleros. Esta crónica viajera contiene de yapa una breve historia de los años iniciales del ciclomontañismo. Una versión editada a mi disgusto apareció en la fenecida y extrañada revista Andares bajo el título de Dioses y Ciclistas de Huarochirí. Cuando algo parezca anacrónico, redundante, fuera de lugar o [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=25&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><strong>Era inevitable que siguiera a la de Olleros. Esta crónica viajera contiene de yapa una breve historia de los años iniciales del ciclomontañismo. Una versión editada a mi disgusto apareció en la fenecida y extrañada revista Andares bajo el título de Dioses y Ciclistas de Huarochirí. Cuando algo parezca anacrónico, redundante, fuera de lugar o ingenuo, téngase en cuenta que estos eran los años iniciales del ciclomontañismo en nuestro país y la crónica tenía un sentido divulgador acerca de un deporte incipiente. Después de esta, hemos vuelto alrededor de una docena de veces, cada vez una variante distinta. Las fotos corresponden a la primera y segunda expediciones, de tiempos pre-digitales.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/pariacaca.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-26" title="pariacaca" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/pariacaca.jpg?w=450" alt=""   /></a> </p>
<p style="text-align:justify;">Lo que nosotros hacemos, propiamente se debería llamar ciclotrekking. Ciclotrekking andino, más específicamente. Consiste en buscar (y, eventualmente, idealmente encontrar) tramos lo suficientemente ciclables, como para ser divertidos, dentro de la enorme red de caminos peatonales y de herradura que nos legaron nuestros antepasados, cada uno de los cuales caminos te transporta por sitios de insospechada singularidad y belleza. Aunque, teóricamente, lo que queremos es montar todo el tiempo, en la búsqueda, en la realidad, terminamos haciendo verdaderos trekkings con bici en vez, o además, de mochila. Tanto así que en nuestro caso es probable que sumemos más horas con la cleta a cuestas que sobre ella. La meta, el ideal, sin embargo, ha sido cumplido y sobrepasado varias veces, las suficientes como para animarnos a persistir, cada vez en mayor escala. En el camino hemos abierto, para el ciclomontañismo, algunas de las mejores rutas del mundo.</p>
<p style="text-align:justify;">El objetivo es: sobre caminos peatonales o de herradura (singletracks=huella simple, en contraposición a doubletracks=huellas gemelas, como las que deja un carro, caminos carrozables), sin desmontar, coronar cimas, cruzar divisorias, cadenas, abras, unir cuencas, en fin, hacer rutas significativas, rutitas primero, rutazas después, que cumplan ciertas condiciones como ciclabilidad, buen nivel técnico para su manejo, escénica (paisaje visto y recorrido) mínimo impacto ambiental posible, etc. Mucho mejor, perfecto si son en forma de loop o lazo, aunque no importa si algunas tan buenas son curvas abiertas o arcos o aún segmentos de ida y vuelta.</p>
<p style="text-align:justify;">Aquí, en nuestro medio, esta ramificación del ciclismo de montaña es vista con extrañeza, como cosa de locos y ermitaños, lo cual es cierto de algún modo. Pero nosotros no conocemos otro método más confiable que el de prueba y error para seguir sumando kilómetros a la ya respetable red de ciclovías andinas, fundamentalemente en la Sierra Limeña.</p>
<p style="text-align:justify;">El escenario inicial en Lima fue el Valle de Pachacamac, a fines de los 80s. Al irse especializando y elevándo el nivel de la gente, subimos a sus Lomas adyacentes: HatunSisa, Cardal, Manzano, Pucará, Atocongo Sur. Inicialmente, lo que hacíamos eran loops pequeños, circuitos para carreras de no más de 5 kms usando como base los caminos de los cabreros, cuya conquista fuimos extendiendo al incrementarse nuestra capacidad física y técnica, pasando a las lomas y cerros más al sur y al este: Portillo (Lúcumo), Pacta, Caringa, últimas estribaciones de el gran contrafuerte andino divisor entre Lurín y la cuenca seca del Pacífico. Hasta que llegamos al punto en que ninguna carrera razonable sería capaz de reproducir una de nuestras exploraciones, que ya subían del piso de lomas hacia los grandes cerros del desierto, yungas huarochiranas, inmediatamente al SE de Lima-ciudad. Al agotarse las posibilidades de explorar autosuficientemente esas regiones nos dedicamos a buscar caminos ciclables por un ámbito geográfico más grande, más imponente y más resistente al impacto de las bicicletas que las delicadas lomas. Y así, apoyándonos en carreteras, trochas carrozables y en la movilidad local (Empresas Pérez, Asunción, Paz, Cribillero) subimos a otro piso, de 3000msnm en promedio, sobre todo, a donde la progresión natural parecía indicar como lógico: la sierra quechua al SE de Lima-ciudad, sierra del sur de Huarochirí, que conforme fuimos viviendo en el camino, estaba cargada de vibración, producto de su historia y su leyenda, que constituían la mejor guía del viajero. Leyendo &#8220;Dioses y Hombres de Huarochirí&#8221; con el mapa de 1:100 000 desplegado sobre el camino, comprendimos que, en el Perú, la Historia y la Geografía, la Tierra, son una misma cosa.</p>
<p style="text-align:justify;">Tal vez el clímax de esa época lo ilustra el &#8220;descubrimiento&#8221; de la serie de bajadas &#8220;de Olleros&#8221;, caminos antiquísimos que comunicaban los pastizales altoandinos precisamente con las lomas donde comenzó todo y también con los balnearios del sur y que hasta hoy siguen usando los pastores nómades en sus migraciones anuales. Lo que aprendimos sobre esto, en bicicleta, es toda otra historia.</p>
<p style="text-align:justify;">Estas rutas, que al principio tardaban hasta doce horas de duro trajín, no menos duro por ser de bajada, han sido elogiadas por la revista internacional más especializada (en The Forever Downhill en BIKE Magazine, USA), pero la mejor prueba de su calidad la dan los gringos experimentados que hemos llevado por allí: se pasan de vueltas. Simplemente no lo pueden creer. Sin embargo, para algunos no era suficiente y seguimos buscando. Sabíamos que después de todo, Olleros no era más que la culminación de una vuelta parcial que unía las cuencas del Rímac y del Lurín por sus cabeceras intermedias y que en su recorrido acotaba muchos ámbitos menores que no habían sido explorados. Además, había que crecer, así que pasamos a la cuenca del Mala, que revisamos desde Huarochirí hasta Bujama.</p>
<p style="text-align:justify;">Pasar a la cuenca del Cañete ya era otra cosa. Cuando uno se asoma al mirador de Chancuya el espectáculo es impresionante: Al fondo, a tus pies, al final de lo que parecen ser miles de zig-zags de una terrible carretera, están incrustados, en cerros de diferentes cobrizos y dorados en esta época del año, Huarochirí y sus anexos, cabeceras intermedias del Río Mala, que allí se llama San Lorenzo. Atrás, arriba, cerrando el horizonte al Este y coronando enormes costillares de los Andes, la Cordillera Real: a la izquierda, los nevados de Ticlio y Matucana; al centro, la cordillerita sagrada del Pariacaca; muy a la derecha, cerrando un enorme semicírculo que nos rodea, ya hacia el SudOeste, la cordillera Picchahuacra, donde el nevado Ticlla, que desde aquí semeja un copo de helado, da origen al Río Cañete; el Llongote, como un paredón derruido, se ve cerquísima a la AltaMar más allá de la pampísima puna entre Quinches y Tauripampa, gris sobre contrafuertes amarillentos que desaparecen entre los estratos marinos. Esas montañas, sobre todo Pariacaca, me llamaron. Además desde aquí se entre veía y adivinaba el gran arco que el Cañete, o Huarco, traza desde su nacimiento, haciendo su cuenca muy amplia y compleja. Para llegar a sus cabeceras intermedias había que pasar un alto abra muy cercano a su naciente. Y..¿por qué no llegar a ella?</p>
<p style="text-align:justify;">Esto esperó varios años, porque implicaba una expedición a la Cordillera y disponibilidad de una semana, por lo menos, entre otras cosas. Había que buscar el momento y un grupo (esto, lo más difícil). Si fuera posible, un sponsor (más difícil aún).</p>
<p style="text-align:justify;">Así me pasé escrutando mapas, fotos, hipnotizado por el Pariacaca, a quien convertí en mi Apu personal. Es que el cerro es casi objetivamente hermoso con sus cumbres gemelas. Y además es centro de una historia fascinante. El Camino Real que iba de Pachacamac a Jauja y de allí a Cusco, ese cuyos restos hoy son perfectamente visibles a lo largo del valle de Lurín desde Cieneguilla, tenía un tambo y un templo al pie del nevado donde se hacían ofrendas para agradecer el escaso buen tiempo o pedir que se aplaque la furia de los elementos desatados (recordar que entonces la nieve perpetua empezaba a 4000 msnm). Parece que era uno de los pasos cordilleranos más temidos entonces y en la Colonia. Pudimos seguir los restos del camino -algunos tramos realmente buenos y dignos de rehabilitarse para el turismo- hasta Huarochirí-ciudad, donde perdimos el rastro: los datos se entrecruzaban, cada anexo se adjudicaba el verdadero Camino Real a Pariacaca y Jauja. No se podía estar seguro. Hasta que un día un colega me mostró una fotocopia de una noticia del año 31 donde se reseñaba la partida de una expedición de andinistas franceses desde Huarochirí por San Juan de Tantaranche, siguiendo el verdadero Camino Real, para escalar el Pariacaca. Mentalmente, entonces, la ruta estaba completa. La bajada a Cañete era más evidente: otro camino Inca, el de Huarco, bajaba paralelo al cauce, y aunque la carta recién consignaba carreteras a partir de Alis, después de más de 100 kms y 5 días de senderos desconocidos, estos aparentaban ser lo suficientemente ciclables como para arriesgarse.</p>
