Desde el paisaje urbano de una ciudad con cada vez menos horizonte es fácil olvidarse que Lima es una región “lomera”. Desde las de Pativilca hasta las de Lunahuaná, se formaba en invierno una “ceja” casi ininterrumpida de lomas, paralela al litoral, que sólo era cortada por los cauces de ríos y grandes huaycos a los que, sin embargo, conferían sus particularidades micro climáticas. Para quienes las conocemos especialmente, es familiar la imagen nunca vista pero fácil de recrear, con los datos que nos deja la historia y las visitas a otros relictos de esta zona de vida, de la Lima incipiente en invierno, de casas huertas al pie de las Lomas de Amancaes y el Cerro San Cristóbal cubierto del tapiz verde que le otorga a los cerros una apariencia aterciopelada allí donde el bosque no los cubría por completo. Apenas a la vuelta de la esquina, al norte, el muro verde de las lomas de Comas proveía de corrientes de agua que regaban cultivos allí donde el Chillón o el Rímac no llegaban en su estiaje. Sobre Comas se podría decir lo que Pulgar-Vidal decía sobre el término nativo Omas (agua) como origen de la palabra criolla Lomas para referirse específicamente a estos oasis de neblina tan típica pero desconocidamente nuestros. Completando el cuadro, al sur de la nueva ciudad, la rica planicie cono de deyección del Rímac, totalmente cultivada aún por sus habitantes nativos, enmarcada por los cerros Colorado y Retamal, Lomas de Atocongo, totalmente cubiertos de verdor donde hoy están Las Casuarinas y Villa María del Triunfo, cuyos contrafuertes al sur se sumergen finalmente en arenales que en suave declive se acercan al litoral filtrando en los humedales de Villa el agua que baja directamente de las alturas por el interior de esos contrafuertes. Completando el círculo, más acá del cerro La Virgen, Chorrillos -que también miraba al mar con un bozo verde florido, loma semejante a la de la cumbre de la isla de San Lorenzo- y el Morro Solar. Cerrando, los acantilados de aluvión del litoral forman una costa verde de la vegetación generada en los chorrillos originales del agua excedente del riego del valle de Lima.
Hoy estamos lejos de esa visión y no es fácil para el limeño actual creer que estos cerros y pampas, hoy cubiertos de cemento o degradados irreversiblemente por la contaminación y el cambio de las condiciones micro climáticas del lugar, ostentaban la mayor parte del año, hasta mediados del sigo pasado, una pradera verde que viraba a toda la paleta cromática según las sucesivas floraciones. Hoy, para conocer algo de esta zona de vida se suele visitar la Reserva Nacional Lomas de Lachay en Chancay. La loma más conocida, pero no necesariamente la mejor conservada, recibe visitantes, a veces masivos, durante toda la temporada desde los setentas y lo que dejan como pago por el derecho de hacer picnic en los lugares especialmente dispuestos para ello y de usar su red de trochas pedestres demuestra que eso de la conservación y uso sostenido de ecosistemas, aún precariamente administrados, es un negocio rentable.
Otra loma limeña importante, muy conocida en el siglo pasado, fue la dicha de Atocongo, que ocupaba todos los cerros mencionados al sudeste de Lima, hasta la margen derecha de la cuenca del Lurín, en los cerros Yerba Buena y Atocongo (Lúcumo). Esta loma se hizo familiar porque en torno a su uso indiscriminado como mina de cemento se dieron las más antiguas discusiones ambientales sobre Lima que este cronista recuerde. Como recuerdo de esta derrota ambiental, y testimonio de la extraordinaria resistencia (resiliencia, se diría hoy, de moda) de este ecosistema a la vez tan frágil sobreviviendo al fino y tóxico polvillo calizo que todo lo cubre, subsisten las lomas de Quebrada Verde (Lúcumo) y Picapiedra con sus inquietantes formaciones pétreas.
Pasando a la margen izquierda del Lurín, por último, están las emblemáticas Lomas limeñas: Las de Hatun Sisa ( La Gran Floración), término de compleja significación telúrica que, entre otras cosas, designaba lugares y épocas de inusual precipitación que en la costa se manifestaban principalmente en la primavera y en las lomas. Las variaciones y las irregularidades anuales de la vegetación y la floración de las lomas eran indicadores de variaciones climáticas más amplias y fueron usadas para predecir fenómenos del niño y sequías, entre otros. El hecho de que se le haya aplicado el genérico Hatun Sisa en particular a estas lomas que ocupan los cerros Punta Blanca, Manzano y Pucará así como la pampas de Cardal, Jatosisa y Manzano a sus faldas, indica las condiciones especiales del lugar al punto de constituir no sólo uno de los observatorios climáticos prehispánicos favoritos sino también campo de experimentación agrícola útil para aclimatación de especies de otros pisos, aplicación de técnicas de captación de humedad, andenería, etc, tal como lo testimonian los restos de la ingeniería agrícola nativa ubicuos en toda la zona al punto de configurar toda la ella un invalorable monumento arqueológico, especialmente porque su resistencia al impacto de la cercana megalópolis mantuvo este legado muy bien conservado hasta hace poco más de una década.