<p style="text-align:justify;">Escogí luna de mayo, mes central de la primavera andina, que generalmente ofrece un clima benigno, pero variado. Una semana antes, completamente fuera de estación, había nevado y llovido persistentemente en todo Huarochirí y Jauja, así que cabía esperar sorpresas de plenilunio. El grupo que me había acompañado en casi todas las aproximaciones previas y todas las alucinaciones, fue desertando poco a poco, acuciado por la cotidianeidad y la burlona disuasión de otros cleteros, que opinaban que los estaba llevando al medio de la nada. Así que salí solo y sin avisar un lunes, en Pérez. Si a alguna parte de la expedición le temía, era precisamente a ese Viaje. Un par de tramos a medio camino, pero sobre todo la bajada final a Huarochirí, con una serie de apretadísimas curvas más que en U, verticales, ofrecen al pasajero una vista preferencial del vacío que le espera si algo falla. Pero el envidiable récord sin accidentes de esta carretera parece confirmar que lo que no gastan en carrocería y comodidades lo invierten en frenos y dirección. Y los choferes son buenísimos. Aún así, me sentía aliviado por tener que hacer el viaje sólo de ida.</p>
<p style="text-align:justify;">Pérez sale de San Luis a las 10:00 hacia su otro paradero en el corazón del Agustino, donde tarda hasta una hora en subir con cuidado la carga en la parrilla (canasta le dicen ellos). Y la mayoría de pasajeros. Luego, hacia Cieneguilla. Ni bien se termina el asfalto y la policía, varios que iban parados, hasta algunos sentados, se suben a la canasta y así emprende Pérez su alegre periplo folkloricazo. Todo un trip de Perú profundo a las puertas (falsas) de Lima. Son 6 a 8 horas de polvorienta carretera. En el camino te pegas en el río, las cañas, los huarangos, las huertas, los frutales, los cerros, los restos del Camino Real, visibles hasta que la carretera comienza a trepar zigzagueando por las áridas laderas (km 80, +o-). De allí se cruzan tantos caminos antiguos que resulta difícil decidir cuál es el troncal. Por partes empircado, por otras escalones bien labrados te van dando indicios hasta que al coronar los altos farallones en SanLázaro de Escomarca (+o- km 100, 37ypico msnm) se le puede ver claramente cruzando la quebrada con el rumbo más corto a Huarochirí. Por carretera vagamos todavía media hora de surreal sanset por una alucinante meseta., verdadero techo del mundo desde donde de pronto te asomas a ese impresionante paisaje de profundos valles y altas cordilleras que decía, pero también a la terrible bajada. Pero una vez que ya estás embarcado te entregas con alegre fe a ritmo de chicha.</p>
<p style="text-align:justify;">Como en algunos vuelos al aterrizar, muchos aplaudimos cuando el carro llega, anocheciendo. Esa noche y el día siguiente, martes, los pasé aclimatándome en Huarochirí para tomar al atardecer el carro hacia Tantaranche. Pero antes de embarcarme, probando la nave, noté que algo fallaba. Algo imprevisto, imprevisible, serio. Logré engañarme y seguí adelante con el plan. Me acosté intentando tranquilizarme y me levanté a tratar de arreglar la avería a las 4 de la mañana., gélido y a oscuras, hasta que, finalmente, quedé satisfecho.</p>
<p style="text-align:justify;">El arriero que había contactado con anterioridad previsiblemente me falló, así que tuve que buscar otro, cosa que no me resultó ni fácil ni barata, como esperaba. Finalmente, me enteré de que un hato de llamas estaba saliendo hacia Carhuapampa, mi jornada del día, y que podía llevarme por una mínima suma. Cargué mi equipaje, todo salía demasiado bueno para ser cierto. Efectivamente, a los 200 metros, la avería, maquillada en mi taller viajero, incapaz de llegar a la causa primaria del asunto, colapsó en medio de chirridos, billas rotas y una mazamorra de grasa con metal pulverizado. No me detuve en reflexiones. Descargué y regresé al pueblo, donde la infaltable tribuna local, con sus niños y su borracho, se compungía ante la confirmación de que algunas locuras son, simplemente, irrealizables. Pero antes de media hora, en el fresco patio del hotel &#8220;Tantaranchina&#8221; ya había identificado y aislado la falla y sus causas, originada en mi exceso de confianza en un irresponsable mecánico. No había alternativa: un taller especializado y repuestos. Regreso a Lima pero sólo para reparar la pieza. Diez minutos después, con equipaje mínimo, emprendía el trekking a Huarochirí: medio día de caminata para tomar, al día siguiente, el Pérez a Lima, ¡era tanto tiempo! Felizmente, encontré en San Lorenzo de Quinti un camión quesero que se iba al toque. Duro pero hermoso viaje en la canasta, con Luna Llena y docenas de sentimientos encontrados. A las 3 de la madrugada yo era un loco que casi corría por las últimas cuadras de la Javier Prado, en short, chullo y con una rueda de bicicleta en la mano. El serenazgo me detuvo y no entendió nada. En todo caso parecía inofensivo y no provocaba disturbios. Una hora más tarde dormía en mi casa y toda la mañana siguiente me dediqué personalmente a la reparación. En la tarde una llamada y por fin consigo un escudero. Esa tarde y esa noche me dedico al relajo total, tipo descanso del guerrero, con el aliento de mis seres queridos cercanos, que por un momento temieron que la expedición abortara.</p>
<p style="text-align:justify;">Partimos viernes. Cuando me fui quedando solo en el proyecto me sentía perfectamente capaz de hacerlo solo, pero cuando ocurrió la avería sentí la falta del apoyo moral de un compañero. Así que mandé un tiro al aire y llamé a Jose Coloma. Cogido de sorpresa, le dije que nos íbamos de fin de semana a Huarochirí, uno o dos días más a lo sumo. Parece que comprendió a la perfección y, sin pensarlo dos veces, tomó una semana de vacaciones. En un día evidentemente no pudo reunir el equipo óptimo, pero su buena voluntad lo suplía con creces.</p>
<p style="text-align:justify;">Esta vez el viaje era de fresa hasta Tantaranche, una verdadera odisea de 11 horas que se hizo ligera por la interminable conversa con el recluta, a quien recién empezaba a conocer. La sazón la puso un atajo de 89° en la bajada a Huarochirí que antes me parecía demasiado para una 4&#215;4 y aún para rappel. Perez la hizo al son de chichas y huainos. Un susto corto a cambio de las insufribles curvas de tres tiempos. Una vez más, contradiciendo los principios elementales de la Física, no pasó nada.</p>
<p style="text-align:justify;">La oportunidad de viajar con llamas no se repetiría y, como de costumbre, y aunque ya había quedado pactado, fue problemático conseguir al arriero y al burro. Explico la necesidad: a lo largo de los años, hemos llegado a un estilo de viaje en que llevamos sólo lo estrictamente necesario para cubrir jornadas de poblado en poblado y, eventualmente, vivaquear, sin carpa. Así se evita llevar esas pesadas alforjas que hacen de las carreteras un suplicio y que en senderos estrechos impiden maniobrar y mucho más, portear. Lo ideal es 12 kgs de peso entre equipo, ropa y comida, repartidos entre una mochila de ataque a la espalda (4) y una parrilla trasera (8). Para la Cordillera hasta 15kgs peso q se puede reducir con equipo más especializado. Pero como mi objetivo de fondo es el placer, ni siquiera quiero cargar esos kilos por senderos ascendentes a los cuales la carga les quitaría acción. Así que mejor pago un burro (S/.10/día), que no sale sin arriero (1 jornal=S/.18), que llevan eso y un exceso de lujo que se puede permitir porque el animal va ligerísimo con mucho menos de los 60 kgs que fácilmente puede cargar. Así, sólo me encargo de disfrutar el camino al máximo. Pensaba usar ese servicio las tres primeras jornadas. El resto aparentaba ser posible con el equipaje reducido y debidamente cargado. Por la misma razón nos apoyamos en el transporte provinciano, que nos lleva hasta donde la diversión realmente empieza. Y aunque no buscamos establecer récords ni demostrar nada, queda claro que la atención puesta al manejo, las dificultades y obstáculos del sendero, los bruscos desniveles, el esfuerzo mental y corporal aún en descenso, hacen que cortas distancias en estas rutas sean más fuertes e intensas que largas jornadas cargadas de carreteras.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Jornada por Jornada:</strong><br />
San Juan de Tantaranche (circa 3400msnm). Fin de la última repartición de la carretera Lima-Huarochirí, km 150 aprox. Anexo de Huarochirí, en la margen opuesta del Río SanLorenzo, al Este de la ciudad. En Huarochirí todavía hay luz eléctrica. Incluso un par de manzanas asfaltadas. Arquitectura señorial donde la hubiera, desgraciada por techos de calamina oxidada y una plaza que acude, en homenaje a Tello, a motivos Chavín que pudieron ser otros. En Tantaranche ya no hay luz ni asfalto. Calles empedradas y arquitectura más rústica, encantadora. La mitad de los techos son de paja o tejas, incluso hay de piedra. Como todos los templos, el de aquí es grande y robusto, de adusta hermosura. Inverosímilmente, tiene un buen hotel (1 estrella) permanentemente disponible. Notables conocidos: Inés (setentayalgo), simpatiquísima y coqueta tendera de la plaza; el atentísimo señor Moreno, administrador del &#8220;Tantaranchina&#8221;; No tuve contacto con las autoridades, aunque vi y observé al alcalde en el primer viaje de Huarochirí a Tantaranche, que fue experiencia alucinante, lleno de unos comuneros bien adentrinos, totalmente chambinescos, de ambos sexos, de amplio rango de edades, atuendo completo con chullos, ponchos, ojotas y tajllas, arrechantes cortejos entre adolescentes, chismorreos entre mamachas, la inevitable bronca entre borrachos. Surrealista, casi pesadillesco en la agitación mental en que me encontraba. Regresaban de una minka y entre ellos, presidiéndolos, inesperadamente colorado y alto, enjuto pero fuerte, de rasgos aquilinos, tocado de sombrero fino, con actitud de entre dueño de la situación y ligeramente ausente, flanqueado por dos guardaespaldas andinísimos. No me pareció de C-90. Lo confirmé después.</p>
<p style="text-align:justify;">En la siguiente ocasión, la de la partida verdadera, conocí en Tantaranche otra división más de la humanidad en dos tipos: uno es como el joven médico foráneo, lambayecano, que hacía sus prácticas como jefe de posta en el pueblo, reforzada con personal y equipo de la campaña de Salud en curso (buena campaña, se reconoce). Al vernos partir y enterarse del proyecto, nos felicitó y despidió pero, sobre todo, calurosamente nos agradeció por hacerlo. He aquí el tipo que comprende todo de una sola. Los otros son los que creen en tal cosa como &#8220;el medio de la nada&#8221;.</p>
<p style="text-align:justify;">La ruta a Carhuapampa, excelente para un trekking ligero, cerca de 20 km de suave ascenso, con algunas zonas de riscos y escalones fácilmente porteables. La quebrada es una sucesión de terrazas escalonadas separadas por breves cañadas, cada una representando distintos pisos ecológicos hasta llegar al pie de la puna. Después de una última cañada de caliza blanca, con chorrillos termales, donde el río se sumerge y desaparece, lugar llamado Huari, está Carhuapampa. Este tramo es el menos ciclable. Alrededor del 80% en tiempo. Sin embargo, la variedad y la regularidad hacen de las porteadas no más que un placentero ejercicio.</p>
<p style="text-align:justify;">Carhuapampa (circa 3900 msnm): pueblito marrón en medio de su pampita amarilla, o dorada, al pie de inmensos farallones negros sobre arena blanquísima. De puna, pintoresco, no necesariamente bonito. Gente atenta y hospitalaria. El relajo caracteriza nuestro paseo. No salimos ni tarde ni temprano. Llegamos con tiempo para descansar al sol en unos pedrones a la entrada del pueblo, a orillas del río, algo sucio de plástico y otros restos y donde algunas mamachas lavaban ropa. Antes contactamos a la gentita indicada: Los Pomalazos, ganaderos y además atentos propietarios de una bien surtida bodega. Al toque se aplicaron a preparar un super combo semitípico. Lo servicial no desmerecía el aura de profunda respetabildad que los jefes, Cecilio y su joven hijo César, emanaban. Vivían felices y relajados en una casa solariega en medio de sus mejores llamas, unas 20. Algo desilusionados nosotros, porque ya existía una carretera y al final de ella, mejor dicho más allá, una compresora que alguna minera informal ha llevado para arrasar con Huari y su bello botín de piedra caliza. La carretera es de bajo impacto, sin embargo, sin cortes de dinamita, que sólo en algunas partes coincide con el Camino Real, que se ve ciclable y pronto se separa, nosotros sobre él, para emprender la trepada definitiva, que empieza con un puentecito de esos hacia un paraje de queñuales y de ahí, progresivamente, hasta el abra Mancacoto de 4800 msnm donde pasamos del Mala al primer afluente del Cañete por la izquierda. Excepto una escalada de 30m a tres patas, presentaba pendiente moderada totalmente ciclable, pero el progresivo ascenso con la veta acechando en cada metro más, la hacen algo dura. La hice de una, sin desmontar, sin embargo. Pero el cerro siempre pide una víctima y ya la había escogido: Jose llegó una hora después que yo, empujando penosamente, y ya había vomitado hasta el alma. Eso y la coronada lo habían aliviado un poco. Hasta hicimos algo de fotos y de ahí a bajar, pero sólo hasta 4400, lo cual no parecía suficiente para él, que recayó y se ponía cada vez peor. Pasando el abra nos dimos con la sorpresa de que ya había una carretera, aunque abandonada, una huella, sobre el Camino Real, excelentemente ciclable. A los 4 km de pura velocidad llegamos a Huachipampa.</p>
<p style="text-align:justify;">Huachipampa (4400 msnm): los comuneros estaban reunidos en plena faena del lavado del ganado, que dura varios días, así que no nos pudieron dar mucha bola. Los heroicos maestros nos atendieron, sin embargo. Gélida noche de soroche mortal para Jose, subequipado y que no retiene ni el agua. Alucinante caminata nocturna, casi tibia, para mí, adorando al Pariakaka por fin alcanzado en Luna casi llena. El frío, la sensación, puede llegar a ser subjetivo. El agua congelada en nuestras botellas hasta las 1100 es algo de lo más objetivo (-15°c a las 0500). Al día siguiente José sólo quería largarse, pero el cuerpo, la cabeza, no le van a dar. Una arenga fuerte lo reporta y es el inicio de su recuperación. Queremos irnos a media mañana, pero una ceremonia en la escuela, donde me veo obligado a dictar una clase magistral y una sopa de habas nos retienen hasta casi las 1400. Nos ofrecen pachamanca y un digno recibimiento para ocasión más oportuna pero que no dejemos de volver. Huachipampa es un caserío de chozas de piedra chatas, casi a ras del suelo, con techo cónico de ichu. Literalmente en medio de la puna brava, barrida por un vendaval gélido. A cierta distancia del caserío hay cuatro estructuras occidentales: la escuela y el local comunal, felizmente de madera, donde dormimos. Las autoridades, los Lázaros, acuden a despedirnos muy compungidos por no haber podido abandonar su faena para hacernos los honores. Paisajes amplios, mucho celaje y nevados y dorados, salpicados con algunas de las más bellas (y ricas en truchas) lagunas de la sierra. Tenemos los primeros atisbos del origen del increíble color del Río Cañete. A la vista y a la mano llamas, alpacas, pacos. Aves miles.</p>
<p style="text-align:justify;">Tanta (4200): En dos horas, ya sin burros, cargando todo por el Camino Real, todo en descenso ciclable, llegamos a una enorme laguna ( ) q está en pleno curso del Río Cañete, q aquí discurre plácido por una larga pradera verde y dorada. El río Huachipampa, que viene de Pariacaca, desagua en esta laguna. Aguas arriba, por otro excelente camino, en la orilla opuesta de otra carretera que no figuraba en el mapa pero que ya sabíamos (Jauja-Tanta), llegamos a Tanta. Pueblo de ganaderos, activo pero bastante descuidado, alguna vez habrá sido lindo. Es puerta, empero, de un circuito turístico de gran potencial. Tanta es el acceso a la pequeña cordillera Picchahuacra, paraíso y reto de trekking y escalada en roca y hielo, naciente del Río Cañete. Docenas de lagunas. Hicimos sólo un pequeño tramo de las posibilidades. Al día siguiente de llegar a Tanta, con Jose bastante recuperado y hasta motivado, hicimos la ruta de 15km Tanta-Ticllacocha. Descargados, delicioso. Los caminos que vimos y usamos son inmejorables ciclovías de montaña. Y la escénica se para por sí sola: de lo mejor que se ha visto y tan singular. Increíble. Ver para creer y entender. Ese arco del glaciar enmarcando al Pariacaca en el centro del cielo a tus pies&#8230;.</p>
<p style="text-align:justify;">Notables: el maestro Vidal y su bodega siempre abierta. Las autoridades políticas cumplieron: los Jiménez y sus socios son una alegre pandilla que parecen tener alguna cuentilla pendiente. Lo importante es que pusieron el local comunal a nuestra disposición los dos días que pasamos allí. Y todo el abrigo que necesitamos.</p>
<p style="text-align:justify;">Tanta-Vilca: el Cañete nace hacia el Este. De allí, en perfecto arco, vira hacia el S, a la derecha. La carretera a Jauja lo sigue hasta que comienza el giro y de allí sube la ladera hacia el E y se aleja del valle, que aquí no se puede llamar cañón porque esas impresionantes laderas no son paredes sino algo que se podría definir como pampas verticales, impresionantes por la enormidad que sugieren y la fauna que albergan. Aquí, donde la carretera se va, en un sitio donde el río se sumerge bajo tierra, llamado Tragadero, tenemos que seguir primero unas confusas huellas de ganado que poco a poco se convierten en algo de lo mejor que hemos hecho en bicicleta. Tampoco hay palabras. Y simplemente no puede uno estar parando cada dos minutos a apreciar una nueva perspectiva del paisaje o a expresar tu exhilaración por la ciclovía (y quedarte corto). Los dos componentes del ciclomontañismo, escénica y calidad de camino, casi en exceso. La llegada a Vilca, la laguna, su bosque flotante, es un clímax que parece un anticlímax porque no se quiere que acabe.</p>
<p style="text-align:justify;">Vilca (circa 38++): hasta aquí hemos ido por un valle de alta puna. Vilca está situado en un paraje donde el valle se angosta y se forma un dique natural cubierto por un bosque que prácticamente crece sobre las aguas de la laguna que contiene y que desagua por una serie de cascadas que el padre de la ingeniería hidráulica no podría ni imaginar en su mejor delirio. El pueblo se encuentra colgado de una colina que remata el conjunto y donde se cambia de piso a la Suni. La arquitectura es agradable a la vista, pero dentro del conjunto destaca por su impertinencia un edificio de ladrillo y cemento de 4 pisos totalmente fuera de contexto, un &#8220;albergue&#8221;(parece hostal) regalo de Fujimoto a su pueblo engreído de un momento. Totalmente iluminado (Vilca recibe luz eléctrica) y acabado, pero no implementado. Una sola cama, un solo colchón. El agente municipal, Efraín nosecuantos, palabrero y untuoso, obviamente fujimorista, que asumió la representación del pueblo, perpetró un verdadero atraco: primero nos dijo su voluntad, pasando a cobrarnos, luego, 20soles. En varios momentos notamos cierta tendencia a aprovecharse de las arcas del viajero pero Efraín se excedió. La amable propietaria del único restaurante de Vilca dejó de irse a su puna para atender nuestro filo. El chorrazo de agua caliente del hotel, primer baño en cuatro días, nos resucitó. Es demás intentar describir el paisaje de Vilca y su hinterland.</p>