Este fue el escenario en donde nació, en los últimos años de la década del ochenta, el ciclomontañismo nacional. Efectivamente, desde los primeros tiempos, 10 o 12 mil años atrás, los cazadores-recolectores nómades establecieron rutas que comunicaban lomas con otros pisos ecológicos y al interior de ellas configurando, estas últimas, redes camineras perfeccionadas por sus herederos pastores que, en un entorno de montañas suavemente onduladas por la erosión combinada del viento y la humedad, constituyen el escenario ideal para la práctica avanzada del entonces nuevo deporte. Fue aquí donde un pequeño núcleo de aficionados empezó sus pininos en el ciclomontañismo, cuya fecha de fundación se podría establecer en la primera carrera de montañeras realizada por el CCM (Club Ciclismo de Montaña) en donde el corazón y el empuje de los ciclistas locales sobre sus bicis chacareras, hechas al terreno por su uso como transporte cotidiano para sus labores agrícolas, se impuso a la técnica de los nuevos aficionados y la sofisticación de sus máquinas en un sencillo pero hoy clásico (y hoy extinto, bajo las ruedas de combis asesinas y mototaxis más asesinos aún) circuito que comprendía la trocha carrozable original que recorría ambas márgenes del valle entre Quebrada Verde y Manchay Alto, cubriendo los anexos de Guayabo, Picapiedra, Manchay Bajo, Tambuinga, Pampa de Flores, Cardal constituyendo además un instructivo recorrido agroturístico. Esta carrera fue el inicio de la entrañable relación del pueblo de Pachacámac con la bici de montaña.
Pero Gustavo Prado, fundador del CCM y patriarca del MTB nacional, tenía otros planes. Luego del éxito de la primera competencia, sacó bajo la manga su preciada caleta que ya venía trabajando algo antes: ese mismo año, 1989, llevó adelante el Campeonato Primavera. Constaba de varias fechas que incluían la ya clásica vuelta “turística” pero lo novedoso eran las otras fechas centradas en Jatosisa: allí había hecho, ayudado por unos cuantos seguidores, literalmente “a pulso”, un verdadero laboratorio que, basado en los caminos ya existentes, configuraba una serie de ingeniosos circuitos o segmentos para un variado tipo de pruebas: el “kamikaze”, el minidownhill original que ahora más bien se vería como un slalom; el “trial” prueba de caña fina a velocidades mínimas y en espacios muy reducidos con curvas que contradicen la física; el “uphill” o la prueba de trepada, donde más vale maña que fuerza, un “downhill” de 4′, un xc “corto” de 1,5 km y otro “largo” de 4 km, el slalom dual, en fin, en los que se desplegaba un conocimiento intuitivo de los extremos de la gravedad aplicado a las prestaciones de las nuevas máquinas y la particular geografía de las lomas.
La escuela que así se inició produjo una primera generación de ciclomontañistas caracterizada por esta aproximación al deporte que combinaba la excelencia física con el desarrollo de la destreza técnica necesaria para superar y disfrutar las dificultades que este escenario ofrece. Pero al ir elevándose el nivel de la gente, se elevó el nivel de las exigencias y pronto el sitio inicial quedó corto iniciándose así la exploración del resto de Hatun Sisa y de las lomas vecinas. En los primeros 4 años se conquistaron, empleando los caminos nómades desde Pachacamac, las lomas de Quebrada Verde, Picapiedra y Manchay al norte y al sur las lomas y quebrada de Pucará, lomas de Lúcumo y el Jaguay de Parra, lomas de Pacta y Pampa de Zorros, lomas de Caringa y Chamaure. Bajo su común atmósfera de enigma y antigüedad fuimos conociendo a los pastores itinerantes de cabras, cuya sangre se remonta a los orígenes del hombre andino, repitendo el ancestral sube y baja de las sierras a la costa y supimos que ya hace años se ha establecido una adaptación mutua entre el medio y sus hasta entonces únicos usuarios; aprendimos a reconocer antiquísimos andenes, camellones, captadores líticos de humedad, canales; supimos que cada loma tiene su capilla y su peregrinación, y las homenajeamos; se nos hizo familiar la presencia cada vez menos furtiva del zorro, el vuelo imperceptible del aguilucho en la neblina espesa, la sorpresa mutua del encuentro con el cóndor, el rastro del último guanaco y, al ir superando el techo de las lomas y la niebla a los 1200 msnm, en Tinajas, Bicho Prietoy Ollería, vimos clarísimo que la conexión mítica de la Hatun Sisa con el Apu Wichuka (y con el Pariacaca, por tanto, pero esa es toda otra historia) tiene su sustento geográfico en el hecho de que en esta montaña se anudan todos las cadenas contrafuertes al sur de Lima, escenario de la enamorada persecución de Cuniraya Wiracocha tras la princesa Cavillaca y su hija en su trágica fuga hacia el litoral de arrecifes de granito blanco rodado desde siempre y desde el Wichuka.