<p style="text-align:justify;">Vilca-Huancaya: pensábamos que aquí terminaba lo bueno: empezaba la larga carretera. Aunque en descenso, este tipo de carreteras presentan una superficie variada, entre muy mala y buena (rara vez excelente, como hasta ese momento) que con las docenas de kilómetros y los notorios repechos y tendidos pueden llegar a ser muuy macheteras. Por eso no nos emocionaba mucho este tramo que además resultaría ser casi todo en subida. Pero esta vez el paisaje suplió todo. Sólo quieres llegar al siguiente recodo y pretextar lo que sea para extasiarte con un nuevo ángulo. Y dejas muchos en el camino. Aquí el Río es una larguísima laguna o una larga serie de lagunas separadas por esos diques coronados por esos bosquetes que decía. La inutilidad de las palabras. Última visión del Pariacaca Sur, tan lejano al Norte. Parece mentira que viniéramos de más allá. Con justicia se le puede llamar a esta la Ruta del Pariacaca. Este pequeño mar en las alturas termina en un cañoncito por el que la carretera baja bruscamente hacia el siguiente piso: las quechuas de Huancaya. Pasamos rápido sus estanques, su color de aguas, sus puentecitos de piedra colonial y su pulcra arquitectura y al poco rato de frenético downhill la laguna Piticocha cierra la zona de las maravillas Pernoctamos en Alis, sobre la carretera Huancayo-Cañete y ya en zona bien trillada por el cicloturismo convencional.</p>
<p style="text-align:justify;">Alis está en el km 174. En una dura jornada llegamos hasta Catahuasi, ya en clima subtropical, km 82. El baño en el Río, caudaloso y tibio, fue lo máximo. La encantadora anfitriona de &#8220;El Yauyinito&#8221; nos agasajó con un enorme seco de un gordo cordero, combinado, pallares. Cosumado catador de este potaje, no recuerdo uno mejor. De veras. Al día siguiente llegamos a Cañete. No pude hacer la foto en CerroAzul porque un amigo, primo de Jose, nos levantó en el camino:</p>
<p style="text-align:justify;">Con esta etapa completamos la Ruta de los Guardianes del Agua llamada así porque recorre sin interrupción las cabeceras intermedias y nacientes de todos los ríos y quebradas que desaguan al S de Lima, desde la margen izquierda del Sta Eulalia hasta el Cañete. Sus habitantes, desde tiempos inmemoriales, en su quehacer agrícola se encargan de manejar y conservar el agua, cada vez más escasa, que finalmente llega a Lima. El proyecto se inició en octubre de 1990, con la etapa S Bartolomé-Tupicocha-Cieneguilla y desde entonces se han unido los pueblos de Casapalca, San Juan de Iris, San Pedro de Casta, San Mateo de Otao, Canchacalla, Cumbe, Cocachacra, San Bartolomé, Chaute, Santiago de Tuna, Tupicocha, San Damián de los Checa, Sunicancha, Santa Ana, Lahuaytambo, Langa, San José de los Chorrillos, Lanchi, Santo Domingo de los Olleros, Mariatana, San Lázaro de Escomarca, Huarochirí, Sangallaya, Santiago de Anchucaya, San Pedro de Huancayre, San Lorenzo de Quinti, San Juan de Tantaranche, Carhuapampa, Tanta, Vilca, Huancaya, Vitis, Alis, Tintín, Laraos, Catahuasi, Zúñiga, Pacarán, Lunahuaná y Cañete; San Joaquín, Huañec, Cochas, Quinches, Ayavirí y Huampará; Omas; Pilas, Tauripampa y Ayauca; sus anexos y sus sectores que juntos harían una lista que sólo uno de los huainos que permanentemente suenan en Pérez serían capaces de recitar. Este es un recorrido longitudinal que acota un ámbito geográfico enorme y que a pesar de estar tan cerca de la capital (de hecho es su propio ámbito) hemos explorado muy poco. Los pueblos sobreviven olvidados de la ciudad en una curiosa mezcla de atraso y modernidad. Durante el trayecto se unen varios subcircuitos que se paran solos para el ecoturismo, vivencial y rural.</p>
<p>La importancia de la última etapa se debe a que por primera vez llegamos a Cañete desde Huarochirí, montados, y que por primera vez se recorre todo el Río en bici desde su nacimiento. Pero sobre todo, por la increíble calidad y longitud de los senderos. Pero es un paraíso condenado. El micro mar que se oculta en esas alturas es necesitado con urgencia por la megalópolis y por varias partes se topa uno con funcionarios y técnicos que buscan el mejor lugar para la o las represas que como se sabe, representan un altísimo costo ambiental. No creo que una obra así sea indispensable, dada la prodigiosa distribución del agua en las lagunas del AltoCañete. Sin esto, las ubicuas carreteras avanzan, ciegas al costo/beneficio turístico, y sólo es cuestión de tiempo para que el increíble tramo de Tragadero se desgracie. Y ni hablar de la minera informal de Fujimori, en Vilca, que ya se frotan las manos pensando en contaminar las aguas más límpidas del mundo. Más fotos en:</p>
<p>http://picasaweb.google.es/aputrails/RutaDelPariakaka?authkey=xxd60ZsiKTw</p>
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		<title>7. De cómo &#8220;descubrimos&#8221; Olleros, publicado el 12 de abril de 2008</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Oct 2008 20:59:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>viajesen2ruedas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Como cada deporte establecido, el ciclomontañismo tiene su épica y sus leyendas, pero parece que nadie se preocupó de historiarlas, por eso una y otra vez tengo que recurrir a los archivos, si no actuales, siempre oportunos. Ojo a la fecha para ser indulgentes con algunas antigüedades. Como sea, este es un clásico. Esta es [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=22&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><strong>Como cada deporte establecido, el ciclomontañismo tiene su épica y sus leyendas, pero parece que nadie se preocupó de historiarlas, por eso una y otra vez tengo que recurrir a los archivos, si no actuales, siempre oportunos. Ojo a la fecha para ser indulgentes con algunas antigüedades. Como sea, este es un clásico.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-23" title="2" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/2.jpg?w=450" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;">Esta es la crónica de un &#8220;descubrimiento&#8221;. Pero así, entrecomillas. La aclaración viene al caso porque me enteré vía chisme &#8211; cuando no, tíos- que una sociedad de impugnadores preparaba una carta aclaratoria en respuesta a esta historia, que ni siquiera había entrado a imprenta. Como lo que contamos trata de ser lo más objetivo posible, no nos queda más que concluir que estos señores son enemigos de la verdad y, por lo tanto, merecedores de nuestra indiferencia. La anécdota es instructiva porque ilustra la pugna que se ha desatado entre algunos grupos de ciclomontañeros por la autoría o el descubrimiento de la mejores rutas de montaña. Entonces, antes de entrar en una historia que podría provocar susceptibilidades en algunos egos, conviene ridiculizar un poco la palabra y el concepto de &#8220;descubrimiento&#8221; remitiéndonos al descubridor original, Colón, quien nunca llegó a donde quería y no le bastaron tres viajes para enterarse de que, una vez más, había calculado mal. En todo caso, 500 años después, resulta de mal gusto hablar del &#8220;descubrimiento&#8221; de América. Colón abrió una nueva ruta, pero lo hizo para una cultura, para un modo de ver el mundo. Como lo que nosotros usamos son caminos ya establecidos por generaciones de antepasados que le dieron otro uso, tampoco estamos descubriendo nada. Pero también, antes que nosotros, le dieron uso para movilizarse en biclas, como esta historia demuestra y varios personalmente testificados lo confirman, desde las ciclovías de Omas hasta las de Pampa Cañaguas y las cabeceras del Colca. Sin embargo, sí abrimos rutas para el ciclismo y con ello al turismo y eso ya tiene un valor pero, antes que éste, un costo, pagado solo por los &#8220;descubridores&#8221;.</p>
<p style="text-align:justify;">Así que naides descubrió na. Bájate del caballo y honra a tus antepasados, radicales caminantes y padres de todo esto.</p>
<p style="text-align:justify;">Esta es un poco la historia del MTB en Lima. Ese año (1991) habíamos explorado, más allá de todos los caminos que se internaban de Pachacámac al desierto rumbo a la Sierra, todas las huellas o rastros de huellas de los alrededores. En esa época aprendimos que para encontrar una buena ruta (un buen loop) singletrack era preciso explorar, hasta el punto de perderse en el camino, unas cinco potenciales rutas. Generalmente, esas &#8220;perdidas&#8221; consistían en un downhill por rocosos escalones de 10 metros o por interminables e intransitables arenales. Y aún así, era frecuente encontrar primero la subida o la bajada y, recién después de sucesivas exploraciones, que incluían movimiento de piedras y varias pasadas y repasadas para asentar secciones inestables, se &#8220;descubría&#8221; o, mejor dicho, se trabajaba el complemento de la ruta. Este método de prueba y error, de trabajo y gratificación llevó en esas épocas (1990-91) a completar todas las más famosas rutas y/o circuitos de Pachacamac como el del Puquio, Chirimoyo y varias otras que se mantuvieron secretas o en el olvido.</p>
<p style="text-align:justify;">Pronto, Pachacámac se quedó chico. En nuestra búsqueda del loop perfecto habíamos sentido que ningún downhill parecía lo suficientemente largo como para compensar los sufridos uphills. Por otro lado, sabíamos que casi todos los caminitos confluían en una meta casi mítica, a la cual comprobamos que era imposible llegar con las vituallas y el agua que una montañera permitía cargar para un día. (Porque una de las cosas que nació entonces fue una modalidad de viaje ultraligera en montañera, donde cargábamos en una mochila compacta -no más de 5 kg- lo necesario para ir llegando de pueblo en pueblo, sin grandes paquetes que le quiten placer a la travesía). Por lo tanto, para hacer un satisfactorio downhill había que emprenderlo desde arriba, donde los caminos se juntaban. En todo caso, tanto de subida como de bajada, el desierto a cruzar era temible y no era cosa de intentarlo sin estar bien preparado y equipado.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero no era eso precisamente lo que pretendíamos el día que Alfonso (Roda) y yo salimos pedaleando de Casablanca, en Pachacámac, rumbo a Cieneguilla para allí alcanzar el carro a Huarochirí que supuestamente pasaba a eso de las 0900. Lo que habíamos planeado hacer en esa ocasión era sencillo: llegar temprano en bus a la altura del cruce de la antigua y la actual carreteras a Huarochirí para seguir esta última en su descenso por la quebrada Tinajas y regresar al atardecer o en las primeras horas de la noche. Un largo descenso, sí, pero algo relativamente seguro. Nada de internarnos en lo desconocido esta vez.</p>
<p style="text-align:justify;">Ahora bien, hay que tener en cuenta la fecha (Oct 91). En esa época la experiencia colectiva del MTB peruano no pasaba de lo que nosotros mismos hacíamos, los ocasionales raids que diferentes grupos habían realizado sin alejarse demasiado de las carreteras y la incipiente escuela cusqueña que seguía los pasos dejados allí por algunos tempranos exploradores españoles. O sea que las posibilidades, autonomía de vuelo de nuestras naves y nuestra propia capacidad nos eran casi desconocidas o carecíamos de referentes para saber en qué estábamos. Por lo demás, las luces para montañera eran una rareza en Lima y en todo caso la idea de prolongar la pedaleada más allá de la caída del sol era mirada con escándalo. También estábamos entrando a la época más brava de los terrucos y se solía considerar que los alrededores de Lima estaban infestados de ellos. Algunas otras cosas no sabíamos&#8230;.como los tiempos y plazos de las diligencias andinas. Al &#8220;Pérez&#8221; tuvimos que tomarlo en Nieve Nieve recién al mediodía para detenernos y almorzar en Antioquía. Así que por Langa -totalmente árido al centro de 4 años de sequía- pasamos a las 1500 y a Tres Linderos, donde siguen empezando casi todos los paseos actuales, llegamos pasadas las 1600.</p>
<p style="text-align:justify;">******<br />
Estamos en la cima de la divisoria entre la cuenca del Lurin y el mar, donde se juntan todos los cerros a espaldas de los balnearios del Sur. Al principio, la carretera va flanqueando la cima, especie de columna vertebral con dirección SSE-NNO coronada por puntas de piedra de imponente aspecto -rematando las cuales destaca por su altura Cerro Pamparena con su punta, el Apu Wichuca a 4000msnm- o por &#8220;bosquetes&#8221; de rocas y a ambos lados de las cimas, entre 100 y 300 mts. más abajo, explanadas a modo de balcones: la que da a la derecha, hacia el N, más alta y estrecha, desciende abruptamente hasta el Valle de Lurín, la otra al SO, desciende suavemente en colinas onduladas atravesadas por grietas, lechos rocosos que se van convirtiendo en verdaderos ríos secos que en su descenso hacia sus colectores comunes: la Quebrada Cuculí,. que desemboca en Chilca, Chamaure, en San Bartolo, Malanche en Punta y Lúcumo, en Lurín, forman alucinantes cañoncillos que atraviesan una sucesión de pisos ecológicos muy singular: de hecho, algunas zonas de vida únicas. Esta estrecha meseta se detiene abruptamente más o menos a los 2800msnm formando un arco de &#8220;balcones&#8221; con foco al SO desde el cual en días despejados se divisa la costa entre Pucusana y San Lorenzo y todos los cerros que descienden hasta ella. Las diferentes combinaciones de condiciones climáticas, altura de las nubes por encima y por debajo del nivel del observador, la visión de la altamar en una altura inesperada del horizonte y la vegetación -praderas y matorrales- que aún en la época seca prestan complementos dorados al paisaje, hacen de esta región uno de los mejores miradores del crepúsculo. En los contrafuertes al pie de estos balcones se forman en variables épocas del año (sobre todo Otoño) una vegetación que complementa la vegetación de secano más arriba y que no puede ser mejor caracterizada que como una loma de altura a 2500 msnm muy conocida por los pastores viajeros. Entre la fauna avistada o percibida en esta zona hay zorros, zorrillos, muca, vizcacha, roedores varios, un mustélido, incontables reptiles -incluida una especie de salamandra, gato montés, puma, palomas diversas, perdices que ocasionalmente se convierten en plaga, por lo menos media docena de rapaces diversas, cóndor, zorzal andino, pájaro del Inca , colibríes varios, pájaro carpintero, etc. En suma, un paisaje para disfrutar de la contemplación.</p>
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La parte que siguió a continuación es profundamente personal. Sentía en el aire una ligereza difícil de describir, más allá de la que se puede sentir por la altura. Recuerdo mi paciencia para ponerme música (Deuter: Sands of Time) y dedicarme a fluir por ese paisaje, por esa parte tan relajada de Corral Blanco y los muros. Alfonso guiaba y yo tenía la seguridad de que en dos horas avanzaríamos lo suficiente como para estar en alturas más seguras. Creo que él ya no estaba tan seguro. Y de hecho ya no sabíamos dónde estábamos.</p>
<p style="text-align:justify;">Cada uno por su lado y sin conocerlo entonces, ambos teníamos un lugar especial en nuestros recuerdos para este sitio. Alfonso me había hablado de largos paseos familiares en los que llegaban al final de la carretera a Cuculí, y Olleros no aparecía. ¿Olleros?&#8230;Allí arriba, señor&#8230;tres horas caminando&#8230;Yo recordaba, de los paseos playeros al Sur, el letrerito colorido, con azules que evocaban su tan escasa agua, que invitaba a visitar Sto. Domingo de los Olleros, 50 kilómetros Chilca adentro. Cambiar la playa por un día cuesta arriba por el desierto era duro, pero nosotros lo éramos y una vez entramos, pasamos Cuculí, lindo &#8220;desierto&#8221; después de todo, y encontramos a los Olleros, bajando a comerciar sus ollas, pero no a Sto. Domingo, caminata cuesta arriba a 2800 msnm. entre las nubes. Mucho tiempo después, cuando no sabíamos que no lo habíamos olvidado, la condición de origen y meta de todos los caminos pachacaminos, su presencia en el rincón más alejado cada vez que desplegábamos la Carta IGN de Lurín, convirtieron al lugar en una especie de meca inalcanzada.</p>
<p style="text-align:justify;">**********<br />
Una ollita de barro coronaba el arco de entrada, celeste, de un pueblo que yo no recordaba como Buena Vista (donde había estado antes y se suponía que deberíamos estar llegando) y cuya inscripción consignaba fecha de fundación colonial y el nombre, que al principio pretendimos atribuir a confusión de los locales: Santo Domingo de los Olleros&#8230;Cuando asumimos que los equivocados éramos nosotros y salimos de nuestra sorpresa, recién nos percatamos de que estábamos en un aprieto. Alfonso miró hacia las cumbres de los cerros que acabábamos de descender y yo miré hacia el fondo de las quebradas hiperáridas sobre las que el pueblo descansaba en su balcón colgante, echándole un reojo al sol casi poniente allá en el lejano horizonte Pacífico.</p>
<p style="text-align:justify;">La situación era crítica. Sin mapas, ignorábamos la altitud en que nos encontrábamos, pero lo expuesto de lugar amenazaba con una fría noche. Nuestro equipo era precario, no más del que se necesita para un buen día de Lomas: cortavientos y un polo por ahí de manga larga. Si bien el pueblo no estaba totalmente deshabitado, no se veía muy acogedor, por lo tanto no parecía recomendable pasar la noche ahí. (Mucho después conoceríamos la tímida hospitalidad de su gente y su más que benigno clima). Además, yo tenía una inoportuna reunión de trabajo al día siguiente en la mañana y debía estar a primera hora en Lima. Por lo tanto, decidimos que había que seguir la marcha. Interrogamos a algunos poblanos que nos miraban entre preocupados y divertidos por nuestra gratuita manera de meternos en problemas. Habían tres alternativas. Las mías: tomar el enlace peatonal que nos llevaba bajo los amenazantes farallones del Wichuca al Norte hacia la carretera a Tinajas, no quedaba claro si en subida o bajada; o, literalmente, descolgarnos cuesta abajo por el desconocido camino real hacia la quebrada de Chilca. La alternativa de Alfonso era desandar lo descendido para retomar la carretera y llegar a la repartición donde, con suerte, podríamos tomar un carro que nos lleve a Lima, abortando así la misión. Tan convencido estaba él que antidemocráticamente comenzó a montar en esa dirección. Pero, observando las nubes grises que se iban posando sobre las cumbres y pensando que si no teníamos esa suerte una noche allá arriba sería más fría aún, me mantuve en mis trece y logré que uno de los locales nos garantizara que lo mejor que podíamos hacer era bajar hacia Chilca.</p>