En cuanto al impacto ambiental de la nueva actividad sobre este antiquísimo recurso natural, si bien son las lomas muy sensibles a la erosión, se sabe que una llanta de bicicleta, bien manejada, erosiona menos que una bota de trekking y el impacto de una eventual masificación del deporte es bastante controlable a mano, tal como se ha venido haciendo hasta ahora. Este impacto se ve justificado por la puesta en valor y conservación de la zona de vida como recurso turístico y la sensibilización ambiental de sus usuarios, así como el beneficio social como centro de esparcimiento que el desarrollo de las actividades deportivas de bajo impacto genera. Pero en un país de Estado ausente y empresarios poco interesados en inversiones sostenibles de mediano y largo plazo, este potencial siempre está amenazado.
A fines de los 80s, el extinto visionario alcalde Paul Poblet ya era consciente de la importancia ecológica y cultural, así como del potencial agroforestal, de las lomas de su jurisdicción. Al aparecer por esos años en el distrito el ciclismo de montaña, también visionó su complementariedad para su proyecto y su papel como efectivo vector del turismo en su localidad, dándole todo su apoyo. Por eso, llevó su sueño de convertirlas en una gran área protegida, categorizada dentro del SINANPE (entonces SINUC) a la gestión póstuma que las llevó a ser declaradas, por el mismo presidente de entonces, Fujimori, 1992, en Parque Metropolitano Paul Poblet abarcando incluso hasta el Puquio de Pucará y parte de la Quebrada Pucará y destinado a proveer por generaciones, a la agobiada megalópolis limeña, de turismo, esparcimiento, cultura, recursos naturales diversos y, obviamente, desarrollo del verídico y oportunidades de negocios. .
El comité de gestión del parque ya había elaborado un Plan Maestro y la ordenación territorial del lugar incluía áreas de reforestación, reintroducción y manejo de fauna nativa, agroforestería, arqueología (el sitio de Pueblo Viejo, que hoy se restaura con el auspicio de quien destruye el resto del complejo arqueológico Hatun-Sisa, fue descubierto por un grupo de cleteros), etc. La gestión del parque incluía recuperación de andenes y sistemas de captación de humedad preincas, mejoramiento genético y manejo semiestabulado del ganado caprino, así como comercialización de sus derivados, manejo ecoturístico y vivencial en torno al tema cabreros y capillas etc, etc. El tema caminos contaba alrededor de 120 kms de caminos ciclables (hoy sólo quedan 50).
En eso aparecieron en escena Cementos Lima y Portland, cada una a reclamar supuestos derechos sobre el área, contraídos en la prehistoria cuando se creía que el Perú era del primer postor y la ecología era una rama de la Física que se ocupaba de los ecos. Los herederos políticos de Poblet no supieron honrar su memoria y fueron fácilmente convencidos de que el dinero rápido y fácil, aunque poco sostenible, es mejor y finalmente el municipio pachacamino, propietario político, trianguló para convencer a los propietarios ancestrales, la comunidad de Cucuya, de Santo Domingo de los Olleros, de ceder sus terrenos y así fue como se instaló Cementos Lima.
Hoy día, conviven precariamente el ciclomontañismo y lo últimos pastores nómades con la actividad minera hasta que esta acabe definitivamente con Hatun Sisa, luego vendrán Lúcumo y Pacta. Mientras tanto, Cementos Lima se lava la cara auspiciando la restauración de una mínima fracción del monumento arqueológico y un muy mal llamado “santuario”, micro reserva que dizque protege a los amancaes de la extinción, obviando que esa extinción la provocan ellos mismos. Por último se las arreglaron para dividir a los ciclomontañistas habilitando un circuito de downhill y auspiciando competencias de esa especialidad no por casualidad la de mayor impacto ambiental- mientras se reduce ineluctablemente el espacio para los cultores del cross-country y el enduro. Otra amenaza galopante la constituye la creciente invasión de motos, cuatrimotos y 4×4s que no sólo usan, maltratándolos, los senderos originales sino que han convertido toda la extensión de las lomas en su campo de destructivos, calentadores y tóxicos juegos. Ojalá que el petróleo se acabe antes de que sea demasiado tarde.

Noviembre 17, 2008 a las 10:18 pm
muy mal
Junio 8, 2009 a las 1:03 am
es una huevada x k un profesr nos dejo tarea muxo
Julio 10, 2009 a las 3:45 pm
gracias por nombrar a mi padre…. que pena que tan temptrano le apagaropn su suenio de seguir protegiendo tan hermoso lugar….
Octubre 26, 2009 a las 10:11 pm
Es una ruta genial, tuve oportunidad de hacer el deporte y tomar buenas fotos!