<p style="text-align:justify;">Así lo hicimos y la bajada a Huallanche &#8211; que incluye una breve porteada- resultó ser tan buena que llegamos al pueblo antes de que oscurezca, aunque la ansiedad por llegar al pueblo nos impidió apreciarla plenamente. Entramos sin saludar por una calle que resultó más difícil que la bajadaza de 1000 metros que acabábamos de hacer saliendo por una carretera que hasta ahora es una de mis favoritas para bicicleta, tanto que me hizo perder prudencia hasta que me caí, agravándome una fuerte lesión que había sufrido en la clavícula un año antes. La oscuridad nos agarró parchando llanta en el empalme con la carretera principal a Chilca, recién en el fondo de la quebrada madre, a 50 km de la costa. En un tambo cercano, una Inca Kola y unas galletitas y una voz que nos previene oportunamente: &#8220;cuidado con las acequias&#8221; trampas mortales para ciclistas en la oscuridad y que atraviesan el camino cada cierto trecho. Con todo, mi lesión no me dejaba montar en la noche, así que al rato acabé caminando. Lo que vino después fue una caminata bien conocida que algunos han repetido con nosotros por otras quebradas aún más desoladas y una hora clásica para llegar perdido: 3 de la mañana. La tensión de la aventura estalló en Pachacámac, adonde llegamos bronqueándonos de boca pero sabiendo en el fondo que aquello nos había unido bastante. A la mañana siguiente, a la hora de mi reunión, solo pude darme una vuelta entre las acogedoras sábanas de Casa Blanca para seguir con mi urgente sueño.</p>
<p style="text-align:justify;">**********<br />
Pasó un año completo de carreras, paseos y otras aventuras del MTB inicial. La fuerza y nuestra capacidad de cubrir cada vez mayores distancias se incrementó notablemente y ya era perfectamente factible cubrir en pocos días la ruta de &#8220;Los Guardianes del Agua&#8221;. La había conocido hacía años, cuando con mi familia buscábamos un sitio ventajoso para contemplar el paso del cometa Kohoutek. En anteriores expediciones pedestres al bosque de Zárate había visto una carretera que llegaba a los pueblos de la ladera opuesta, así que esta vez decidimos seguirla para ver adónde llevaba. No vimos el cometa pero llegamos a Tupicocha y quedé impresionado por los paisajes de esa vecina sierra limeña y me llamó la atención la existencia de una carretera que conectaba las cuencas del Rímac y del Lurín. La urgencia de volver a esos sitios nunca pude satisfacerla hasta que me hice ciclomontañero y ello me llevó a emprender, parcialmente, esta ruta en un par de oportunidades; pero no fue hasta la Semana Santa del 92 cuando recién me di el tiempo y reunimos un grupo de 7 cleteros que antes del cuarto de recorrido ya se había reducido a dos: el primo Mario Pelosi y este cronista.</p>
<p style="text-align:justify;">Bautizada así porque sus pobladores, -cumpliendo un trabajo ancestral ampliamente documentado en la rica mitología de esta tierra- cuidan el flujo del agua de las cabeceras intermedias hacia los valles y planicies de la costa con sus reservorios, control de la erosión y, en general con sus labores agrícolas cotidianas, la ruta de &#8220;los Guardianes del Agua&#8221; usa una serie de caminos que unen un rosario de pueblos -antiguas reducciones- a casi todo lo largo de la provincia de Huarochirí, ocupando una línea más o menos paralela al mar por la cota de 3200 msnm en promedio. Su valor escénico, étnico y ecológico es muy grande a pésar de lo cual y de su vecindad a la capital se encuentran sumergidos en el olvido. Pero la crónica de estos lugares y de ese camino es una historia aparte. La cosa es que Olleros encajaba naturalmente en ese recorrido y, si lo que creía haber visto en nuestra anterior fallida aproximación al lugar era correcto, sería un broche de oro para esta ruta que estábamos abriendo para el cicloturismo y como tal decidimos incluirla en nuestro itinerario original.</p>
<p style="text-align:justify;">**********<br />
El amanecer del Domingo de Pascua nos encontró en Langa (2900 msnm) con más de 120 km. de montaña pedaleados a nuestras espaldas. Desde aquí, la carretera a Cieneguilla, 90 kms. en absolutamente fácil descenso, lucía incitante y tentaba a usarla para llegar tranquilamente a casa al mediodía, el almuerzo pascual en familia y todo eso. Después de todo, pensaba, ya es una buena cosa lo que hasta aquí hemos hecho y se podía decir que nuestro objetivo de establecer una nueva ruta ya estaba alcanzado. Le expliqué esto a Mario, mientras mirábamos la cuesta de Matarachi, que trepaba un impresionante paredón y nos separaba del techo de nuestro recorrido, a 3700 msnm, sugiriendo el retorno fácil a Lima, a lo cual él me respondió inmejorablemente: &#8220;Si no vamos a Olleros, consideraré que no hemos hecho nada&#8230;.&#8221; Valiente hijo de un finado igualmente valiente que hoy debe estar divirtiendo a los ángeles con su ocurrente alegría inextinguible y sus eternas ganas de vivir.</p>
<p style="text-align:justify;">Estaba decidido. Solo tardamos hora y media en coronar y el tiempo estaba tan de nuestro lado que nos dimos el lujo de merendar y vagar por la meseta un buen par de horas. Llegamos a Olleros al mediodía y nos fuimos al mirador de la costa para, carta en mano, decidir nuestra ruta de descenso: si la que habíamos empleado en la debacle con Roda o una de las posibles, desconocidas alternativas. En eso estábamos cuando se nos acercó un local&#8230;con su bicicleta (no hay nada nuevo bajo el sol, pensé): un perfecto modelo &#8220;jardinero&#8221;: aro 28&#8243;, llantas slick con refuerzos de cáñamo, asiento con suspensión (no de elastómeros, ni de aire, ni aceite), frenos de varilla casi operativos y, como más valioso implemento, una parrilla que, por el peso, podía ser de plomo. Lamentablemente he perdido mi bitácora donde consignaba el nombre del verdadero &#8220;descubridor&#8221; de esta bajada. Nos contó sobre su tierra, sus alrededores, su relación con las lomas de Pachacamac y las rutas para llegar a ellas y a otras lomas hasta Mala y acerca del patético par de dementes en bicicleta que, un año antes, no habían escogido el mejor camino para bajar a la costa. &#8220;El mejor para bicicletas es el que baja a Chamaure (o sea, el huaico de S anBartolo), explicó.</p>
<p style="text-align:justify;">-Y tú &#8230;¿cómo lo sabes?<br />
-Porque lo he usado varias veces, puessss.<br />
-Pero ¿puedes describírmelo? ¿hay muchas piedras? ¿escalones? ¿no es muy pesado?<br />
-¿Para qué quieres saber todo eso? Lo que importa es que es bueno pa bicicletas.<br />
-¿Cómo lo sabes?<br />
-¿No te digo que yo mismo lo he hecho?<br />
-¡¡¿¿??!! (¡¿en esa bicicleta ?!)<br />
-Pero en algunas partes hay que caminar. Empujando, o mejor dicho jalando la bicicleta.<br />
-¿Cuánto rato?<br />
-Media hora a lo más.<br />
-Y el resto&#8230;¡pudiste hacerlo montado?<br />
-El que puede, ¡puede, puessss! (¿o dijo: el que sabe, ¡sabe, puesss! ?)</p>
<p style="text-align:justify;">Esta respuesta es un clásico del ciclomontañismo nacional, acuñada por este padre del ciclotrekking andino. No había más que decir, nos esperaba una especie de ciclovía. Nos despedimos y emprendimos por primera vez la ruta de descenso que ya tantas veces se ha repetido hasta convencer a sus usuarios de que hasta el momento, por sus características escénicas, de longitud, altitud, sucesión de pendientes, variedad, superficie de terreno, velocidad, nivel técnico y exigencia física, pocos se atreverán a discutir que es la mejor en el Perú.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero no la hicimos completa. Algún rezago de conservadurismo mezclado con sentido común me lleva a hacer pasar -a los no iniciados- las mismas pruebas que pasamos nosotros para aproximarnos a un lugar o a una modalidad de MTB. Creo que hay una secuencia correcta de sitios y pruebas en los q aprender y mejorar el pedaleo y, más que eventualmente, la caminata, la porteada por los cerros. Jamás llevaría, por ejemplo, a Chirimoyo a un neófito que no ha pasado antes por el Kamikaze, Manzano y una serie de pruebas previas que lo pongan a nivel.</p>
<p style="text-align:justify;">Y aunque Mario no necesitaba que lo ponga a nivel de nada, como rito iniciático y porque el bosque enano de la bajada a Huallanche era digno de volver a visitar, en el segundo corral hacia Chamaure (el Solarium) tomamos el camino a nivel que enlaza ambas bajadas. Esta vez 100% montados, totalmente avisados y equipados, llegamos a Chilca poco después de anochecer para ver pasar el interminable desfile de veraneantes resacosos de Semana Santa de vuelta a casa. Nunca falta un sapo que se detiene, al vernos tirando dedo, para burlarse de esos pseudociclistas que no la pueden hacer completa hasta CerroAzul ida y vuelta.</p>
<p style="text-align:justify;">***********<br />
Meses después el Flight Cycling Club llevó al primer grupo por la bajada de Huallanche y luego, con el mismo grupo, completamos Chamaure hasta San Bartolo, a cuya base habíamos llegado desde abajo algún tiempo atrás observando la admirable construcción del camino colonial. Con estas dos expediciones comenzaron a aparecer los falsos descubridores y pioneros segundones. Así &#8220;descubrimos&#8221; Olleros y creemos que esto es importante porque el suceso marca un hito en el ciclomontañismo nacional y hasta hoy la zona sigue marcando el estado del arte del Downhill en el Perú.</p>
<p style="text-align:justify;">Para ver más fotos ir a: http://picasaweb.google.es/aputrails/Olleros?authkey=tbuHy-Tqo10</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/viajesen2ruedas.wordpress.com/22/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=22&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>6. El precio del querer&#8230;Reflexiones de vuelta de otra aventurilla, publicado el 28 de Febrero de 2008</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Oct 2008 20:53:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>viajesen2ruedas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[No hay nada mejor que navegar así en el Amazonas. Siempre uno tiende a figurarse eso de las monótonas horas de uniformidad entre dos murallas verdes con los ensordecedores motores como ingrata música de fondo. Pero Hay de estos. Dueños de cubierta o techo del bote colectivo de madera. El Jonson 40 a media máquina, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=19&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align:justify;">No hay nada mejor que navegar así en el Amazonas. Siempre uno tiende a figurarse eso de las monótonas horas de uniformidad entre dos murallas verdes con los ensordecedores motores como ingrata música de fondo. Pero Hay de estos. Dueños de cubierta o techo del bote colectivo de madera. El Jonson 40 a media máquina, casi imperceptible a favor de la corriente, un amable ronroneo, apenas. La muralla verde ya no es en la vaciante; entre el río y el bosque la variada franja de arena multiplica el paisaje: a veces casi vertical y recta, otras veces una pampa inmensa, más allá delineando gentiles curvas, acentuando meandros; imitando puntas y bahías marinas, hasta dunas. Y el sol de la tarde: en cada curva un nuevo, mágico ángulo de luz, irrepetible por la larga caída del astro. Difícilmente alguien podrá convencerme de tres mejores horas, este viaje Tamshiyacu &#8211; Iquitos.</h4>
<p style="text-align:center;"><a href="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/4.jpg"><img class="size-full wp-image-20 aligncenter" title="4" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/4.jpg?w=450" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;">Solo superadas -tal vez- por las treinta horas que las precedieron: empezaron en deslizador hasta Gallito y su demasiado buena para durar Avenida Costanera por que en 10 minutos desaparece en una de esas carreteras mal concebidas que el tiempo convierte rápido en pantanos rectos. O cargar la bicla -portear- por esos lodos infames o un complicado o riesgoso manejo por la sacarita al borde del Amazonas. Y así fueron casi todas las tres primeras horas, alternadas con breves entusiasmos pedaleros y&#8230;las quebradas. Ríos, para cualquier otro lugar del Perú. La necesidad y el arte de la chimba. Cada una, una aventura distinta. La primera, &#8220;exótica&#8221;, la última, la quinta, penosa. Tantas bicis, tantas chimbas, tuvo que haber hombre (y bici) al agua. Ese era el precio. Y &#8220;su voluntad&#8221;. La del chimbao, que la del chimbador (una niña de 8 años diestra en su canoa, la última) siempre esta ahí. Hasta que apareció lo prometido, que no acabó con las chimbadas, sin embargo: los inverosímiles 10 km o más de vereda de concreto. Divididos en dos secciones claramente diferenciadas: la primera, de curvas cerradísimas y exabruptos verticales, vertiginosa ciclomontaña rusa. Inédita, hay que experimentarla pero ojo, mucho ojo con esas curvas verticales de peralte inverso. Lástima la brevedad, se queda corta porque la segunda sección, chimba de por medio, es una larga casi recta apta para todos con su yapita de tierra hasta tamshiyacu a media tarde. Fue duro pero hermoseado por las constantes visiones del Amazonas: paisajes de fondo, primeros planos, transparencias, collages, escenas costumbristas, la muestra nunca se detuvo. Y la mañana siguiente, la del retorno, dedicados a entender -correteando entre sombras de añosos humarales o maniobrando al sol entre espinas de piña o al borde de segmentos de ruta que la agenda nos truncaba- que este era otro ignorado paraíso del ciclomontañismo.</p>
<p style="text-align:justify;">Esto y mas se reflexiona navegando en el relax de la misión cumplida junto a estos seis locos, personalidades tan distintas cada uno pero unidos en este disfrute por más sutiles afinidades culturales. Lo gracioso es que ni siquiera saben lo que hacen. De cómo están quemando etapas, poniéndose al día con una actividad deportiva y turística que ya tiene 18 años en el Perú y que en ciudades como Piura, Trujillo, Chincha, Tacna, va en camino a la masificación ya alcanzada en Lima, Huaraz, Arequipa, Puno, Cuzco, Huasahuasi con la consiguiente forja de deportistas, diversificación de la oferta turística, creación de nichos laborales, hasta planteando un nuevo, vanguardista modo de entender la racionalización del transporte urbano. Tal vez aún no perciban ellos que son fundadores. Que si lo toman en serio son ellos la vanguardia de todo esto y algo más: Algo que nos da una oportunidad, a los que nos negamos a aceptar que la vida es sólo una alternancia entre la supervivencia y la juerga anestésica, que sabemos que lo podemos, que debemos robarle un tiempo para lo lúdico, donde el alma goza, que es a fin de cuentas donde nos contactamos con la eternidad; algo que nos da la oportunidad, decía, de demostrar que es esto no solo socialmente aceptable sino hasta necesario y que, de yapa, económica y socialmente rentable.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero no creo se den cuenta aun, les he dicho de lo meritorio de su esfuerzo físico y mental, absolutamente sub equipados. Que repiten y pasan, magnificadas, pruebas que tantos otros arrugaron antes en mas ventajosas condiciones que las nuestras ayer, que tomaron con tanta paciencia y buen humor. ¿y mañana? Navegando, aun no lo sabía, mañana llegaría justo a tiempo, poniéndonos -esta vez me incluyo- la valla más alta a superar. Les prometí &#8220;la mejor ruta de la selva hasta ahora&#8221;. Ahora sí vamos a pedalear todo, unas cuantas porteadas ligeras, ninguna chimbada. Pero amaneció con cuatro horas de lluvia por detrás y por delante. Ya era atrevido persistir con la idea, llegar a Santa Clara. San Pablo de Cuyana nos miró, escéptico, pasar por el lodazal bajo la garúa, hasta el km 5, donde decido tirar la toalla, donde ya lo hice antes, en no tan malas condiciones: propongo media vuelta, el clima nos ganó, no se puede. Y ellos dudan desde sus bicicletas básicas, sin casco, guantes, cero parafernalia ni vestuario, sin toda la historia del ciclo montañismo a sus espaldas, dudan, oyen mis razones, las aceptan pero&#8230;siguen al primer desquiciado que dice y emprende: &#8220;entonces ¿continuamos?&#8221; y fuimos. Para comenzar, nunca vi tan cargada la quebrada Shihua. Hubo que chimbar. Mucho después, manejando a la luz difusa del plenilunio nublado, coronando otra alta cresta (¿otra más?), descendiendo mas allá del fondo de otro profundo seno, un mar tormentoso por una senda mínima. En una de esas crestas, no la última, las luces de Iquitos al fondo y la fluidez del camino, el climax instintivo anuncia la llegada y redondean la épica. La mía, personalísima por 2 nuevos records: el de redondear 30Kms a más de 80% de pedaleo en la selva bajo las peores condiciones: ni un rasguño, ni una falla mecánica. El otro el de sacar completo un nuevo grupo de cleteros. La épica colectiva, seguro que suma de sus hazañas, consiste en que todo el grupo la hizo, algunos más contentos que otros a esas horas de la noche. Pero nadie les dijo que esto tenia que ser permanentemente agradable. No. Es como la vida misma, como la felicidad, que no es un estado permanente de vacuo éxtasis, sino el saldo costoso, rico, de tristezas y alegrías, de esfuerzos y recompensas. Y esto es lo lindo del ciclo montañismo: te brinda, a tu elección, muchos de los mejores momentos de tu vida. Aún así, otra vez, difícilmente cambio esta navegación por el Amazonas por ningún otro momento. Felicitaciones muchachos, bienvenido Iquitos al mundo del ciclismo de montaña.</p>
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		<title>5. Ciclismo urbano y ciudadanía</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Oct 2008 20:28:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>viajesen2ruedas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Encaminado a otros cauces el fascinante y productivo debate sobre caminos ancestrales, me propongo dirigir el tema ahora a otro no menos candente y que, precisamente y no por casualidad, trata de derechos de uso de caminos que, aunque esta vez no tan atractivos como nuestro querido Qapaq Ñan, tienen mucho que ver con la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=15&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align:justify;">Encaminado a otros cauces el fascinante y productivo debate sobre caminos ancestrales, me propongo dirigir el tema ahora a otro no menos candente y que, precisamente y no por casualidad, trata de derechos de uso de caminos que, aunque esta vez no tan atractivos como nuestro querido Qapaq Ñan, tienen mucho que ver con la Ecología humana, urbana, mejor dicho, tema más que simbólico y del que depende nuestra viabilidad como sociedad civilizada: las calles de la ciudad.</h2>
<p style="text-align:center;"><a href="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/ciclas.jpg"><img class="size-full wp-image-16 aligncenter" title="ciclas" src="http://viajesen2ruedas.files.wordpress.com/2008/10/ciclas.jpg?w=450" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;">Desde el sillín de una bicicleta todo se ve diferente, la vida se ve diferente, la vida es diferente. Pero de todos los aspectos de la vida que así se ven, o son, no hay ninguno como el tráfico. Tránsito, me corrigió el comisario explicando, condescendiente, que esa denominación emparentaba una actividad noble, como el tránsito, con otra muy sucia, como el tráfico de drogas. Entonces, para nadie, nosotros lo llamaremos la cultura del automóvil.</p>
<p style="text-align:justify;">
Porque la cultura del automóvil define, determina la vida ya no sólo en las grandes ciudades, sino también en poblados menores y hasta zonas rurales. Pero ahora la que nos interesa es la gran ciudad. Y como la cultura del automóvil la determina, basta unas ojeadas desde este mirador privilegiado -el sillín- que nos permite, estando dentro, una mirada desde fuera para darnos cuenta cuanta irracionalidad, cuanta inhumanidad hay en la vida humana tan bien graficada por la cultura del automóvil.</p>
<p style="text-align:justify;">En 35 ó más años que me llevo transportando en bici he visto clarísimamente cómo ha ido degenerando esta cultura. Comenzó tal vez a mediados de los 70 con la aparición de los microbuses esos primigenios buses camión cuyos pilotos introdujeron una nueva propuesta de (ir)racionalidad que los limeños -no sólo los de primera o segunda generación, se ve clarísimo desde el sillín- fueron adoptando poco a poco hasta abrazarla con fervor hoy. Esta racionalidad, la del atropello al más débil; la de que mi tiempo siempre es más valioso que el tuyo, y que tu salud, y que tu vida; la del peatón convertido en un conejito asustado; la de hacer parar el micro en la puerta de mi casa; la de tomar el taxi en cualquier sitio; la de la señora de la movilidad escolar insultando (educando a sus pasajeros) al peatón que hace uso de su preferencia de paso mientras ella ejecuta esa violación light de la luz roja que consiste en acelerar con el semáforo en ámbar, la del idioma salvaje del claxon, en fin, la de no haber reglas &#8230;</p>
<p style="text-align:justify;">
Otra propiedad que mantuvo el sillín durante mucho tiempo es la de conferirle el don de la invisibilidad a quien lo ocupe. Tenía sus ventajas, como cuando en los 80s la policía cerraba una cuadra, detenía a todos, autos y micros y ponía a los pasajeros de cabeza, mientras el ciclista pasaba esquivando prudentemente sin que nadie pareciera advertir su paso. Por eso no es muy atinado hablar de la falta de respeto, del abuso al ciclista, porque ¿se puede abusar de quien no existe? Pero ahora ya no, nos hemos hecho visibles como un estorbo, como a alguien o algo que no debería estar allí, en el tráfico, aunque sólo sea porque nos recuerda el absurdo de la cultura del automóvil. Y es que ya dejó el problema de ser la falta de respeto, ahora el punto es que ya no hay espacio para nosotros y el que lo toma, lo hace a su cuenta y riesgo, no sólo de su salud y de su vida sino al hecho de enfrentarse a una serie de desplantes y humillaciones por parte de los esclavos de la cultura del automóvil, de nuestra sociedad, en suma.<br />
Por eso, es sólo natural que hayamos buscado -y encontrado- 6 razones objetivas que nos hacen los mejores ciudadanos de la calle. Llámenlo mecanismo de defensa, llámenlo racionalización, si gustan, pero de que son ciertas estas razones, son ciertas:</p>
<p style="text-align:justify;">Con nuestro hábito de transporte, los ciclistas no contaminamos. Lo malo del calentamiento global es que nos ha hecho creer que es el único gran problema ambiental que tenemos. Como si los gases de invernadero, si no lo produjeran, no fueran tóxicos. De vez en cuando salen estadísticas de las muertes y el incremento de enfermedades bronco-respiratorias por contaminación atmosférica. No sé de dónde las sacan, porque todavía no hay datos consistentes sobre esos daños colaterales de la cultura del automóvil. Se necesita más perspectiva estadística-histórica para ello y la primera generación de niños -nuestros hijos- nacidos bajo niveles intolerables de contaminación recién nació hace unos 20 años. Cuando ellos vean sus expectativas de vida reducidas, cuando sus radiografías muestren pulmones ennegrecidos por carbón de plomo y azufre, allí recién ellos sabrán a qué atenerse. Mientras tanto, los incrédulos e impacientes tienen un grupo de prueba rápida: en el hospital de policía deben haber datos de cómo anda la salud de nuestra policía de tránsito y si se puede hablar del cáncer al pulmón como una enfermedad profesional.</p>
<p style="text-align:justify;">
Con nuestro hábito de transporte, los ciclistas no calentamos la tierra. Sí, porque no sólo se trata de no emitir gases, sino de no calentar la atmósfera con más motores, aparatos, focos que los necesarios.<br />
Con nuestro hábito de transporte, los ciclistas no desperdiciamos energía. No deben haber en el mundo mil personas que sepan a ciencia cierta cuánto petróleo queda disponible para la humanidad. No conviene. En todo caso, cuando los demás lo sepamos, será demasiado tarde. En todo caso, es una locura quemar el petróleo, es como quemar Picassos, dijo un magnate petrolero, con todos los otros usos que tiene, sin los cuales nuestra calidad de vida, la tecnología sería impensable. Y ¿para qué lo quemamos? Pregúnteselo cuando esté parado en una luz roja. Haga un ejercicio de cálculo de cuánto combustible, cuánta energía se desperdicia (contamina, calienta, mata) sólo en Lima en las luces rojas en un solo día. En un año: todo lo que se podría hacer con lo que ese combustible, empleado en esperar colectivamente el cambio de luces, nos cuesta: mucho más, por ejemplo, de lo que ponen los mineros como óbolo por 5 años de llevársela toda.</p>
<p style="text-align:justify;">
Con nuestro hábito de transporte, los ciclistas no desperdiciamos espacio. Un auto, detenido, ocupa no menos de 6 metros cuadrados. En movimiento, un área proporcional a la de la velocidad que emplea, que es la distancia que tarda en detenerse. O sea que un auto mediano a 60 km/h ocupa no menos de 200 m2, demasiadas veces para transportar una sola persona. ¿Van entendiendo lo que pasaba en La Molina? ¿lo que pasa ahora en Javier Prado al haber anchado la bajada de Pinerolo? Por un principio elemental de cuencas hidrográficas, si se aumenta de pronto el aforo de un afluente, el colector principal se desborda si su capacidad no aumenta. Por eso ya lograron detener por completo a la Javier Prado en hora punta. ¡Qué absurdo el entusiasmo del yupi que se jactaba de que este año entran 30 mil autos nuevos a Lima, la mayoría, sin duda, a los distritos residenciales del sur y sureste. Disfrute de su nuevo nivel de vida. Por otra parte, cuando uno sale en su auto a cualquier destino en la ciudad, lo hace convencido de que al Estado le corresponde garantizarle un sitio para estacionarse allí donde uno lo decida. ¿De dónde ha salido esa idea?? ¿Acaso transportarse uno mismo en auto es beneficioso para alguien más que el que se transporta? ¿Acaso eso es socialmente rentable? ¿Ambientalmente rentable? ¿Absolutamente rentable? Ese costo, el costo de ese espacio, su desperdicio o su carencia, debe asumirlo el usuario, no la sociedad.</p>
<p style="text-align:justify;">
Con nuestro hábito de transporte, los ciclistas no somos infractores de las reglas de tránsito. Mal podríamos serlo en un reglamento en el que prácticamente no existimos. Un reglamento que, si fuera persona, sería inimputable. En el glosario del Reglamento Nacional de Tránsito figuran términos tan surrealistas como ciclomotor pero no aparece la palabra bicicleta. Si se profundiza mucho, la encontramos en el artículo 146 (ver recuadro) que por absurdo, por penalizar el ciclismo urbano, quitándole su eficiencia, non merece ser tomado en cuenta. Felizmente existe el artículo 102 que nos franquea el paso a un buen manejo de acuerdo a las partes más racionales del reglamento. En cuanto a los demás, desde que abren la puerta levadiza de su garaje (que además viola sistemática, impunemente varias ordenanzas municipales) ya son infractores. Llenos de pretextos, pero infractores consuetudinarios al fin y al cabo, que no han sabido estar a la altura del desafío social de plantearse reglas de convivencia civilizada y cumplirlas. Que no han sabido estar a la altura de un reglamento de tránsito, como si lo están, por ejemplo, los ciudadanos de Quito y La Paz.</p>
<p style="text-align:justify;">Por estas cinco razones, por último, los ciclistas estamos en una vanguardia, los ciclistas somos un ejemplo. Y por eso estamos más cerca de ser buenos ciudadanos que, por ejemplo, ud, señor, que no es capaz de salir de su cubículo de metal, plástico y vidrio para dejar de ser parte del problema porque está esperando que Papá gobierno -o los demás- lo solucionen.</p>
<p style="text-align:justify;">
Artículo 146º.-<br />
Los vehículos menores sin motor, como bicicletas y triciclos, y los vehículos automotores menores, cuando circulen por una vía deben hacerlo por el carril de la derecha uno detrás de otro. Cualquiera sea su característica o tamaño, no deben circular en forma paralela en doble o más filas, ni deben adelantarse unos a otros.</p>
<p style="text-align:justify;">
Artículo 102º.-<br />
Los conductores de vehículos menores automotores o no motorizados, tienen los derechos y obligaciones aplicables a los conductores de vehículos mayores, excepto aquellos que por su naturaleza no les son aplicables.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/viajesen2ruedas.wordpress.com/15/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=viajesen2ruedas.wordpress.com&amp;blog=5054187&amp;post=15&amp;subd=viajesen2ruedas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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